17 de Diciembre de 2018
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Colección:
La Educación
Número: (117) I
Año: 1994

2. Siguiendo esta consideración, cabe preguntarse si es posible que la escuela realice una tarea significativa en el campo de la formación para los derechos humanos. ¿En qué medida, o en qué sentido, considera usted que la escuela —o la educación en su vertiente institucional— pueda educar para los derechos humanos?
Creo que estamos hablando de educación en y para los valores, y entramos a un terreno difícil. Así como es relativamente fácil hacer un currículum de matemáticas o de geografía, es sumamente difícil hacer un programa formativo en materia valoral. Porque los valores no se enseñan sino que se viven. No se aprenden en el sentido en que podemos aprender un contenido cognoscitivo; se introduce uno a ellos cuando, como alumno, es enfrentado con un contexto que le da oportunidad de vivirlos. Entonces, para hablar de educación en los valores de la democracia, pudiéramos tal vez afirmar que se trata de promover la experiencia de los valores asociados a la convivencia respetuosa: la libertad, la igualdad, la tolerancia e imparcialidad, entre otros; no pretendo hacer un catálogo completo. Quiero sólo destacar la importancia de analizar a fondo el funcionamiento de la escuela como un pequeño sistema social. Quiero, en cierto sentido, referirme al famoso currículum oculto, que está implícito en esas formas de relación entre autoridades y súbditos, entre directivos, profesores y alumnos y en las normas de funcionamiento de la escuela.
Para ver si es posible la formación en los valores que uno se propone, es necesario analizar cómo está organizada la convivencia en la escuela. Por poner un ejemplo: en una escuela autoritaria, donde no hay ningún espacio de autodeterminación ni de participación de los alumnos en las decisiones, es imposible formar el valor de participación y el valor de ejercer la autoridad como servicio. Eso se debe a que hay valores implícitos en las formas de organización social, en los roles que se desempeñan y en las relaciones humanas que se viven. No podemos separar el funcionamiento cotidiano de la escuela de los valores que pretendemos inducir en los alumnos.