19 de Julio de 2018
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Colección:
La Educación
Número: (118) II
Año: 1994

El ambiente de enseñanza-aprendizaje y la formación del docente

Aprendizaje en un contexto de colaboración

Tanto en el ámbito de la empresa, como en el ámbito de la educación formal, existe un tipo de interacción cognoscitiva que estimula la colaboración y la socialización de los aspectos vinculados al aprendizaje. Esta situación, que ha sido uno de los rasgos más importantes de la educación japonesa, empieza a ser considerada como una de las estrategias de aprendizaje de mayor potencialidad hoy en día. De hecho, la literatura reciente sobre metodología de aprendizaje destaca el valor inmenso de este elemento.

Como reflejan muchos estudios recientes, existe en la educación japonesa un componente de estímulo a la actitud solidaria y de colaboración que tiene su origen en raíces de tipo cultural. La organización del aprendizaje no sólo estimula procesos cognoscitivos socializados (Hatano e Inagaki 1991), sino que fomenta la capacidad de trabajar productivamente en equipo por medio de la complementariedad del conocimiento y las habilidades para la resolución de problemas específicos. Este modelo de aprendizaje y de trabajo ha tenido la mayor importancia en las empresas japonesas, tanto en lo relativo a los procesos de aprendizaje asociados con la ingeniería reversa como en la gestión de mejoras cualitativas y de innovación.

Énfasis en las materias básicas

La educación japonesa ha sido sumamente rigurosa en el estudio de las materias básicas y ha estado orientada a garantizar un mínimo de educación homogéneo, con particular énfasis en la lectura y la escritura. Puede decirse que la educación japonesa garantiza una alfabetización efectiva y profunda. Es conocido, por ejemplo, el énfasis que se le presta al dominio de la escritura y la práctica constante que tienen los japoneses tanto dentro del ámbito de la escuela como en sus puestos de trabajo, donde, como se ha dicho, sistematizan su experiencia y conocimiento por medio de manuales que preparan ellos mismos.

La metodología de trabajo suele ser muy rigurosa y exigente. No hay, como en Occidente, mucho campo para la libertad de escoger las materias que se estudian. Se parte del principio de que todos los alumnos deben rendir por igual y que para ese efecto deben comprometer su esfuerzo. Un objetivo adicional de la educación japonesa ha sido el estimular en el estudiante cierto grado de autonomía en el estudio, de manera que pueda asumir progresivamente su proceso de formación.

Formación de docentes y organización de la carrera profesional

En el Japón, los educadores reciben una educación universitaria de cuatro años. Al concluir su formación, el educador obtiene un título; pero este no lo faculta para trabajar directamente en el sistema educativo. Para poder obtener un trabajo como educador debe presentar los exámenes requeridos para tal efecto por el cantón en el que pretende trabajar. Tiene además que cumplir con un período de tres meses de prueba.

La formación del educador, al igual que el del profesional de otras especialidades, incluye una parte teórica y una parte de aprendizaje en servicio que debe adquirir en el contexto del puesto de trabajo. Una de las características más importantes de la formación y entrenamiento de los educadores japoneses está en la solidaridad que existe entre los docentes, las formas en que se ayudan a superar sus limitaciones y a resolver problemas particulares que la docencia presenta.

De hecho, dentro del sistema educativo japonés, la retroalimentación de los colegas para el mejoramiento de la calidad del trabajo del maestro o profesor se ha institucionalizado en la clase que anualmente debe dar frente al director de su institución y sus colegas que enseñan el mismo grado o la misma materia. La asistencia de los colegas a su clase es seguida por una sesión de análisis y recomendaciones que se le hacen al profesor observado.

Por otra parte, cada grado y cada materia cuentan con un profesor que actúa como coordinador. Este docente es seleccionado por el director por la forma en que se destaca en su trabajo profesional, y recibe un salario complementario por esa función. Estos coordinadores, a su vez, participan periódicamente en congresos y seminarios que se celebran a nivel cantonal durante los períodos de vacaciones. Al regresar a sus respectivas instituciones, estos coordinadores tienen la responsabilidad de trasmitir a los otros docentes de la escuela los conocimientos adquiridos durante la actividad.

Una de las características más interesantes de la labor del educador japonés es que, a pesar de que el día escolar es más bien largo, el docente tiene períodos libres para la planificación de su labor y el intercambio profesional con sus colegas, algo que ciertamente no suele ser la norma en las escuelas occidentales. Según ha documentado Stevenson, los profesores asiáticos incorporan en su labor una gran variedad de estrategias de trabajo y utilizan más la discusión interactiva que la clase magistral.

En las escuelas asiáticas, observa Stevenson, la enseñanza es más un hecho grupal o colectivo. Dado que en el Japón existe un currículum nacional, los docentes se apoyan unos a otros en la búsqueda de las mejores estrategias y materiales para enseñarlo.

Organización de la vida escolar

El día escolar en el Japón es largo. Los estudiantes estudian un promedio de 6 a ocho horas diarias, incluyendo los días sábados en que asisten a la escuela durante medio día. Sin embargo, es importante destacar que, aunque la jornada escolar parece larga, existen dentro de ella amplios períodos de recreo y entretenimiento que favorecen la socialización con otros niños y la concentración durante las lecciones propiamente dichas. Después de clases es normal que un estudiante dedique entre dos y tres horas extra de estudio en casa. No es extraño, además, que en los períodos de exámenes de admisión los estudiantes reciban cursos preparatorios complementarios hasta en domingo. Además, en el Japón el curso lectivo es más extenso que en la mayoría de los países.

Uno de los aspectos más característicos de la vida escolar japonesa son las vacaciones. Estas no están organizadas como en nuestros países, en dos perídos, uno de tres meses y el otro de tres semanas. En el Japón existen tres períodos de vacaciones oficiales: un mes en agosto, dos semanas durante el fin de año y dos semanas en marzo. Durante las vacaciones se realizan además seminarios y congresos cantonales para educadores, a los que asisten representantes de cada plantel escolar.