20 de Julio de 2018
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Colección:
La Educación
Número: (117) I
Año: 1994

7. Hay algunas cuestiones que suelen plantearse como importantes con relación a la igualdad inicial de insumos en la generalización de la educación básica. Existen debates sobre la prioridad que deba tener la educación en cada país respeto a otros rubros del gasto público. Además, se discute acerca de la distribución del gasto educativo en los diversos niveles escolares; en el terreno de los hechos, los intentos de distribución suelen estar envueltos en acalorados debates, motivados por perspectivas e intereses muy divergentes. ¿Cuáles considera que podrían ser las aproximaciones más válidas a una redistribución real del gasto educativo en un país en el que, de inicio, la distribución de beneficios e intereses sociales tal vez no es la más justa?
El primer supuesto es que haya algo que distribuir. Porque si el gasto educativo es insuficiente, si con respecto a la proporción del producto nacional bruto, viene a ser sólo un 3.5% (que es el promedio latinoamericano), hay que seguir insistiendo en elevar los recursos para la educación. Los propios gobiernos de los países de la Región recomendaron hace algunos años, en el marco de la UNESCO, que se dedicara a la educación al menos un 8% del producto nacional bruto. Si se tiene en cuenta que los países desarrollados andan en el 6 ó 7%, considerando, además, que su producto interno bruto es varias veces más elevado en razón del tamaño de sus economías, puede apreciarse la enormidad de las distancias que nos separan, y la necesidad de incrementar nuestra inversión educativa. Ellos están ampliando su educación terciaria, y entrando a perfeccionamientos muy sofisticados, como la introducción de la informática en el nivel preescolar y otras innovaciones, cuando nosotros estamos todavía tratando de proporcionar buenos maestros y libros de texto, que son cosas elementales. Además, creo que hay que enfatizar —en estos momentos en que se pone de moda una tendencia neoliberal que confía excesivamente en los mecanismos del mercado— que, entre nosotros, la educación pública debe seguir estando fuertemente respaldada por el Estado y, en el nivel básico, ser gratuita. Digo esto porque existen tendencias a privatizar la educación; no sólo la educación superior o la técnica, sino inclusive segmentos de la educación media, haciendo que carguen con sus costos los particulares. En países de fuertes desigualdades sociales, creo que esto ahondará, todavía más, la exclusión de las grandes mayorías.
Por otra parte, me parece necesario evitar el caer en el otro extremo de dar toda la educación, inclusive la superior, de forma enteramente gratuita, como se hace en algunos países de América Latina. Esto me parece menos congruente con la equidad, porque, al fin de cuentas, cada plaza de educación superior está significando que no se puedan sostener seis o siete plazas de educación primaria. Es necesario someter el ejercicio de distribución a una racionalidad. Los sistemas educativos deben atender a la racionalidad de las necesidades productivas, pero por arriba de ella está la racionalidad de la justicia que procura garantizar oportunidades equitativas para todos.