20 de Septiembre de 2018
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Colección:
La Educación
Número: (117) I
Año: 1994

1. Uno de los temas que han captado la atención de los educadores en los últimos tiempos es el de la educación para la democracia. Teniendo en consideración sus últimos estudios sobre la equidad educativa, quisiéramos que nos indicara algunas de sus ideas al respecto.
Efectivamente, debido al retorno de regímenes democráticos en varios países de la Región y a la convicción de que una economía abierta requiere un sistema de gobierno también abierto y representativo, se insiste cada vez más en educar para la democracia. Sin embargo, yo creo que el tema debe ubicarse en un universo más amplio.

En realidad, bajo el término “democracia”, estamos entendiendo algo más que un sistema de gobierno; estamos entendiendo un sistema de vida. Vivir en una democracia, y con los valores democráticos, significa adoptar un sistema de convivencia basado en lo que ahora llamamos los derechos humanos. Yo preferiría, en lo personal, llamar a este tema educación para los derechos humanos, en lugar de educación para la democracia. Ciertamente, hay que decir que formar para los derechos humanos tiende a tematizar, de una manera contemporánea, preocupaciones muy antiguas de las escuelas latinoamericanas que siempre se han preocupado, o han dicho que se preocupan, por la formación integral. Los sistemas educativos modernos siempre han tenido el riesgo de convertirse en aparatos dispensadores de conocimientos. Si se analiza lo que se evalúa en un sistema escolar, uno llega a la conclusión de que el objetivo exclusivo de un sistema educativo es el conocimiento. Esta visión es evidentemente insuficiente, a la luz de los propósitos más amplios de formación, que tiene, en sus orígenes, el concepto mismo de educación. Creo, por tanto, que hay que replantear el tema de la educación para la democracia en este contexto conceptual más amplio.