19 de Diciembre de 2018
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Colección:
La Educación
Número: (116) III
Año: 1993

Introducción

Con el regreso de la democracia a varios países de América Latina ha renacido el interés por la relación entre educación y democracia. Durante la década pasada este interés se vio reflejado en numerosas reuniones y publicaciones en la región. En 1987, la Organización de los Estados Americanos organizó un foro sobre educación y democracia, cuyos resultados fueron publicados en un número especial de La Educación. Se organizaron reuniones sobre el mismo tema en países como Paraguay, El Salvador,2 Chile.3 La oficina regional de UNESCO auspició un estudio sobre la educación en la transición a la democracia en los casos de Argentina, Brasil y Uruguay.4

Este interés en las interrelaciones entre educación y democracia, por supuesto, se extiende mas allá de América Latina. En la misma década pasada, el Consejo de Europa publicó un estudio sobre como los sistemas educativos de Europa del Sur preparaban a los ciudadanos para la vida democrática5 y la preocupación por la educación para la democracia, es un tema de creciente interés en Sudáfrica,6 y recientemente en Rusia.7

En los Estados Unidos el interés en la relación entre educación y democracia es de vieja data como ilustran los escritos de John Dewey8 y James Conant.9 A lo largo del tiempo, la preocupación por las relaciones entre educación y democracia ha sido compartida por grupos como la comisión para la defensa de la democracia,10 administradores educativos,11 o especialistas en currículum representados más recientemente en los escritos sobre el papel de la educación para promover la democracia en una sociedad multicultural12 y en publicaciones de la Federación Americana de Maestros sobre la enseñanza de valores democráticos.13

La consolidación de la democracia en América Latina presenta importantes desafíos a los sistemas educativos. La búsqueda de respuestas a estos desafíos puede seguir al menos tres líneas de acción complementarias.

Una línea es la investigación y reflexión, mas bien de tipo teórico, cuya preocupación central es identificar nuevas metas y programas para la educación en democracia. Esta línea es la que domina en los escritos de la década pasada citados anteriormente.

Otra línea de búsqueda es el ensayo y la innovación pedagógica, representados en innovaciones como las escuelas Fe y Alegría en doce países de la región, la Escuela Nueva en Colombia, el Programa de las 900 escuelas en Chile o los programas para educación en democracia en Costa Rica. Fe y Alegría, una innovación auspiciada por la Compañía de Jesús iniciada en 1955 en Venezuela, intenta brindar educación de calidad a los pobres, enfatiza las relaciones entre la escuela y la comunidad y la formación de valores y destrezas sociales. La Escuela Nueva, iniciada en 1974, es una alternativa para ofrecer educación de calidad en zonas rurales en Colombia que enfatiza también la relación de la escuela con la comunidad y la formación de destrezas sociales y la democracia escolar. El Programa de las 900 escuelas, una iniciativa del reciente gobierno democrático para brindar educación de calidad en las escuelas más pobres de Chile enfatiza también la relación entre la escuela y la comunidad y la autonomía escolar. La reciente reforma de la educación básica costarricense incluye proyectos de desarrollo curricular y capacitación docente. La publicación del libro Los procesos de enseñanza y aprendizaje en una sociedad democrática como parte de esta reforma reflejan la prioridad asignada a la educación para enseñar a vivir en democracia.

Una tercera línea para establecer las relaciones entre educación y democracia es el estudio de casos. Estudiar el desarrollo de los sistemas educativos en países con y sin democracias permitirá profundizar nuestro conocimiento del papel de la educación en el desarrollo de sociedades democráticas.

Con este propósito, este artículo presenta un análisis de la evolución, logros y desafíos del sistema educativo de Venezuela, un país latinoamericano con tres décadas de experiencia democrática. El interés del caso deriva no sólo del hecho de que Venezuela es uno de los países de más larga tradición democrática en la región, sino de que a pesar de haber sido uno de los países que más recursos ha destinado a la educación14 confronta muy pobres resultados del sistema educativo. Estas fallas del sistema educativo en educar a la ciudadanía y para obtener empleo productivo no son ajenas a la fragilidad del sistema político que durante 1992 sufrió dos intentos de golpe militar.

El caso ilustra que el desarrollo del sistema educativo no puede sólo esperarse automáticamente con la llegada de un régimen democrático, y que no es suficiente con invertir mucho dinero en el sector. Propongo tres hipótesis centrales para explicar el fracaso del sistema educativo venezolano para consolidar la democracia iniciada en 1958:

1) El uso del sistema educativo como instrumento para clientelismo político.

2) El descuido de los niveles básicos de educación, a los que tiene acceso la mayoría de la población, en dos áreas: educación de calidad, que permita acceder a empleos productivos, y educación para la participación democrática.15

3) La falta de autonomía de las escuelas, que ha impedido a los directores y docentes coordinar su tarea con la comunidad educativa para generar respuestas propias a las dos áreas mencionadas en la hipótesis anterior.16

Por esto no debe entenderse que atribuya al sistema educativo la responsabilidad principal por la crisis política de Venezuela. Factores clave en dicha crisis han sido, entre otros, la ineficiencia del sistema judicial, los niveles de corrupción en la administración pública, la austeridad resultante de los programas de ajuste económico y la degradación del debate y de las reglas del juego político. El sistema educativo, sin embargo, no ha actuado en dirección opuesta a la crisis política.

En relación a la educación para la productividad, por ejemplo, mientras se discute un proyecto para importar 50.000 trabajadores calificados de otros países (un reconocimiento tácito del fracaso del sistema educativo), los niveles de desempleo aumentan a niveles sin precedente.17 Entre los desempleados 43% provienen del tercio más pobre de la población, y de ellos más de la mitad (57%) no han completado la escuela primaria.