Colección: La Educación
Número: (117) I
Año: 1994
La misión de ser educadores
Desde sus orígenes, a fines del siglo pasado, el magisterio presentó una serie de rasgos particulares que hicieron de esta actividad una misión1 antes que una profesión. Aunque se puede sostener que con la creación y desarrollo de las escuelas normales (instituciones especializadas para la formación docente) surge la profesión, ésta de inmediato se desdibuja al considerar ciertas características a partir de las cuales iba cobrando existencia un nuevo puesto: el de maestro.
En primer lugar, conviene recordar que la empresa de conformación del sistema educativo moderno supone, entre otras cuestiones, la preparación de un cuerpo de especialistas dedicados a la tarea de enseñar. El título docente, expedido por las escuelas normales, asegurará en principio tal especialización. La exigencia de maestros titulados no se plasmó de inmediato en una cualidad de la realidad escolar nacional, pero, al menos, de ese modo quedó prescrito legalmente.2 Lo cierto es que a partir de un momento histórico determinado, se requerirá de la titularización para el ejercicio docente en las escuelas. En cuanto credencial de competencia, el título garantizará la posesión de un saber especializado y común entre quienes lo porten. Dicho saber supone formas precisas de transmisión y apropiación.
En el momento de pleno desarrollo de la escuela pública ya no bastaba con el maestro que enseñaba a unos pocos lo que él había aprendido alguna vez, quizás en una escuela, quizás por su cuenta. Era necesario contar con un cuerpo de especialistas formados, tales que aseguraran cumplir con éxito una tarea específica, conforme a los fines perseguidos en la empresa de constitución y consolidación de un sistema escolar. Desde sus orígenes la escuela pública de nivel primario se destinó a educar a las clases más bajas de nuestra población. Este sector mayoritario por ese entonces lo componían nativos e inmigrantes. De ellos se esperaban, precisamente, transformaciones profundas, ya que serían los habitantes de una sociedad que se iba modernizando. La escuela pública se desarrolla y expande con la finalidad de formar al hombre nuevo, despojado de idiosincrasias, modismos y costumbres de sus familias, regiones y/o países de procedencia. En el marco de la política estatal, educar al ciudadano se convierte en un elemento decisivo del proceso de conformación nacional.
De este modo la escuela pública, y especialmente el maestro, tenían una meta clara: civilizar, regenerar, disciplinar, a una población que se consideraba desajustada, en relación con un modelo de sociedad deseado para el futuro. Este proceso común en regiones diversas, halla en la mayoría de los estados de América Latina notas singulares. La consolidación nacional en nuestras sociedades tuvo lugar bajo regímenes de dominación excluyentes,3 en lo que se refiere a la participación política de las mayorías poblacionales. Se comprenderá así que el proyecto educativo oligárquico contemplara la extensión y desarrollo de la instrucción pública con vistas a obtener un tipo de hombre más parecido al habitante de ciudad con hábitos de trabajo, disciplina, compostura exterior, costumbres y una particular cosmovisión, que al natural de un Estado con derechos y deberes políticos que le permitan formar parte en el gobierno del mismo. Ambas son acepciones diferentes de un mismo término: ciudadano.4
Diremos entonces que, en nuestras sociedades, la escuela pública, con un predominio bastante marcado de moralidad, se desarrolla sistemáticamente para educar antes que para instruir a las clases más bajas de la población. Esta escuela nace, pues, para socializar antes que para transmitir conocimientos. Tal finalidad se enuncia expresamente en las documentaciones de la época:
A partir de tal definición la tarea específica del maestro (la instrucción, la enseñanza) se diluye y va cobrando forma el maestro socializador, moralizador, educador. Pensemos las consecuencias que esta ambigüedad funcional trae aparejadas.Nuestra escuela debe tener una misión más educadora que instructiva, por las condiciones peculiares de nuestra organización social, (...) y la consiguiente imposibilidad de confiar exclusivamente esa misión a la familia. (...) [Nuestra escuela] debe ser una reunión de futuros ciudadanos, y el maestro, mirando a sus alumnos a través del patriotismo, que es el más poderoso lente inventado por la óptica de los sentimientos, debe ver a éstos preparados por su acción y por su ejemplo....5
[INDICE]
[RESUMEN]
[UNA
HISTORIA PARA RECORDAR] [LA "MISIÓN" DE SER EDUCADORES]
[EL
EJEMPLO ENSEÑA MÁS QUE EL PRECEPTO] [LA
FORMACIÓN "NORMAL"] [¿POR
QUÉ "SEÑORITAS" MAESTRAS?] [CUADRO
1] [A
MODO DE CONCLUSIÓN] [SUMMARY]
[RÉSUMÉ]
[RESUMO]
[NOTAS]

