24 de Junio de 2018
Portal Educativo de las Américas
  Idioma:
 Imprima esta Página  Envie esta Página por Correo  Califique esta Página  Agregar a mis Contenidos  Página Principal 
¿Nuevo Usuario? - ¿Olvidó su Clave? - Usuario Registrado:     

Búsqueda



Colección:
La Educación
Número: (117) I
Año: 1994

4. Winfried BÖHM. Pedagogía masculina-educación femenina. Washington, D.C.:  INTERAMER/OEA, 1993. 126p., notas, bibliografía, índice. Paper: $12.00.

Desde que el tema “hombre y mujer” se instaló en el debate contemporáneo, particularmente a partir de 1960, la producción literaria ha acumulado un vasto volumen de información y una gama muy amplia de perspectivas. Sin embargo, la medida en que se extiende el círculo de quienes discuten no pareciera indicar un progreso idéntico en torno a la clarificación de cuestiones fundamentales. Precisamente, hacia el último aspecto señalado se encaminan las reflexiones presentadas en esta obra, las cuales se orientan a estudiar el problema a partir de criterios “pedagógicos”. En este orden de ideas la contribución de Winfried Böhm debiera ser interpretada como un paso más allá, como un salto evolutivo en el pensar que recupera la vitalidad de la oposición entre hombre y mujer, visto antropológicamente y no meramente en el orden social, natural y experiencial. La razón de este aporte resulta esencial para comprender su posición y conviene detenerse en ello. Para este autor, profundamente motivado por encontrar el sustrato esencialmente pedagógico del pensar educativo, la educación no nos es dada como un dato empírico, sino como una multiplicidad de acciones, bajo la forma de experiencias humanas que se producen a base de una interpretación que, a su vez, es el resultado de una teoría a la que necesariamente debemos remitirnos para ser capaces de identificar un actuar y/o una experiencia determinados como “educativos”. En consecuencia, liberar la reflexión de los supuestos y prejuicios que la historia y lo fáctico han ido acumulando, se torna un acto de esclarecimiento personal ineludible para la visión pedagógica.

Bajo la guía de este principio crítico, el libro se estructura en cuatro capítulos. En el primero el énfasis se coloca sobre la reconstrucción de la historia de la formación de niñas y mujeres, a través de una cuidada selección bibliográfica documental y el agudo análisis de hechos históricos concretos. Pero la perspectiva del autor no coincide con una mirada lineal de la evolución histórica, sino con una posición interpretativa que se sostiene desde la plena conciencia de las contradicciones y complejidad en que se halla su esfuerzo de reconstrucción. Por ello es muy importante tener a la vista los dos presupuestos que le sustentan. Primero: en la total evolución de la cultura humana no ha habido, aparentemente, un sólo momento en el cual la educación fuera accesible para todos y cada uno en forma igualitaria. Segundo: la experiencia histórica desde los comienzos de la educación moderna muestra que, radicalmente, un principio de igualdad sólo puede ser realizado a costa de un principio de libertad. Luego, quien realmente quiera realizar la igualdad, debiera aceptar limitaciones a la libertad y viceversa, quien considere seriamente la libertad humana, no podrá evitar desigualdades. De allí que todo el recorrido de este capítulo confluya en responder dos cuestiones: ¿cómo asumieron las mujeres la exclusión de la cultura general y qué posibilidades de asimilación tuvieron? y en segundo término, ¿cómo reaccionó la pedagogía que, en el siglo XIX, se instauró como ciencia, ante tal separación?

El capítulo siguiente penetra aún más en el perspectiva pedagógica, desenvolviendo una mirada crítica sobre la reciente bibliografía originada en la sociología y la psicología, buscando las ideas y los valores que subyacen a la disyunción adjudicada al ser de los sexos. Nuevamente aquí se torna imprescindible definir en su carácter esencial a la pedagogía: si ella es entendida como la teoría de la educación humana y la teoría de la formación humana en su actividad, las mujeres educadoras, como también los hombres educadores, no podrán renunciar a la reflexión y la preplanificación teórica pues la teoría no admite la parcialización de lo fáctico, ni podría justificar la existencia de esferas diferenciadas, según sea la naturaleza del sujeto que reflexiona. En cuanto a la distinción entre una educación femenina y otra masculina, sólo podría tratarse de una acentuación diferente, dentro de la educación y formación, tal como ya dieron cuenta de ello autores como Pestalozzi, Fröbel y Jean Paul.

El capítulo tercero plantea el tema de hombre y mujer a la luz de la pedagogía personalista, anunciando un visión original, donde el ser humano no es ya producto extrínseco de la naturaleza o de la sociedad, sino obra de sí mismo, sujeto personal de su historia. Luego, si pedagógicamente se asume una posición en la que no piense ni proyecte la educación del ser humano como individuo ni como actor de roles sociales, sino como “persona”, se alcanzará una nueva dimensión, en la cual el sexo estará en segundo lugar en relación con la unidad originaria. Así es como las reflexiones de este capítulo vienen a confirmar lo discurrido en el primero: no existe absolutamente ningún fundamento pedagógico para cualquier discriminación de los sexos en la formación, la educación o la pedagogía. Lo que nos ocurre son las condiciones naturales y sociales, las cuales, ellas sí, en todas partes y lugares, conducen a postergaciones y diferenciaciones. Pero lo importante es que la pedagogía —teoría— no se postró críticamente ante estas condiciones.

El último tramo de este texto está orientado hacia las preguntas más importantes de la pedagogía sexual, arribando a un cierre que coincide con las líneas conceptuales trazadas anteriormente. La orientación normativa de la tarea pedagógica mediante la naturaleza demuestra ser tan frágil como la orientación mediante la sociedad. Si se desea lograr un soporte firme para la educación sexual, es tan impescindible recurrir a la persona como idea regulativa del actuar educativo como para la educación y formación de hombre y mujer en general. Lo mismo es válido para la pedagogía: su eje no es el conocimiento de la ciencia (masculina) ni la intuición (femenina), ella sólo se podría dar en el fructífero interactuar de ambas relaciones, en toda la extensión de su plena vitalidad.

Mónica E. Luque