23 de Enero de 2018
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Colección:
La Educación
Número: (118) II
Año: 1994

1. Dr. Kliksberg, uno de los temas que usted ha abordado con frecuencia es el de la emergencia de nuevos paradigmas tanto en el campo, lo que usted llama la gerencia social, como el de la transformación de la función del Estado en la sociedad. Sería interesante una reflexión de su parte sobre cuáles considera usted que serían los ejes claves que pudieran animar la participación de las organizaciones no gubernamentales, tanto en el planteamiento de nuevos paradigmas de gerencia como el de una nueva función del estado contemporáneo.
Creo que, como en cualquier otra área del conocimiento, existen varios momentos. Estamos en el momento de superar falsas antinomias, que nos han atrapado, y que nos han imposibilitado pensar creativamente. Una falsa antinomia, central en mi opinión, es la oposición de estado versus sociedad civil. Se trata de antinomia que ha circulado profusamente por América Latina, y cuya idea básica suele ser que uno de los dos actores (y el énfasis se ha puesto en la última década) en el Estado debe ser excluído para que la sociedad funcione mejor.
Esta “trampa lógica” ha sido superada en los hechos. Los modelos más exitosos de la sociedad contemporánea son aquellos que han tratado de lograr el trabajo conjunto de estado y sociedad civil. La experiencia internacional al respecto es clara y consistente: no tiene sentido seguir “atrapados” en este debate estéril cuando los hechos indican que las sociedades con mayores logros en términos de calidad de vida de su población son aquellas que han complementado, al máximo, las posibilidades de una acción estatal inteligente con un fortalecimiento real de la sociedad civil.
Desenredada esta antinomia, queda por delante, frente a los graves problemas de retroceso social y explosión de la pobreza que sacuden a América Latina, el campo de la creatividad social. Yo lo identificaría como un campo de “ingeniería social”, en el que debe enfrentarse el desafío de armar “nuevos modelos” de trabajo conjunto entre estado y sociedad civil.

Nos podemos apoyar, como punto de referencia, en la experiencia mundial. En el Informe sobre Desarrollo Humano 1993, el Programa de Desarrollo para las Naciones Unidas (PNUD) revisa el impacto de todas las organizaciones no gubernamentales juntas, y demuestra que este alcanza a un porcentaje muy pequeño de la población marginada.

Estas organizaciones son un actor muy importante y hay que potenciarlo, pero solas no pueden trabajar. Necesitan al Estado, al que, por otra parte, hay que reposicionar y revitalizar en sus aspectos positivos y tratar de frenar y revertir en los negativos, como la burocracia y la rigidez.

Un tercer actor fundamental son las comunidades de base. Es decir, las comunidades a las que queremos asistir. La riqueza potencial de esas comunidades para dar aportes, en un proceso en el que participen de manera activa y autogestionaria, todavía no ha sido explorada seriamente en América Latina. Sin embargo, las reducidas experiencias llevadas a cabo han demostrado que hay posibilidades ilimitadas en este campo.

Lo que han hecho las madres en el Perú, que tomaron a su cargo la distribución de la leche en Lima, y se organizaron en forma autónoma para hacerlo; o lo que han hecho las “madres cuidadoras” en Colombia y en Venezuela en la atención de los infantes de familias pobres, son ejemplos que nos dan una idea, sólo aproximada, de la capacidad enorme que hay en las comunidades de base.
Por otra parte, las comunidades de base solas tampoco resolverán el problema porque les faltará apoyo global e institucional, así como las condiciones que necesitan para que sus experiencias no se conviertan en islotes, y finalmente se asfixien.

Entonces, se trata de combinar en un juego integrado al estado, que tiene funciones estratégicas en el área social y en todo lo atinente a la equidad, las organizaciones no gubernamentales, las comunidades de base, y otros actores sociales fundamentales como empresarios, sindicatos, universidades, iglesias, etc. La cuestión es armar “redes” con todas estas organizaciones y reemplazar el viejo supuesto del Estado sólo por una trama muy rica, que trabaje articuladamente, y que utilice nuevos paradigmas gerenciales.