21 de Enero de 2018
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Colección:
La Educación
Número: (117) I
Año: 1994

8. A la luz de las tremendas distancias que existen entre países, a las que usted hace referencia, uno se pregunta ¿por qué la educación, en términos de gasto público, pareciera ser un bien que no es tan apetecible y por qué se le dedican tan escasos recursos comparativamente hablando? Y uno tiende a preguntarse también sobre cuáles son, en última instancia, los motivos para invertir, seriamente, en la educación y sobre todo en la educación básica.
Creo que esta pregunta es particularmente relevante en los actuales momentos, porque estamos entrando, en estos años, a una nueva fase civilizatoria, que tiene como su eje fundamental el conocimiento; de modo que el futuro de cualquier país está vinculado, irremediablemente, a la capacidad que tenga de cultivar la inteligencia de la sociedad que lo integra. Ya no es la mano de obra bruta, ya no son los recursos naturales disponibles, los determinantes fundamentales de la riqueza de las naciones. Pensemos en Japón que tiene limitaciones notables de estos recursos, y es una gran potencia. Ya no son siquiera los equipos industriales, sino el pensamiento cultivado, el talento productivo para indagar, para inventar soluciones, lo que va a decidir el destino de los países. Desde este punto de vista, el panorama de nuestra Región es muy preocupante. Porque tenemos saldos históricos no cubiertos, y debemos entrar a una civilización cuyas reglas nosotros no pusimos, y en la que llevamos todas las de perder.