25 de Abril de 2018
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Colección:
La Educación
Número: (116) III
Año: 1993

7. Para concluir esta entrevista, y teniendo en cuenta que los que estamos en esta mesa nos dedicamos a la promoción de la educación en el ámbito internacional, cabría preguntar ¿cómo considera usted que los organismos internacionales podrían contribuir a la sistematización de experiencias de desarrollo de guías adecuadas de aprendizaje, en el caso que estos organismos tuviesen algo que ver en este esfuerzo?
Creo que la responsabilidad de los organismos internacionales en esta tarea es clave. Es muy difícil que un país solo pueda intentar generar, por ejemplo, un banco de datos sobre guías de aprendizaje. Es un organismo internacional o un conjunto de ellos —y espero que entre la OEA y la UNESCO podamos trabajar juntos en este sentido— que puede sentar las bases para desarrollar un banco de datos de ese tipo. Este acervo de información podría ponerse a disposición de los países cuando se quisieran estudiar las experiencias que se vayan realizando y los ejemplos concretos que ya se hayan desarrollado. Eventualmente, creo que en los próximos cinco años será necesario tener información sistematizada sobre guías de aprendizaje en un banco de datos que se pueda consultar, de la misma manera que actualmente se consulta, por ejemplo, el sistema ERIC.

En el futuro, tal vez cada profesor, incluso en las zonas rurales, pueda apretar un botón y elegir, dentro de un conjunto muy grande de alternativas, aquellas que resulten más convenientes a su situación particular. Estas alternativas posiblemente incluirán datos precisos sobre cómo se generaron, que éxito han tenido, quiénes las han probado, quiénes les han introducido cambios. Las alternativas incluidas en estos bancos de datos podrán ser guías específicas de aprendizaje, probablemente con varias versiones y con sugerencias de otros profesores. Creo que, eventualmente, el disponer de este conocimiento sistematizado en forma de guías de aprendizaje permitirá que el diseño curricular se transforme, dejando la definición de lo que se espera que un estudiante aprenda como un marco de referencia general. Pero que, en cada grado, sea el profesor quien, como parte central de su labor profesional, defina cuál es el currículum, cuál es la secuencia más adecuada de aprendizajes y cuál es la forma de abordar los contenidos específicos para sus estudiantes.
Sin duda, en este horizonte, la labor profesional de un profesor irá mucho más allá de la que pudiera desempeñar como simple transmisor de información, ya que esta tarea podrá siempre ser asumida, en mejor forma, por la televisión, o por otros medios tecnológicos que progresivamente estarán más al alcance de las instituciones educativas. La acción de los organismos internacionales tendrá mucho que ver en el acercamiento del horizonte futuro que ahora podemos avisorar.