17 de Diciembre de 2018
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Colección:
La Educación
Número: (118) II
Año: 1994

3. Nuestra población de lectores incluye a administradores de la educación. Tenemos también un grupo de lectores que son investigadores o profesores universitarios, con intereses académicos vinculados con la gestión de determinados proyectos importantes para los ministerios de educación. Por último, hay también un grupo muy importante de lectores dedicados al trabajo educativo a nivel de aula. Para nuestros lectores podría ser interesante alguna reflexión sobre lo que usted considera que debía hacerse en materia de transformación de la gerencia en el mundo propiamente educativo.
Creo que pueden plantearse algunas modestas sugerencias. En primer término, es muy importante romper los compartimientos estancos: esa tendencia a encerrarnos en nuestro propios mundos que existe no sólo en el mundo de los educadores, sino que se da también en el mundo de la administración, en el mundo de la salud, y así sucesivamente. Se trata de una tendencia conflictiva e incompatible con la complejidad del mundo moderno, en el que las cosas suceden de manera vinculada e interactiva.

Estamos en un mundo totalmente interdependiente y signado por la complejidad y la incertidumbre. En este panorama, es imprescindible que la educación busque integrarse con la salud, la nutrición, el empleo y la vivienda, en síntesis, con los diversos aspectos del desarrollo. En su conjunto, esa integración constituye la única forma de lograr un verdadero fortalecimiento de los sistemas educativos y de atacar las causas de la pobreza que ha explotado en nuestras sociedades y afecta a más del 50% de la población. Desde enfoques sectoriales, sólo estaremos actuando permanentemente en la superficie. Entonces, la primera recomendación es romper los “aislamientos sectoriales”.
Una segunda recomendación es formar amplias concertaciones sociales. La apertura de espacios democráticos es una gran conquista histórica de las últimas décadas en América Latina que posibilita que se puedan desarrollar estas concertaciones. Creo que ellas van a ser un instrumento fundamental para dar expresión a las necesidades de los sectores más desfavorecidos. En este marco las coaliciones basadas en la concertación, en la movilización social amplia, y en la búsqueda de fórmulas de trabajo conjunto entre los diferentes actores sociales son una gran posibilidad para impulsar el fortalecimiento de la educación en las escuelas, las empresas y las comunidades. El área de educación debería promover la formación de coaliciones sociales de este tipo.

Nuestras sociedades han sido hegemonizadas en los últimos años por enfoques economicistas reduccionistas en donde se ha descuidado la meta final, el desarrollo humano. La política social ha sido marginada por políticas económicas que han prestado escasa atención a sus impactos sociales. Como se ha descrito con frecuencia, hay en la realidad una política económica que deja permanentemente un caudal de “muertos y heridos” y el rol de política social se limita a la “ambulancia” que atenúa su sufrimiento sin lograr ir a las causas centrales de los problemas.

Hay una autocrítica importante que se está conformando en la actualidad. Siendo las metas de crecimiento económico, productividad, y competitividad imprescindibles no debe perderse de vista que su eficiencia final se mide por si producen eliminación de la pobreza y bienestar. La experiencia ha demostrado que puede haber crecimiento y al mismo tiempo empeorar la situación social, entre otras razones, porque América Latina tiene hoy la distribución del ingreso más desigual del mundo y eso hace que el crecimiento no fluya hacia abajo. Se necesitan políticas económicas y sociales integradas, una “socioeconomía” y grados de equidad mucho más razonables.
En tercer término, me parece que para una buena parte de los lectores que me describe es fundamental seguir avanzando en materia de investigación sobre los temas educativos en América Latina. Creo que hay importantes preguntas abiertas en estos temas, que son trascendentales y que aún están sin respuestas adecuadas, en términos de investigación. Por ejemplo, el tema de cómo participa la comunidad en la autogestión educativa, que vemos como una posibilidad muy significativa. Para avanzarlo en la práctica, es preciso llevar adelante experiencias piloto, y hacer evaluaciones sistemáticas de las mismas. El tema de como descentralizar la educación visto no como panacea, o como enfoque que lo resuelve todo, sino con las complejidades y las dificultades que implica, es otro tema central.

La experiencia comparada, especialmente europea, ha demostrado que la descentralización transcurre a veces por un camino con contradicciones muy importantes que, si no se tienen en cuenta, pueden desembocar en situaciones peores que las que pretende superar. La investigación educacional en esta materia puede dar un aporte fundamental en América Latina. Hay numerosos países que están realizando esfuerzos de descentralización. El soporte de investigación empírica sobre las dificultades que van a encontrar en el camino es mínimo y hay, por tanto, que reforzarlo. Como este, existen grandes campos de trabajo abiertos a la investigación.
Una última recomendación: hay que favorecer la generación de nuevas ideas en materia de educación. A fines de este milenio hay que reinventar en casi todos los campos. Reinventar en educación no significa una señal de retroceso sino, por el contrario, es una muestra de vitalidad, de interés en hacer frente a los desafíos de los nuevos tiempos. Se necesitan transformaciones de fondo en los paradigmas tradicionales en esta área, y para eso se requiere investigación y apoyar a los multiplicadores de nuevas ideas. Es preciso fortalecer núcleos estratégicos que puedan ser portadores de ideas renovadoras y preparar “formadores de formadores” en una medida creciente. Hay que transformar a los educadores en agentes de cambio social que estén a la vanguardia de la solución de los graves problemas por los que atraviesan nuestros pueblos.