21 de Julio de 2018
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Colección:
La Educación
Número: (116) III
Año: 1993

 Introducción

En un trabajo de 1989, J. Blake1 reitera los hallazgos acerca de la importancia que tiene el ambiente y los antecedentes de cada familia en el logro educacional de sus hijos, al menos de los niños nacidos desde poco antes de la segunda mitad de este siglo en los Estados Unidos. La autora, tomando las conclusiones principales de investigaciones anteriores, hace notar que el conjunto de los antecedentes familiares es el mejor predictor de la cantidad promedio de años de escolaridad que tendrá un chico; le sigue en importancia el nivel de escolaridad alcanzado por el padre; y por último, para un período de años más recientes, el número de hermanos que tiene, especificando la ecuación que indica que a menor número de hermanos más educación. La posible explicación que subyace a esta idea es el concepto de dilución de las relaciones de los niños con los adultos en las familias grandes y concomitantemente la de concentración en las más pequeñas.

En este análisis también incorpora una consideración más amplia sobre población; en especial, la referida a la disminución del promedio de niños por familia, por madre y por mujer para la muestra considerada de Estados Unidos.

Si la relación establecida fuera empíricamente consistente para otros grupos, esto es, que a menor tamaño de la familia nuclear sea mayor el rendimiento escolar medio, al menos, por la cantidad promedio de años de escolaridad que logrará cada niño, llevaría a esperar un mejoramiento en los logros educacionales de los alumnos que actualmente inician o están cursando alguno de los niveles de escolaridad, sin que esto pueda atribuirse a una mayor eficiencia del sistema educativo.

Así, las conclusiones de Blake en este artículo, se centran en tres aspectos: a) la modificación en la estructura poblacional producida por la disminución del número de hijos por madre y de niños por familia orientan a pensar en un mejoramiento del rendimiento académico y escolar promedio, tanto por una consideración teórica como empírica; b) concomitantemente, la disminución del número de hermanos consolida los efectos sostenidos en la conclusión a)2 aunque no se prueban diferencias estadísticas significativas según el orden de nacimiento de los hijos; y, c) las relaciones entre el número de hermanos y la habilidad intelectual general y en forma diferencial con la habilidad verbal y no verbal, debiera mostrar diferencias a favor de los chicos pertenecientes a grupos familiares más reducidos y con menor número de hermanos. Para medir la habilidad intelectual general, la habilidad verbal y la habilidad de ejecución, Blake utilizó el test de WISC.3

Por otro lado, en un trabajo ya clásico de John Nisbet, referido al ambiente familiar e inteligencia, se sistematizan las principales conclusiones publicadas sobre el tema entre los años 1930 y 1950. Una de esas conclusiones destaca que para “cualquier muestra representativa de la población existe una correlación negativa entre los puntajes en los tests de inteligencia de los niños y el tamaño de la familia a que pertenecen (Nisbet 3).

El mismo autor justifica su hipótesis de relación negativa, sosteniendo que esa situación se debe principalmente a que el “lenguaje y las palabras proveen un sistema de símbolos que eleva mucho la eficiencia del pensamiento abstracto” (Nisbet 4); y que son esas habilidades las que más frecuentemente se requieren para dar respuesta a las cuestiones y preguntas incluidas en los tests. Véanse, a modo de ejemplo confirmatorio del argumento de Nisbet, las cuestiones que plantean los ítemes del test de inteligencia de Binet-Simon así como sus modificaciones posteriores del test de Terman-Merrill y también la parte verbal de la Escala de Wechsler.

Más recientemente, un artículo de Cherian, de 1990, sobre el tamaño de la familia y logro académico de los niños; para una muestra de algo más de 1000 jóvenes sudafricanos de 13 a 17 años, presenta resultados que apoyan algunas de las conclusiones de Blake y de Nisbet en el sentido de marcar diferencias significativas entre las notas (clasificaciones) de rendimiento escolar en idioma nacional (xhosa), inglés, matemáticas, ciencia, historia, geografía y agricultura, según grupos de niños con diferente número de hermanos y de distintas posiciones socioeconómicas, para el total y por sexo.

Hoffman prefirió ocuparse directamente de la influencia del ambiente familiar sobre la personalidad de los hermanos y es así como titula su artículo. Trata específicamente de las diferencias de los hermanos en una familia y sus principales conclusiones, que agregan nuevas dificultades y elementos de controversia en este particular campo de estudio; las resume de la siguiente manera:
a) las diferencias entre hermanos podrían estar sobreestimadas por las limitaciones metodológicas, mediciones y resultados en las variables examinadas; b) la psicología del desarrollo define a la familia como conjunto de complicadas interacciones entre las personas y el ambiente y [por ende] la personalidad estaría multideterminada; así, no sorprende que se den [marcadas] diferencias entre hermanos; c) las experiencias subjetivas y objetivas de la familia varían entre hermanos por el orden de nacimiento, por las diferencias de edad, de sexo, de dotación genética y de experiencias idiosincráticas; d) diferencias y semejanzas entre hermanos pueden ser encontradas si hechos particulares son inducidos por ambientes variados y distintos o por estilos familiares generales. (Hoffman 187)
En su trabajo sobre este tema, Belmont y Marolla exploraron la relación entre el orden de nacimiento de los hermanos, el tamaño de la familia y la competencia intelectual en un grupo de 400.000 varones holandeses de 19 años de edad, nacidos entre los años 1944 y 1947, residentes en el país en el momento del estudio. Utilizan como instrumento para medir la inteligencia una escala modificada del test de Matrices Progresivas de Raven. En su revisión bibliográfica, estos autores señalan que: a) se da una relación negativa entre el tamaño de la familia y el nivel intelectual; b) los niños de familias numerosas muestran realizaciones más pobres en los tests de inteligencia y en las pruebas educacionales, aun cuando se controle la clase social; c) los efectos del tamaño de la familia son menos pronunciados en las clases sociales más altas; d) las diferencias en función del orden de nacimiento de los hermanos, resultantes de investigaciones, son tenues o inconsistentes y en algunos casos hasta contradictorias. En este último sentido se destacan dos problemas complementarios. El primero se refiere a la utilización de datos de familias que aún no han completado su progenie por ser de reciente conformación; y el segundo, al cambio del índice de fertilidad en la sociedad y a su repercusión diferencial en los distintos estratos sociales.

Por otra parte, las conclusiones del trabajo de Belmont y Marolla pueden resumirse así: a) excepto para la categoría de familia más pequeña, los resultados promedios en el test disminuyen a medida que aumenta el número de sus integrantes; b) el puntaje en el test disminuye a medida que el orden de nacimiento del sujeto estudiado aumenta (los primogénitos se ven favorecidos); c) las variables, tamaño de la familia y orden de nacimiento, no son independientes una de la otra;4 d) los efectos del tamaño de la familia no se dan en todas las clases sociales de igual modo; por el contrario, ocurre así consistentemente con los efectos que tiene el orden de nacimiento.

Obviamente, como la misma Blake (Blake 36) lo destacara, otros cambios se producirán en la conformación familiar; y si bien muchos sectores se verán favorecidos por la disminución de la cantidad de miembros de cada familia, también pueden verse afectados, posiblemente en forma diversa, por ejemplo por la disminución de la estabilidad familiar (separaciones, divorcios, uniones de hecho), modificación de la edad de casamiento y comienzo de las primeras relaciones. Si bien no los menciona Blake, otros hechos de más reciente aparición también afectarán la conformación familiar, como la generalización de métodos anticonceptivos (especialmente la “píldora”); y en otro orden de cosas, la aparición de nuevas enfermedades como el SIDA o el resurgimiento de otras de transmisión sexual, etc. Así, algunos elementos nuevos se incorporan al análisis de esta problemática.

Oriel Sullivan, comentando un reciente trabajo de Blake sobre el tamaño de la familia y el logro escolar, destaca que la principal conclusión
...basada sobre una completa cobertura de investigaciones previas y un análisis bien documentado de grupos de datos secundarios es que el número de hermanos en una familia tiene un importante efecto independiente sobre los resultados educacionales, similar en magnitud a aquella variable mucho más conocida, como es la ocupación de los padres. (Sullivan 259)
En otros capítulos del trabajo de Blake, se recuperan aspectos tan importantes como el logro educacional, inteligencia, orden de nacimiento, expectativas educacionales, antecedentes de las familias y cantidad de hermanos. Alguna de estas variables se integran en el estudio que presentamos aquí.

La pregunta que muchos nos hacemos es si cabe esperar igual o semejante comportamiento de la sociedad argentina actual o de pasado reciente. Entonces, analicemos someramente la situación argentina desde una perspectiva demográfica teórica; también veamos las tasas de natalidad5 en algunos períodos históricos para los que se dispone de datos en el contexto nacional y en su comparación con los países latinoamericanos; y luego consideremos los datos provenientes de un grupo de sujetos en la comparación de su rendimiento escolar actual medido por las notas (calificaciones) y de su habilidad intelectual medida por el test de Wechsler (Wisc) en relación con el número y orden de nacimiento de los hermanos de esos niños en edad de escolaridad primaria.