19 de Diciembre de 2018
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Colección:
La Educación
Número: (117) I
Año: 1994

¿Por qué un currículo explícito sobre educación moral en Latinoamérica?

La primera razón se deriva de la realidad de que la mayoría de los países latinoamericanos han señalado la formación de un ciudadano ético y responsable como una de las metas más importantes de su sistemas educativos. Esta formación no se puede llevar a cabo a menos que las escuelas comiencen a prestarle atención a ese aspecto de la educación de las generaciones más jóvenes. Es bien sabido que la mayoría de las escuelas no tienen ningún período en su horario dedicado a la educación moral, con la excepción de las escuelas religiosas; sin embargo, en las clases de religión el enfoque es la educación de un individuo religioso y ético desde un punto de vista específico. Lo que este artículo propone es una educación moral que sea independiente de la educación religiosa, y que por lo tanto enfoque valores ciudadanos y democráticos, además de valores individuales como el respeto, la honestidad y las buenas intenciones.

La segunda razón es que las generaciones más jóvenes están recibiendo mensajes sobre valores éticos y morales que son contradictorios. En las sociedades de organización más simple, hay uniformidad en los mensajes, ya que quienes educan al niño en la escuela y el hogar son personas que se conocen y comparten ideales y valores, y también parte de lo que hace a esas sociedades diferentes es que tienden a ser muy homogéneas en sus valores y creencias. En las sociedades de organización más compleja, como lo son la mayoría de las sociedades latinoamericanas, los mensajes que el niño recibe en el hogar, la escuela, los medios de comunicación y los amigos o compañeros son contradictorios muy frecuentemente, debido, en parte, a que estas sociedades son más plurales y multiculturales. El tener un currículo de educación moral que explícitamente enfoque la educación de ese aspecto del niño o joven eliminará muchas de las contradicciones presentes en el medio ambiente y obligará a diferentes sectores de las sociedades a reflexionar sobre qué valores son de importancia para los miembros de esa sociedad.

La tercera razón es que para que las sociedades democráticas sobrevivan, los individuos que funcionan y trabajan en ellas necesitan ser participantes activos en el proceso de gobierno, y han de ser capaces de pensar en el bien común, no sólo en el bien personal. Sólo individuos que sienten un sentido de responsabilidad y compromiso hacia el buen funcionamiento de su sociedad (a gran escala) y su comunidad (a más pequeña escala) ayudarán a las sociedades democráticas a continuar su funcionamiento; las cualidades de “responsabilidad” y “compromiso” implican cierto grado de desarrollo moral. Estos valores son aprendidos, y se pueden enseñar efectivamente con un currículo explícito, planificado en forma apropiada a la edad y desarrollo infantil y juvenil de los participantes, y que sea parte importante de la experiencia escolar de los niños.

El cuarto y último argumento es que es claro que la exclusión de una educación moral del currículo escolar no ha traído buenos resultados. Los actos de violencia, corrupción e irresponsabilidad en nuestras sociedades son cada vez más frecuentes y de peores consecuencias. Ciertamente el dejar la educación de valores morales y éticos fuera de las escuelas ha sido una elección que claramente ha hecho pensar a los miembros de la sociedad (jóvenes y adultos por igual) que los valores morales y éticos de los individuos no son importantes para la comunidad. Es tiempo de que se modifique ese mensaje.