26 de Abril de 2018
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Colección:
La Educación
Número: (116) III
Año: 1993

1. Cecilia BRASLAVSKY y Alejandra BIRGIN, Comp. Formación de profesores: Impacto, pasado y presente. Buenos Aires: Miño y Dávila, 1992. 169 p., notas, tablas, bibliografía, índice.

El libro reúne tres trabajos correspondientes a investigaciones llevadas a cabo entre 1988 y 1990. Consideradas en su conjunto, la triada constituye un esfuerzo por redescubrir las características de las prácticas, de la formación docente y las relaciones existentes entre ambas, ubicándolas en la historia y contemporaneidad del estilo de desarrollo político y socioeconómico de la Argentina. El hilo conductor del texto parte de considerar a la formación docente como un momento en la biografía escolar de las personas, que es procesado por ellas en función de los otros momentos de su vida. De allí que se pretenda investigar el tema a partir de la reposición del análisis social e histórico, superando la visión que se viene desarrollando hasta el presente en los estudios de la región latinoamericana. A partir de este contexto teórico, explicitado en la introducción, se desarrollan las tres partes que conforman la obra. Las diferencias que existen en las prácticas docentes y en las orientaciones valorativas que las acompañan, son puestas de manifiesto en el primer capítulo: Profesores: Su formación y su práctica. El segundo, titulado Orígenes del profesorado secundario en la Argentina: Tensiones y conflictos, descubre elementos que pueden estar en la base de una tendencia orientada hacia la homogeneidad de las prácticas. El tercero, La formación de profesores: Hacia la construcción de un nuevo paradigma para su transformación, busca precisar aspectos que permitan rediseñar la formación docente en el supuesto de que la toma de conciencia de los actores acerca de algunos procesos allí presentes, pueden ser útiles para incrementar sus reservas y proponer diferentes modos de vinculación de esa formación con el nivel en el cual se organiza.

Puede deducirse que, para los casos estudiados, los componentes conservadores de la formación docente tendrían un impacto más alto en las prácticas que sus componentes progresistas. Estas conexiones llevan a reafirmar la necesidad de operar cambios simultáneos en los niveles del sistema educativo y en la formación docente, previendo la neutralización o potenciación de esos cambios a la luz de contextos e historias específicas. Otra conclusión importante es la que indica que, en el marco social e histórico de la educación argentina, los sujetos sociales han podido ser fuertes cuando dispusieron de un alto conocimiento del sistema, capacidad crítica, voluntad política para actuar y diseños alternativos. Por eso la propuesta de los autores se inscribe en el esfuerzo por ofrecer algunos conocimientos del sistema que sean un insumo para construir la “fortaleza” de los actores, procurando no constituirse en una apelación al voluntarismo.

Por las consideraciones expuestas, esta obra puede contribuir muy bien a los investigadores y planificadores interesados por hallar el contexto social e histórico que sustenta y resignifica la formación de los docentes, en primer lugar, y luego su práctica, una vez que se hallan insertos en el sistema. El segundo gran aporte que podemos rescatar aquí viene de la perspectiva metodológica y epistemológica que sustentan las investigaciones reseñadas: es evidente el énfasis puesto en avanzar por sobre la búsqueda de relaciones funcionales entre un nivel del sistema educativo (formador) y el otro (de práctica y aplicación), haciendo intervenir estas relaciones en un marco de procesos tanto más complejos que los tradicionalmente tenidos en cuenta en la bibliografía contemporánea.

Mónica G. Luque