26 de Abril de 2018
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Colección:
La Educación
Número: (118) II
Año: 1994

Palabras de la Dra. Berta Perelstein de Braslavsky

Con toda mi gratitud recibo el Premio Interamericano de Educación Andrés Bello otorgado por la OEA en el año 1993. Agradezco a la OEA por la significación de este premio como estímulo para los educadores de nuestros países; al Jurado que apreció con tanta generosidad los datos de mi biografía profesional y académica; a la Universidad de Buenos Aires y las organizaciones que la acompañaron en mi nominación; a la escuela argentina y la Universidad que me formó; a las personalidades que en mi país y en el extranjero ampliaron mi formación; a todos cuantos me acompañaron para analizar, investigar, ensayar en la realidad de la escuela; a los maestros que me apoyaron y me enseñaron en las aulas. Agradezco entrañablemente a mi familia, a mis amigas y amigos.

Debo entender que éste es el premio a una trayectoria que quizás tipifica a la de muchos de los hijos de nuestras jóvenes naciones de América Latina quienes, como Sarmiento, creyeron en la educación como un factor fundante más que concurrente y en el poder de la instrucción pública con esperanzas que se vieron menos defraudadas en los países que más y mejor atención le prestaron al sistema de educación formal. Ante los cambios educacionales que requieren las transformaciones estructurales de la sociedad en nuestro tiempo, es obvio mencionar aquí a la grave dolencia del analfabetismo que, en sus variadas manifestaciones, aún aqueja a gran parte del Hemisferio.

Destaco por eso el párrafo que en el dictamen se refiere a mi participación en “la innovación de los métodos de lectura y escritura en la mayoría de los países de América Latina” porque me incluyo entre quienes se empeñan en lograr que la escuela cumpla con la función principal que le cabe en la alfabetización, cuyos problemas aún no ha podido resolver, después de largas experiencias. Problemas que se hacen cada vez más difíciles ante las demandas de la que ahora se califica como “alfabetización avanzada”, porque debe posibilitar el procesamiento de la información en textos cada vez más complejos en especial cuando tratan los contenidos científicos y las instrucciones tecnológicas.

Se sabe que la escuela, sobre todo en algunas áreas y regiones de nuestros países se enfrenta con la heterogeneidad de la población que recibe en el punto de partida. Nuestro compromiso consiste en lograr una distribución igualitaria del conocimiento para aproximarnos a los resultados que idealmente se esperan de la escuela democrática, a partir de una alfabetización avanzada que se extienda a todos, para disipar cualquier amenaza de indeseables exclusiones. Ese compromiso incluye la necesidad de producir cambios en la escuela y en la enseñanza y, en particular, en la enseñanza de la lengua oral y escrita. No serán ajenos a esos cambios, en mi país, quienes están influidos e inspirados por los fervorosos “bellistas” que expandieron la Gramática de Andrés Bello recibida a través de los egresados de la venerable Escuela Normal de Paraná. En homenaje a este glorioso americanista, político, lingüista, cuyo nombre honra al Premio que recibo, reitero mi gratitud y comprometo mi futuro.