19 de Septiembre de 2018
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Colección:
La Educación
Número: (116) III
Año: 1993

2. Frecuentemente los educadores plantean preguntas en torno a este tema. Por lo general, las respuestas existentes suelen ser limitadas. Me refiero, por ejemplo, a la preocupación de los docentes, a nivel de la educación básica, donde la inquietudes suelen centrarse en torno a la siguiente pregunta: ¿qué puedo hacer, o qué se supone que debería hacer con mis estudiantes en la sala de clases, durante mi jornada cotidiana de trabajo?
Un ilustre educador panameño, Francisco Céspedes —que fuera Director del Departamento de Asuntos Educativos de la OEA durante varios años, y luego Premio Interamericano Andrés Bello— me contaba que cuando regresó a su país, después de casi cuarenta años de ausencia, se encontró con que, en el aula y en el desempeño de la tarea docente, se seguía trabajando exactamente igual que cuando él había sido alumno en su infancia. Y es probable que esta situación defina la característica más importante del problema de la calidad. Se siguen usando técnicas que fueron muy apropiadas a principios y mediados de este siglo; pero que, en el umbral del siglo XXI, son absolutamente anacrónicas. Tal vez se siga pidiendo al docente que sea la persona que cumpla todas las funciones, y no se usa todo un conjunto de elementos que podrían apoyar su función.