20 de Abril de 2018
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Colección:
La Educación
Número: (117) I
Año: 1994

Reseña-Ensayo/ Book Review-Essay

Ester GIMBERNAT GONZÁLEZ. Aventuras del desacuerdo. Novelistas argentinas de los 80. Buenos Aires: Danilo Albero Vergara, 1992. 340p., índice, introducción, bibliografía.

Este libro estudia una serie de obras narrativas (novelas y excepcionalmente algunos cuentos) publicados en Argentina durante una década (1980-1990) y escritas por mujeres. El enfoque es feminista: lo hace ya suponer la selección de obras en función del género o sexo de su autoría; lo confirma el hilo conductor del estudio, centrado en los rasgos más o menos subversivos del discurso femenino en autoras y personajes mujeres frente al discurso hegemónico del sistema patriarcal, sobre todo intensificado por un régimen autoritario represivo como lo fue el del Proceso en Argentina entre 1976 y 1983.

El contenido del libro se encuentra organizado en tres partes: la primera, “Versiones íntimas de la Historia”, agrupa novelas que de alguna manera se proponen una relectura subversiva de la historia oficial. La segunda parte, “De la simultaneidad paradójica: viajes y voces”, enfoca las reacciones y actitudes, incluyendo el comportamiento verbal, de la mujer, ya sea como personaje o bien en su escritura como autora, frente al entorno en que vive, o mejor dicho del que es excluida; el rechazo hacia ese ámbito se presenta en las novelas aquí tratadas, en el nivel del argumento, como búsqueda de otro mundo, en viajes de la protagonista por el espacio geográfico o bien hacia el espacio interior. La tercera parte, “Versiones del extrañamiento y la marginalidad”, considera la exclusión, voluntaria o impuesta, de la mujer con respeto al sistema patriarcal; esa exclusión puede manifestarse, según las novelas, en el problema de su integración, o desintegración, social, o bien en el proceso de la toma de conciencia de su identidad, de su propio cuerpo y de su sexualidad. El último apartado de esta tercera parte alude especialmente a un peculiar decir implícito, ya sea en el nivel del comportamiento de personajes o en el de las técnicas narrativas, como síntoma de rebeldía contra los códigos sociales establecidos.

Cada una de estas tres partes tiene subdivisiones marcadas con letras, mayúsculas y minúsculas, y con números; así tenemos, por ejemplo, en la tercera parte, una sección 3a1A: al encontrar en el transcurso de la lectura, A (con un subtítulo) el lector debe recordar en este caso la subordinación a 1, y su vez la de 1 a a, y a su vez finalmente a 3. Este sistema de clasificación resulta farragoso y hasta caótico. Contribuyen a la confusión expresiones de la autora como la siguiente: “en la tercera y última parte de esta primera parte” (27). Por otro lado, los títulos de cada apartado tampoco ayudan a jerarquizar ni a distinguir algunos criterios de organización; por ejemplo, “Discurso a las escondidas” de 3b1 parece suponerse parcialmente con 3a2, titulada “La fragmentaria domesticidad del discurso”, donde el comentario de una de las novelas (Jugando a las casitas de S. Plager)  lleva como subtítulo “A las escondidas”. Y éste es uno de los muchos ejemplos que puedo citar.   Admito sin embargo que quizá, en el  lugar de  un  criterio dialéctico  de oposiciones, domina en esta organización un criterio de circularidad envolvente que permite reiteraciones y superposiciones.

Como ya he dicho, la idea que sirve de hilo conductor es un axioma general en la teoría femenista: el género femenino se halla marginado dentro del sistema patriarcal; esa marginación debe de hacerse, según Gimbernat Gonalez, más evidente en un régimen autoritario represivo, y toma entonces la producción literaria de mujeres durante la década del 80, época que corresponde, aunque parcialmente, al período del Proceso (1976-1983) en Argentina. Intenta ver cómo responde la escritura femenina (no siempre necesariamente feminista) ante ese régimen represivo, “con la esperanza de que en ellos (los discursos de mujeres en contrapunto con el discurso oficial) aflore el inconsciente de un período y el despertar de una posible autodeterminación que la escritura desde ese ámbito les haya concedido” (19-20). Ni ese inconsciente ni esa autodeterminación aparecen luego como esperanza cumplida.

La convergencia entre lo literario y lo político plantea un campo de estudio de gran interés. Sin embargo, hay que tener en cuenta que casi todas las obras aquí estudiadas han sido publicadas, y quizá escritas, a partir de 1983, no durante el Proceso sino en el período inmediatamente posterior, cuando “responder” al régimen represivo se había convertido en el discurso hegemónico. De todos modos aceptamos como lectores las premisas de la autora: vamos a suponer que las obras consideradas en este libro constituyen respuestas válidas a un régimen patriarcal exacerbado en su autoritarismo represivo, aún cuando hayan sido formuladas después de haber caducado ese régimen.

El estudio que el libro dedica a cada obra sigue por lo general una técnica de crítica deconstructiva, aunque generalmente aplicada en el nivel tradicional del argumento. Gimbernat González presta además especial atención a los juegos de intertextualidad (sobre todo en las novelas que presentan una re-lectura de la historia); al uso de diferentes géneros discursivos extraliterarios (crónica, documentos de archivo, chisme) y literarios (melodrama, novela histórica, telenovela); al contrapunto de las varias voces que aparecen en la narración y a la crisis de diálogo (el título del apartado 2b2 es precisamente “El diálogo en crisis”).

En todos estos puntos la autora deja ver su familiaridad con las corrientes y temas de la actual crítica literaria. Por otra parte, sus citas y alusiones a conceptos y términos como “paradigma” (Kuhn), “dialogismo” y “heteroglosia” (Bajtín), al problema de la presuposición (Eco, Ducrot) o a las teorías sobre el caos y el orden (Michel Serres, y la recopilación de N.K. Hayles) o a la diferencia entre el “decir” y lo “dicho” (Levinas), etc., atestiguan el amplio marco teórico en el que se inscriben los comentarios de G.G. sobre la serie de novelas que ha seleccionado y señalan el alto nivel en que sitúa sus planteamientos. Por supuesto, el principal marco de referencia está provisto y previsto en una amplia bibliografía sobre feminismo.

Sin embargo, podrían formularse dos objeciones de cierto peso en cuanto al funcionamiento de estos calificados aparatos e instrumentos críticos. Una objeción se refiere a que algunas observaciones o planteos que impresionan por lo promisorios y por la remisión a fuentes de reconocida autoridad, no llegan a concretarse o a demostrarse en el curso de análisis de las novelas. Por ejemplo, Gimbernat González habla del melodrama y lo caracteriza por una fórmula cuya “secuencia canónica” se ve “cumplida o alterada”, pero “no se aparta del modelo establecido” (p.55); se refiere entonces a la novela de Ada Donato Cómo se amaron Salvador y la Celeste (apartado 1b: “El melodrama de la historia”), “novela cuyos mecanismos más obvios responden a la fórmula de la telenovela (género melodramático), de la que toma elementos básicos para elaborar una reversión tanto paradigmática como sintagmática” (55-56). Nunca se llega a dilucidar en el análisis y comentario ni cuál es la “secuencia canónica”, ni cómo se ve cumplida o alterada esa secuencia en esta novela, ni cuáles son las reversiones sintagmáticas ni paradigmáticas; y en cuanto al uso que Gimbernat González hace del concepto de “paradigma”, ya en p.18 ha remitido a Kuhn (sin entrada bibliográfica); en p. 55 aclara que “los términos (‘secuencias paradigmáticas y sintagmáticas’) provienen de los previamente estipulados y propuestos por Claude Lévi-Strauss” (que tampoco aparece en la bibliografía); por otra parte, siempre en su análisis de la misma novela de Donato, Gimbernat González observa que “la palabra de Salvador (uno de los personajes) es el paradigma de los imposible” (57), donde el uso de “paradigma” no responde ni al de Kuhn ni al de Lévi-Strauss. Ejemplos como éste ocurren con frecuencia en este libro: el uso de un término no queda explicado sino por alusión a una fuente que se supone que el lector debe conocer y sobre todo adivinar en qué sentido lo interpreta la autora; en este caso particular, se termina usándolo en un sentido que no necesita de ninguna referencia a Kuhn ni a Lévi-Strauss.

La segunda objeción en cierto modo corolario de la primera: se proponen como instrumentos críticos conceptos que luego no intervienen en el análisis, ni operan de manera tal que sirvan para modular o enriquecer la idea que sirve de punto de partida y también de llegada: el axioma feminista sobre la subversión en el discurso femenino.

En cuanto a la edición en sí, llama la atención en un libro impreso en Buenos Aires la gran cantidad de errores, algunos tipográficos pero otros que pueden llegar a ser ortográficos, por ej. “tabula raza” por “tabula rasa” (163), para no citar sino uno entre muchos otros por el estilo. En resumen, Aventuras... es un estudio donde la autora aspira a un alto nivel crítico. Lo positivo de este libro consiste por un lado en el intento de apertura del campo literario a las relaciones con otros campos; por otro lado más práctico su interés reside en hacer conocer una serie de novelas actuales escritas por mujeres argentinas, y en relación con un contexto histórico muy apropiado para provocar toda clase de discurso subversivo.

Marta Gallo