23 de Enero de 2018
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Colección:
La Educación
Número: (118) II
Año: 1994

El papel de la educación en el proceso de transformación productiva

El Japón contemporáneo tiene una de las poblaciones más educadas del mundo actual, tanto en términos cuantitativos como cualitativos. La ilustración No. 1 revela el alto porcentaje de estudiantes que se gradúan del colegio y el número tan grande que ingresa en la universidad. La comparación de la educación japonesa con la de otras naciones refleja que los estudiantes japoneses asisten a las instituciones educativas más horas al día y más días al año. Si se compara la educación japonesa con la norteamericana, por ejemplo, se encuentra que los niños japoneses reciben 50 días más de instrucción por año que los niños estadounidenses. Según afirma Rohlen, al finalizar la enseñanza secundaria, los japoneses han recibido entre tres y cuatro años más de instrucción que los estadounidenses (en Okimoto y Rohlen, Inside the Japanese System, 1988, 25).

La importancia que el Japón le confiere a la educación como elemento promotor de desarrollo y productividad es tal, que una reciente propuesta de reforma para modificar el calendario escolar, con el fin de dar a los alumnos un sábado libre al mes, se ha convertido en una controversia nacional. A pesar de los logros alcanzados en las últimas décadas y de las preocupaciones alrededor del mejoramiento de la calidad de vida de sus ciudadanos, muchos son los que piensan que dicha reforma conducirá al aflojamiento de la trama educativa nacional y a la pérdida de la competitividad industrial y académica del país. Según informa Andrew Pollack en el New York Times, Miyuki Ohashi, sociólogo de la Universidad Nihon, considera que tal medida sólo puede ser explicada como parte de un complot tendiente a debilitar el poderío económico del Japón al atacar su más importante fortaleza, la educación (Vol. CXU, No. 49,086, 11 de setiembre, 1992, A-1).

¿Cómo se explica este fenómeno, particularmente a la luz de las difíciles luchas de los países latinoamericanos por mejorar su educación e incrementar el tiempo lectivo? ¿De dónde surgen las profundas raíces que sostienen el sistema educativo japonés?

La educación en el contexto de la cultura

La respuesta a las preguntas anteriores sólo puede plantearse ubicando el tema de la educación en el contexto de la cultura. Aunque el Japón haya hecho importantes inversiones en educación a lo largo del último siglo, y particularmente en las últimas décadas, lo cierto es que el compromiso con la educación se remonta a muchos siglos atrás y es un fenómeno que desborda lo que conocemos como sistema educativo. De hecho, algunos japoneses jocosamente afirman que los logros que ha alcanzado su país están allí a pesar de la existencia del Ministerio de Educación y no en razón de su acción. Quizá la clave que encierra esta afirmación está en que para los japoneses la educación existe en el contexto de la cultura, como un fenómeno permanente y polifacético al que contribuyen la familia, la escuela, la empresa y el estado en su conjunto. Según hemos referido, la educación se inserta en el contexto de una visión nacional y de un conjunto de valores homogéneos y sólidos.

Educación e ingeniería social: Una ética nacional planificada

Las profundas raíces histórico-culturales no condujeron a esperar que todo se diera automáticamente, más bien provocaron un movimiento que conformara esa tradición. Existen pocos casos de países en los que una nación asume conjuntamente, como previsión para impulsar un proceso de desarrollo socio-económico, la articulación de una visión nacional de desarrollo y la gestión consciente de las actitudes ciudadanas y productivas necesarias para hacerla una realidad. En este sentido, el caso del Japón es insólito y, visto en restrospectiva, bien podría ser considerado como un caso exitoso de ingeniería social.

Algunos factores culturales de esta sociedad altamente jerarquizada contribuyeron a forjar la ética de trabajo que el país requería para el proceso de modernización. Entre ellos podemos citar la lealtad a los intereses de la patria, la solidaridad con el grupo al que se pertenece y la valorización de la calidad y la excelencia individual. Pero conviene destacar la conciencia clara que tuvieron los líderes japoneses de finales del Siglo XIX de profundizar en su nación estos rasgos y de articularlos con fines cívicos como una ética de trabajo. Campañas educativas de naturaleza cívica y moral contribuyeron a la creación de un espíritu nacional favorable al cambio. La conformación de esta visión nacional y su implantación en la conciencia nacional constituye una de las grandes hazañas educativas del Japón a lo largo del último siglo.

El estímulo al ahorro, que fue determinante durante la posguerra, y el compromiso con la calidad, que era necesario para el mejoramiento de sus productos y que fue imprescindible para su éxito industrial en el contexto internacional, son ejemplos de dos logros que fueron posibles gracias a este sustrato de valores y actitudes. La adhesión al destino colectivo y la comprensión del papel singular que en el éxito común juegan el aporte del conocimiento, la experiencia y el trabajo de cada miembro individual contribuyeron a estos logros.

Valorización de la educación y el conocimiento en la sociedad

Uno de los aspectos más importantes en el desarrollo de la educación japonesa ha sido el alto grado de valoración que dentro de la cultura y la sociedad se da a la educación y al conocimiento. No es este un hecho reciente. Ni siquiera podría relacionarse con la formación del Estado Meiji. Se trata más bien de un rasgo profundo que se enmarca dentro de la tradición confuciana.

Es importante destacar que el respeto a la educación y al conocimiento no es un rasgo exclusivo de la cultura japonesa, sino que se extiente a las culturas asiáticas. Este es uno de los factores que también se encuentran en la base de los desarrollos recientes de los sistemas educativos y económicos de Taiwán, China y Corea. Como ha señalado Harold Stevenson, quien ha hecho investigación para desentrañar las causas de la alta motivación académica de los estudiantes asiáticos, la importancia de la educación dentro de estas culturas puede verse plenamente cuando se contrastan los deseos de los niños asiáticos con los de los estadounidenses. Ante una situación hipotética, al preguntarle a un niño asiático: “¿Qué desearías si un mago pudiera realizarte cualquier deseo?” Alrededor de un 70 por ciento de los niños asiáticos canalizan sus deseos hacia el ámbito de la educación. Ante la misma pregunta, los niños norteamericanos prefieren el dinero y los objetos materiales. Tan sólo un 10 por ciento de los niños americanos asocian sus deseos con la educación (Scientific American, 1992, pp. 72-73).

Es importante agregar, por otra parte, que en los pueblos asiáticos la importancia que se da a la educación se ve reforzada por el hecho de que dentro del contexto confuciano se considera que el esfuerzo es la clave del logro. Montaner, el conocido analista de origen cubano, señaló hace unos años su preocupación por la falta de valores educativos e intelectuales de las poblaciones latinas, particularmente las que residen en Estados Unidos. Al intentar buscar las causas de los pocos latinos que alcanzan posiciones importantes en el mundo empresarial e intelectual de la gran nación del Norte, Montaner señala el problema de la falta de valores intelectuales y culturales en las familias de inmigrantes latinos. Los latinos parecen valorar más los bienes de consumo, mientras que los inmigrantes asiáticos reciben en sus hogares valores relacionados con el intelecto, la educación y la cultura.

Es mucho lo que en años recientes se ha hablado de la madre japonesa, y en general de la importancia que la madre asiática da a la educación de sus hijos. Sin embargo, la dedicación de la madre asiática a la tarea de impulsar el éxito académico de sus hijos responde a esa motivación cultural profunda que se manifiesta en la aspiración a la mejor educación y a la competitividad que ella genera, incluyendo el tiempo que se dedica al estudio fuera del ámbito escolar y a los esfuerzos por aprobar los exámenes de ingreso a ciertas instituciones particularmente prestigiosas por su exigencia y la calidad de sus graduados.

Altos niveles de exigencia académica y competitividad

La sociedad japonesa ha sido tradicionalmente una sociedad altamente jerarquizada. En el Japón existe también una jerarquización de las instituciones educativas en función del prestigio institucional, que se basa en la calidad de la docencia y en la exigencia académica. Esta situación ha conducido a un alto grado de competitividad en todos los niveles del sistema educativo, particularmente en la educación superior.

El componente de competitividad y exigencia académica, sin embargo, ha sido frecuentemente criticado como uno de los componentes más negativos de la educación japonesa. Es usual encontrar en la literatura referencias al alto grado de suicidio de niños y jóvenes que parece estar asociado al estrés académico, al que también parecería que se relacionan la violencia escolar y el incremento reciente de los que abandonan el sistema formal de enseñanza. De hecho, hay quienes dicen que la reforma educativa de 1987 pretendió aliviar algunos de los problemas generados por este sistema jerarquizado y competitivo de educación, dentro del cual el destino laboral y el éxito profesional futuro quedan ominosamente definidos en los estadios más tempranos de la educación, dado que dependen de una cadena de admisiones a las escuelas, colegios y universidades adecuadas.

Sin embargo y a pesar de esas conocidas críticas, algunos autores recientemente afirman que estas observaciones corresponden más a un estereotipo ampliamente divulgado que a las realidades escolares del Japón. Stevenson, por ejemplo, afirma que no es cierto que los altos niveles de rendimiento académico en las escuelas asiáticas sean el resultado de memorizaciones y ejercicios de repetición por parte de jóvenes tensos y sobrecargados. Esta noción parece originarse más bien en los estereotipos populares que en la realidad, afirma. Las investigaciones de Stevenson revelan más bien que los niños asiáticos se sienten motivados para aprender y que los procesos de enseñanza son interesantes y efectivos (70).

Algunos de los aspectos relativos a las características cualitativas de los procesos de aprendizaje escolar los abordaremos más adelante. Lo aquí apuntado demuestra la fuerza del componente cultural como variable positiva dentro del contexto del aprendizaje, aún del aprendizaje en un marco prioritariamente competitivo. La competitividad, por lo demás, según afirman muchos japoneses, no se da en el aula, lugar en el que predominan los valores de solidaridad e interdependencia, sino hacia afuera, en la lucha por alcanzar las oportunidades que ofrecen las instituciones superiores para obtener una educación que garantice mejores posiciones sociales y laborales.