23 de Enero de 2018
Portal Educativo de las Américas
  Idioma:
 Imprima esta Página  Envie esta Página por Correo  Califique esta Página  Agregar a mis Contenidos  Página Principal 
¿Nuevo Usuario? - ¿Olvidó su Clave? - Usuario Registrado:     

Búsqueda



Colección:
La Educación
Número: (118) II
Año: 1994

Retos y potencialidades de la educación japonesa

En busca de la creatividad y la imaginación

La educación japonesa ha sido siempre criticada por su tendencia a crear ciudadanos disciplinados y homogéneos, ideales para la producción industrial, pero carentes de imaginación y capacidad para producir innovación. De hecho, es frecuente escuchar las preocupaciones de los mismos japoneses sobre si su nación estará en capaciadad de producir la ciencia básica que hasta ahora ha venido importando y que se torna progresivamente más necesaria para su desarrollo dentro del contexto de cambio de paradigma tecnológico al que hemos hecho referencia. Hay quienes ven el limitado número de premios Nobel como un indicador de falta de creatividad e imaginación.

En efecto, ante el cambio de paradigma tecnológico, el Japón se enfrenta a la necesidad de desarrollar actitudes y destrezas ya no para el logro manufacturero, sino para una industria que exige creatividad y capacidad innovadora, cualidades éstas que el sistema no se ha distinguido por generar. En contraposición a la homogeneidad tradicional, el Japón se enfrenta al difícil reto de producir la heterogeneidad requerida para la innovación, pero dentro del contexto cultural que valoriza el esfuerzo y la disciplina.

La respuesta del Japón no se ha hecho esperar. La reforma educativa de 1987 incluye ya algunas innovaciones. A partir de ese momento se enfatiza aún más la educación como sistema permanente, se empieza a dar mayor importancia al desarrollo de la personalidad, se toman medidas para adaptarse a los procesos internacionales de globalización dentro del marco de la era informática, incluyendo ciertas modificaciones al sistema de formación de docentes para incluir, como conferenciantes, a profesionales vinculados al mundo de los negocios.

Las ciencias adquieren gran trascendencia dentro del sistema educativo. Además de la importancia que tradicionalmente se les había conferido a las materias básicas, ahora la educación se centra en forma aún más intensa alrededor de las matemáticas y las ciencias, a las que se les dedica el veinticinco por ciento del tiempo escolar. Todavía más, la educación científica adquiere un giro nuevo. No contentos con la enseñanza de la ciencia en forma dinámica y concreta, el currículum de ciencias se aleja ahora de la ciencia básica y toma un giro mayor hacia la ciencia aplicada ya desde la educación primaria. Se pretende generar estudiantes que hagan preguntas, que formulen hipótesis independientes, que estén en capacidad de buscar giros creativos a sus observaciones. Se trata de un aprendizaje científico basado en la tecnología que busca el contacto con las aplicaciones antes que con los conceptos abstractos. Las nuevas reformas amenazan el antiguo culto a la obediencia.

Reflexiones Finales

Encontramos en la educación japonesa reciente un énfasis en el diálogo, en la importancia de la pregunta sobre la respuesta, en el énfasis en el proceso más que en el producto. Lo que es más, la más reciente reforma educativa en el campo de la enseñanza de las ciencias enfatiza no sólo la importancia de la manipulación científica, del hacer ciencia más que hablar de ciencia—lo que los norteamericanos han llamado el “hands-on approach”—que encuentra su expresión más reciente en los museos científicos para niños.

La otra tendencia reciente es la valorización del papel del aprendiz dentro del bien llamado proceso de “aprendizaje”. Este elemento característico de la enseñanza medieval, particularmente en lo relativo al aprendizaje de los oficios, ha sido altamente valorizado por la literatura reciente (Gardner 1991).

Michael Porter ha afirmado con razón que en el marco de la globalización de la competencia, la nacionalidad de las empresas parece tener cada vez menos importancia. Paradójicamente, sin embargo, la nación de origen adquiere una enorme importancia, pues es la fuente de destrezas y tecnologías que están en la base de la ventaja competitiva (19). Los japoneses parecen haber aprendido bien esta lección. Una vez más en su historia, dan muestras de flexibilidad y capaciadad de adaptación. Con visión de futuro, el Japón prepara a sus nuevas generaciones en el aprendizaje de idiomas extranjeros que les permitan adaptarse a las exigencias de la globalización de la economía. Pero trata también de crear nuevas características en su población.

Con una de las poblaciones mejor alfabetizadas del mundo, con una de las fuerzas laborales más competentes en el área tecnológica, en medio de una transformación productiva y tecnológica de gran alcance y con una de las tasas de desempleo más bajas del mundo industrializado, el Japón parece estar preparándose para convertirse en una de las potencias mundiales más grandes de la historia. Paradójicamente, en el clímax del éxito no hay consenso entre los especialistas sobre si la estructura cultural y educativa del país está en condiciones de hacer frente a las exigencias de su nuevo modelo de desarrollo. Hay quienes creen que las cualidades que garantizaron su éxito hasta ahora (la homogeneidad, la disciplina, la solidaridad, su sistema de empleo de por vida y la formación en la empresa, por enunciar algunas) no son las mismas que se requieren para los retos del presente. Sin embargo, la reconocida capacidad de los japoneses de convertir en ventajas sus desventajas comparativas y las medidas correctivas que ya han empezado a introducir en el sistema parecerían indicar que están a las puertas de otro esfuerzo de ingeniería social. El futuro nos mostrará si el cambio cualitativo que al parecer le exige al Japón su cambio de paradigma productivo y el nuevo contexto internacional, será una realidad efectiva.

Es claro que el fenómeno japonés es único y que su transformación es consustancial a su cultura. Pero hay varias enseñanzas que se derivan de él y que para los efectos del desarrollo de nuestros países latinoamericanos y occidentales en general podemos retener sin temor a equivocarnos.

En primer lugar, la estrategia de desarrollo japonesa surge a partir del autoconocimiento de las fortalezas y limitaciones del país en un contexto histórico determinado. En segundo lugar, hay en los líderes una clarísima visión nacional que supieron adaptar a las circunstancias cambiantes de la situación nacional particular y del entorno internacional. El compromiso político, la voluntad de desarrollo no cesa, no es afectada por los fuertes cambios históricos y socioeconómicos sino que evoluciona en el tiempo y se adapta a los requerimientos. Esta visión de largo plazo se sostiene porque se cultiva en la población japonesa, de manera consciente, la adhesión a los valores del país y del proceso de cambio. La educación dentro de este contexto no es vista en forma instrumental. Es un elemento dinamizador fundamental que permea tanto el ámbito de las destrezas laborales como la conformación de una conciencia nacional receptiva y propicia a la implantación de cierto modelo de desarrollo. De allí se derivan la ética de trabajo, el entusiasmo y la fe en el poder movilizador de la escolaridad y de la educación en el más amplio sentido. Porque en el Japón, posiblemente más que en cualquier otra cultura, la educación es tarea permanente y responsabilidad de todos.