17 de Octubre de 2018
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Colección:
La Educación
Número: (117) I
Año: 1994

6. Tal vez el tema de derechos humanos esté incluido en un tema más genérico como es el de la justicia. Sabiendo que es éste un asunto en el que usted ha estado trabajando por mucho tiempo, nos gustaría plantearle la siguiente pregunta: ¿cómo ve usted la vinculación entre educación y justicia?
En el aspecto sustantivo, creo que algunas de las consideraciones que hacíamos al principio de esta conversación se refieren a la relación entre educación y justicia: ¿de qué manera la educación debe englobar estos procesos de formación de valores y de actitudes, entre ellos la actitud fundamental de la conciencia moral que es la justicia? Pero el tema de la relación entre justicia y educación tiene varias derivaciones: una de ellas es la justicia aplicada a la distribución de las oportunidades de educación que, en países de grandes desigualdades sociales, como son los nuestros, es asunto central de la política educativa.
En torno a este tema hay muchos mitos, muchas falacias y simplificaciones. En algún escrito mío yo distinguía seis acepciones distintas del principio de igualdad de oportunidades educativas.2 Las enumero muy brevemente para hacer ver que ninguna de ellas, tomada aisladamente, puede satisfacer una concepción de justa distribución. Son posibles escenarios que puede proponerse a sí mismo un ministro, o un político de la educación.
Primera acepción: para asegurar igualdad de acceso voy a dar el mismo acceso a la escuela a todos los individuos que tengan las mismas posibilidades, sean urbanos o rurales, niños o niñas, ricos o pobres. Segunda acepción: voy a procurar la igualdad de insumos, en concreto, voy a igualar el gasto de inversión y de operación en los servicios educativos que pongo a disposición de todos, independientemente de su nivel social, de modo que, por ejemplo, si alguna escuela pública está recibiendo más dinero del promedio nacional, del “per cápita” de gasto educativo, lo recortaré para procurar igualar los insumos de todas las escuelas públicas del país. Tercera acepción: buscaré la igualdad de resultados con iguales puntos de partida, voy mejor a igualar los resultados de la educación y a procurar que individuos de iguales capacidades obtengan resultados iguales. Cuarta acepción: procuraré la igualdad de resultados con diferentes puntos de partida, o sea, voy a igualar los resultados que obtienen los individuos que cuentan con diferentes habilidades, a fin de que el sistema educativo sirva para igualar a la sociedad. Quinta acepción: voy a asegurar la igualdad de procesos, a maximizar el valor del proceso educativo, calculado ya sea como aprovechamiento cognitivo, ya como desarrollo de actitudes, o como capacidad de generar ingreso económico futuro, en vez de maximizar el valor absoluto del aprendizaje; me interesa que el niño muy desvalido, que carece de estímulo familiar, logre recorrer un camino al menos igual que el que otros recorren; pero esto implicaría atender preferentemente a los individuos de más bajo nivel de habilidades para llevarlos al nivel más alto al que pueden llegar. Tenemos, hasta aquí, cinco acepciones diferentes. La sexta sería una que estuvo muy de moda en los países de Europa del Este, hasta hace pocos años, y se podría expresar de esta manera: voy a distribuir la educación equitativamente de manera que todas las clases sociales participen en ella con tasas proporcionales. En Polonia o Checoslovaquia se decía: si nuestro campesinado representa el 12% de la sociedad, 12% de las plazas de educación superior, en todos los grados hasta el último, deben estar ocupadas por campesinos o hijos de campesinos. Nunca lo lograron; yo hablé con varios sociólogos de esos países por esos años, y pude comprobar que la equidad educativa, ya en regímenes capitalistas, ya en los llamados entonces socialistas, era la cruz de todo planificador de la educación.
Si enumero estas seis diferentes acepciones del principio de igualdad de oportunidades es simplemente para hacer ver la complejidad conceptual de la justa distribución de la educación. Llegar a traducir, en términos operativos, el propósito de la equidad es sumamente complejo. En un artículo reciente,3 me atrevo a hacer una propuesta concreta que intenta garantizar la educación básica para todos con equidad y, en la educación postbásica aplica un conjunto de principios para ir disminuyendo la gratuidad de la educación pública, a medida que se avanza en la escolaridad.