24 de Abril de 2018
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Colección:
La Educación
Número: (116) III
Año: 1993

6. Dr. Schiefelbein, en su abordaje del problema, me llama la atención su insistencia en lo que usted llama “guías del aprendizaje”. Advierto una idea muy interesante sobre la que me gustaría pedirle que usted elaborara un poco: es la idea de “aprendizaje significativo” o del proceso de “adquisición del aprendizaje significativo”. Sobre el particular existen distintas posiciones. Podría hasta afirmarse que hay escuelas divergentes de pensamiento. Al margen de la diversidad de enfoques, usted ha tocado un punto que me parece interesante profundizar. Por lo que usted ha señalado, pareciera ser que el generar aprendizaje no es una cosa simple. Todo indicaría que es un proceso que requiere cierto nivel de conocimiento sistemático, investigación y prueba empírica de procedimientos. En consecuencia, de algunos ensayos, aciertos y errores bajo pautas determinadas de control. Pareciera ser, también, que el desarrollo de materiales coherentes con un proceso adecuado de aprendizaje no es una tarea fácil o que pueda llevarse a cabo de manera espontánea. ¿Nos podría usted señalar algunos elementos fundamentales a tener en cuenta para generar estas guías de aprendizaje o si hay alguna experiencia que a usted le parezca particularmente relevante sobre este aspecto?
Yo diría que la mayor dificultad es que hay poca experiencia sobre la evaluación de guías de aprendizaje. Creo que estamos recién empezando a entender lo que es un proceso de aprendizaje en los niños y recién estamos pasando del enseñar al aprender.

Tradicionalmente, hemos puesto mucho énfasis en el enseñar, pero no hemos puesto igual énfasis en el aprender. No existe todavía una teoría válida sobre cómo aprende la gente. Por lo tanto, tenemos que pasar por el proceso de ensayo y de error. Recurriendo nuevamente a la analogía usada a lo largo de esta conversación, podemos recordar que lo mismo pasa en el campo de la medicina. No sabemos las causas del resfrío; pero sabemos que podemos curar algunos de sus síntomas y sabemos que, si se descansa, normalmente uno se mejora al cabo de poco tiempo. Creo que en el campo de la educación estamos exactamente en las mismas condiciones. Estamos pasando desde un momento en el que la gente aprendía ciertos conocimientos muy bien determinados, para los cuales había una sola respuesta, a otro en el cual las respuestas no son tan claras, incluso puede haber respuestas divergentes y todas igualmente válidas. Estamos pasando de una situación en la que se pedía que las personas participaran, por ejemplo, en una línea de trabajo, cada una realizando ciertas acciones, a una nueva situación en la que se pone énfasis en la calidad total, en la cual cada uno tiene que cooperar para llevar a cabo, desde una perspectiva integral, el proceso productivo.
En la etapa en que nos encontramos sólo podemos comparar algunas experiencias de preparación de guías de aprendizaje, y creo que la realización de esa tarea de comparación es una de las cosas que permitiría el desarrollo real de la educación. Permitiría ir avanzando en el cómo educar mejor. Creo que la experiencia inicial de la Escuela Nueva, por ejemplo, en Colombia ha sido un aporte muy significativo. Durante quince años un grupo de educadores, en Colombia, ha trabajado buscando los comentarios de los profesores, buscando qué cosas gustan a los niños, qué cosas los motivan, qué cosas hacen que aprendan. Creo que esa labor ha tenido un gran éxito. Yo creo que al examinar esa experiencia y otras igualmente interesantes de otros países de América Latina, puede advertirse la importancia que, en esas experiencias, ha tenido la elaboración de guías didácticas para el aprendizaje. Puede advertirse que todos los docentes que usaron esas guías de aprendizaje las siguen recordando como una experiencia muy significativa en su vida de maestros. Al mismo tiempo, es posible advertir que, en esos casos, los maestros se dieron cuenta de que la preparación de las guías de aprendizaje les tomaba mucho más tiempo del que ellos podían disponer para realizar esta tarea.
Yo diría, pues, que debemos aprender más de este proceso para poder decir algo definitivo. Quizás lo más interesante a destacar es que estamos pasando, poco a poco, de aprender verdades absolutas a investigar y reconstruir nuestro conocimiento, de tal suerte que lo que uno aprende es tan importante como el proceso de aprenderlo. En este orden de ideas, creo que las guías de aprendizaje tienen que poner mucho énfasis en propiciar situaciones en las que los niños se den cuenta del proceso mediante el cual están aprendiendo. Y eso es muy interesante, sobre todo cuando uno visita experiencias de la Escuela Nueva, donde los propios niños dicen y explican el método a través del cual están aprendiendo. Conviene señalar que se trata de niños en instituciones de educación básica. Sólo por destacar un contraste notable cabría señalar, a modo de ejemplo, que muchos alumnos en la universidad, en muchos casos, no tienen claro cuál es el método para aprender mejor.