19 de Junio de 2018
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Colección:
La Educación
Número: (116) III
Año: 1993

América Latina y Argentina

Tomemos para un primer análisis las tasas de natalidad provistas en el trabajo de UNESCO referido a la educación en la población de América Latina, en las que se puede ver con claridad cómo algunas formulaciones generales no tienen aplicación en casos o estudios particulares.

Las tasas de natalidad para los países latinoamericanos tienen la tendencia a disminuir en forma sostenida o después de algún pico en alguno de los períodos quinquenales considerados entre 1950 y 1975. El cuadro siguiente muestra la posición para Argentina en el subcontinente, en su comparación con el país de tasa de natalidad más baja, de tasa más alta y para la tasa total de América Latina en los cinco períodos quinquenales.

CUADRO 1

Argentina tiene el segundo índice más bajo de natalidad, junto a Uruguay; posición que mantiene a lo largo de los cinco períodos quinquenales considerados. Este valor, que decrece progresivamente en forma coincidente con lo que ocurre en la mayoría de los otros países de la zona, es significativamente más bajo que el promedio para América Latina y es menos de la mitad de Honduras, país con el límite más alto. Tomemos en cuenta que, como sostiene Eichelbaum de Babini, Argentina ya tenía un crecimiento vegetativo bajo con tasas de natalidad que eran inferiores a las de Canadá y Estados Unidos desde 1958 (Eichelbaum de Babini 161).

Un dato interesante a tener en cuenta en este sentido es el de la expectativa de los índices de natalidad que se tienen para los próximos quinquenios hasta el año 2000, como hipótesis recomendada7 para estos países. Un cuadro semejante al anterior muestra los valores correspondientes al máximo y al mínimo, para Argentina y también el promedio para América Latina.

CUADRO 2

En otro orden de cosas, las marcadas diferencias en los índices de natalidad que se dan entre los países latinoamericanos encuentran también correlato, dentro de cada país. Así, en el caso de Argentina, las diferencias provinciales y jurisdiccionales, presentan una notable dispersión. De este modo, no es equivocado conjeturar que los promedios nacionales esconden las diferencias, pudiendo inducir a errores en la interpretación de los datos al referirlos a regiones determinadas. A modo de ejemplo, tomemos las tasas brutas de natalidad por miles, para los datos censales de 1960, por provincias o jurisdicciones en Argentina. Estos datos muestran que la situación es muy semejante a la señalada.

Como puede apreciarse la dispersión de las tasas es muy grande (unos 35 puntos, entre las provincias o jurisdicciones con valores más bajos y los más altos), lo que muestra una situación muy semejante a lo que ocurre con los países en América Latina, con una tendencia a hacerse más homogénea la distribución a medida que las tasas bajan.

CUADRO 3

También podemos señalar que en Argentina las jurisdicciones más densamente pobladas son las que tienen menor índice de natalidad, con lo que el promedio general se ve fuertemente afectado hacia los valores más bajos de la escala, escondiendo de este modo reales diferencias regionales.

En la misma consideración demográfica, el nivel de urbanización marca una destacada ventaja relativa al momento de análisis educativos (Eichelbaum de Babini 160-161), favoreciendo a las zonas, regiones o países con mayor población urbana.

Con los datos disponibles no es posible plantear la magnitud de las diferencias que pueden darse en la consideración de zonas urbanas y rurales, las que como es posible suponer son también considerables y pueden afectar la interpretación comparativa de los datos, más aún cuando hay una fuerte y rápida tendencia a la urbanización, al menos a juzgar por los datos de los años 50, 60 y 70, para América Latina. Según estos datos, Argentina se ubica entre los países más urbanizados, junto con Uruguay, pasando del 53,1% al 59% y al 66,3% en los tres períodos mencionados anteriormente. El promedio de urbanización para América Latina es respectivamente de 25,6%; 33,4% y 42%. Los valores más bajos (entre el 5% y el 13%) corresponden a Haití y Jamaica.

La observación respecto de las diferencias internas en la urbanización, dentro de cada país, es pertinente aquí y sus consecuencias son también aplicables para nuestro análisis.