22 de Julio de 2018
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Colección:
La Educación
Número: (116) III
Año: 1993

La corriente latinoamericana

Al referirnos a la investigación cualitativa que se usa dentro de los países latinoamericanos, resalta a primera vista, la investigación participativa o de acción, denotada así, por sus principios dentro de la investigación de la educación de adultos y la educación popular (Gajardo 1983; 1985). Sin embargo, la investigación cualitativa en los países latinoamericanos se remonta a la época precolombina en la cual se utilizaban las tradiciones orales y la comunicación descrita por los códices y jeroglíficos de grupos indígenas. Durante la conquista, los primeros redactores-etnógrafos, del mundo occidental, como Bernal Díaz del Castillo o Bartolomé de las Casas, describieron con gran detalle al nuevo mundo desde sus perspectivas, El mismo Alejandro Humboldt, nos describió no sólo la flora y la fauna de cada país que visitó, sino el mismo medio ambiente que lo circundaba.

Las bases para el desarrollo teórico-metodológico de la investigación cualitativa para América Latina, se construye sobre bases diferentes a la de Norteamérica y Gran Bretaña. Como lo indica, Leticia Barba (1992):
En la tradición latinoamericana existe una gran influencia del neomarxismo (Freire y Gramsci, principalmente), de la Teología de la Liberación y de un grupo de autores latinoamericanos que teorizan a partir de las prácticas de educación popular y de las prácticas de investigación cualitativa, rebasando dichas prácticas, la elaboración teórica. La mayor parte de la producción teórico-metológica se ha hecho alrededor de la educación no formal.
La investigación participativa se ha ido introduciendo paulatinamente dentro de los ámbitos académicos y no formales desde los años 70, fomentados en gran parte, por las ideas de Paulo Freire y por los movimientos de educación base en Brasil (Torres 1985). Surge como un reto a las explicaciones de los métodos puramente cuantitativos y a la posición positivista2 que impera en todo Latinoamérica en diversas formas (Fals Borda 1981a; 1981b).

La década de los años 60, bajo la presión de organismos internacionales, se enfatizan enfoques participativos como herramientas metodológicas para ser utilizadas dentro de proyectos sociales y con el fin de contribuir al desarrollo económico de los países Latinoamericanos (Zúñiga 1979, 9). Siendo esto la herencia de la época de la Alianza para el Progreso impulsada por John F. Kennedy como reacción contra la revolución cubana y la instauración del socialismo en la isla según René Baez, en sus “Teorías sobre el Subdesarrollo.” El mismo programa de la Agencia para el Desarrollo Internacional va dirigido a una transferencia de la tecnología educativa, siendo sus metas: educar a más, con más eficiencia, a menos costo.

En Sudamérica, el Centro de Investigación y Desarrollo de la Educación (CIDE) desde los años 60 inicia una trayectoria cualitativa que llega a conocerse más ampliamente después del cambio de la junta militar en Chile. Desde 1974, el CIDE como también el Programa Interdisciplinario de Investigaciones en Educación (PIIE) han contribuido a la corriente de investigación cualitativa con una serie de estudios cubriendo no sólo el currículum en el trabajo de Abraham Magendzo (1986), sino también estudios del género.

En 1977, el Centro Regional de Educación de Adultos y Alfabetización Funcional para América Latina, (CREFAL) de México, hizo un inventario de proyectos e instituciones que llevaban a cabo investigaciones en la educación de adultos. Se encontró, que “de los 586 proyectos de investigación revisados, solo una mínima parte, el 5% estuvieron relacionados con la investigación participativa” (Zúñiga 1984, 2). Las campañas de alfabetización llevan consigo la preocupación de no sólo crear alfabetas funcionales, sino también cómo integrar al campesino de áreas agrícolas al medio ambiente moderno. Países como Chile, Perú, Colombia experimentan con diversos proyectos y en Brasil surge el programa de alfabetización creado por Paulo Freire que enfatiza el uso de temas generativos y los procesos de concientización (concientizacao), como conceptos ampliamente aceptados.

Para los años 80, la regionalización y la descentralización de la educación en varios países latinoamericanos, permite que la investigación participativa se vaya integrando más al campo de la educación comunitaria y de acción social con fines educativos. Aparecen de acuerdo con la revisión de la literatura de Beatrice Ávalos (1986), los primeros estudios etnográficos del fracaso escolar en Colombia.

También surgen desde 1971, los estudios de currículum y docencia en México, promovidos por el Departamento de Investigaciones Educativas del Instituto Politécnico Nacional (CINVESTAV del IPN) bajo la dirección de Elsie Rockwell. La investigación cualitativa se inicia por medio de dos instituciones en México: 1) el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS) y 2) el Departamento de Investigaciones del Instituto Politécnico Nacional. A través del Departamento de Investigaciones se producen una serie de trabajos que caben dentro de lo que se considera ser “etnografía crítica” (Rockwell y Mercado 1986).

De hecho, Martha Corenstein (1992a), quien ha hecho un inventario de los estudios etnográficos en México desde los años 70, señala la existencia de tres perspectivas inicialmente que influyen a dichos estudios: 1) estructural-funcionalista, 2) la teoría de capital humano, y 3) el empiricismo hasta los años 80. A partir de los 80, estudios con una perspectiva 4) socio-histórica y política;3 y 5) de acción participativa han surgido, siendo la más reciente perspectiva la de 5) estudios de casos de escuelas y aulas, y la investigación de práctica docente llevada a cabo por catedráticos de diversas instituciones4 y el Centro de Investigaciones y Servicios Educativos (CISE) de la Universidad Nacional Autónoma de México y el Departamento de Investigaciones del Politécnico.5

En esta década la Universidad Pedagógica Nacional6 y diversos centros, institutos, y departamentos, no sólo en la ciudad de México, pero en diversas instituciones estatales se han dirigido a llevar a cabo estudios etnográficos.7 En algunos casos, la investigación cualitativa ha surgido como una reacción a la situación económica y por lo tanto es reciente, y en otros casos ha empezado a desarrollarse más sistemáticamente con diferentes enfoques. Dentro de este medio se ha ido caracterizando un enfoque feminista, con los estudios de género de la Dra. Graciela Hierro y de Graciela Delgado en la Universidad Nacional Autónoma de México abordando lo filosófico, educativo y literario (Delgado 1992).

En 1984 y 1986, Martha Montero-Sieburth, bajo el auspicio de las Universidades de Costa Rica, y la Universidad Nacional en Heredia, introduce unos seminarios8 dirigidos a la enseñanza de métodos cualitativos para el desarrollo de futuros estudios del aula y del currículum. La perspectiva que se maneja es introducir los aportes que tanto la investigación cualitativa norteamericana y británica tienen en la búsqueda de un paradigma propiamente nacional.

Los seminarios sirven como base para que se desarrollen dos estudios del aula llevados a cabo por investigadores del Instituto para el Mejoramiento de la Educación Costarricense (IIMEC) de la Universidad de Costa Rica durante los últimos siete años (Brenes, Campos, Garcia y Rojas 1991).9 Lo que caracteriza a estos estudios, son la base organizacional y de grupos participativos en el proyecto además de la investigación de acción y del uso del lenguaje. A su vez, la Organización de Estados Americanos a través del Programa Regional de Desarrollo Educativo y el Centro Multinacional de Investigación Educativa y el Ministerio de Educación Pública de Costa Rica inicia un curso de capacitación en la Investigación cualitativa en enero de 1985. El propósito del curso es introducir las técnicas, principios y conocimientos de la investigación cualitativa, de acción e investigación participativa a investigadores en el país.10

En 1989, aparece el libro de Beatrice Ávalos sobre estudios etnográficos de docencia, maestros y alumnos en ambientes pobres de Bolivia, Chile, Colombia, y Venezuela titulado, Enseñando a los Hijos de los Pobres: Un Estudio Etnográfico en América Latina, publicado por el Centro de Desarrollo e Investigación Internacional de Canadá. Este aporte fortifica la investigación cualitativa en América Latina.

El mejoramiento cualitativo de la educación se torna en un lema para muchos de los países latinoamericanos. La investigación cualitativa es vista en centros universitarios y en sedes educacionales, como un vehículo hacia ese mejoramiento cualitativo. Como se entiende que el fin de la investigación cualitativa es utilizar los resultados de la investigación para la acción, o sea para transformar la realidad, esto conlleva la generación de autogestión—que implica compromiso y promoción. La investigación cualitativa es vista en los países latinoamericanos no sólo como descripción o identificación de los problemas educativos, sino como la generación de alternativas y de promoción de formas de participación social para transformar dichos problemas.

Sin embargo, a su vez, cabe señalar que la investigación cualitativa decae en centros universitarios no por el mérito de sus técnicas o metodologías, sino por la asociación que se hace de estudios cualitativos con grupos comunitarios y gente de ideologías de izquierda. Es tanta la politización de la investigación cualitativa que en algunos casos sufren los investigadores en carne propia las consecuencias de señalamientos políticos. En Guatemala, lingüistas apoyando el desarrollo de la educación bilingüe para los indígenas mayas se encuentran muertos, en otros países, etnógrafos llevando a cabo estudios de comunidad, son esquivados y tratados diferencialmente.

Para la presente década, cabe señalar que algunos de los países latinoamericanos resisten la introducción de modelos puramente extranjeros ya que buscan una identidad nacional para llevar a cabo la investigación y el desarrollo de modelos curriculares (Baraptarlo y Theesz 1982; Montero-Sieburth 1992). Por el otro lado, hay países que importan los modelos de “moda” en los países industrializados, usándose sin discriminación alguna al contexto en que se aplican. En algunos casos se han “moldeado” estudios cualitativos de estudios que propiamente son cuantitativos en formato y elaboración.

La realidad en estos momentos es que por lo costoso que es llevar a cabo la investigación cualitativa, muchos de los países latinoamericanos han logrado llevar a cabo investigaciones y proyectos sólo a través de financiamiento del extranjero, por iniciativas privadas, y por interés institucional. Son pocas las instituciones que han logrado mantenerse independientes de un sector u otro para llevar a cabo la investigación cualitativa.

Hoy en día, la investigación cualitativa se acopla a los métodos cuantitativos. Puede ser el inicio de un estudio longitudinal, o de una comunidad vista a través de varios aspectos, puede ser usada en el desarrollo de diseños de investigación como diagnóstico, puede ser encajada dentro de un estudio cuantitativo para producir las “descripciones gruesas” y ricas de situaciones, y también puede ser utilizada para desarrollar proyectos curriculares, a los cuales se le dan seguimiento con la investigación cuantitativa. Es importante enfatizar que la investigación cualitativa es más que una metodología, señala Leticia Barba (1992):
...es una posición frente al conocimiento, su producción y su uso, que cumple también con principios de justicia social en cuanto a que cambia las preguntas: ¿no tanto qué?, ¿sino quién?, ¿no tanto cómo?, ¿sino para qué? y ¿para quién?
En síntesis, es obvio que la investigación cualitativa en los países latinoamericanos ha sido ecléctica, llena de influencias e intereses que han determinado su extensión. La política ha determinado hasta que punto existe la investigación cualitativa, y como se interpreta su uso dentro de contextos comunitarios, académicos y demás. Hay una gran cantidad de estudios que han surgido de las mismas comunidades, pero el número de estudios del aula son pocos y con una gran necesidad de ser ampliados, porque no sólo ayudan a comprender la cultura del aula sino porque también señalan hasta qué grado las políticas educativas a nivel nacional llegan a tener impacto directo en el aula. Por lo tanto, la investigación cualitativa necesita seguimiento y la dotación de recursos que la institucionalice como parte del patrimonio nacional de los países latinoamericanos.

Influencias y aportes de dichas corrientes

El haber descrito estas corrientes y su estado en el presente no quiere decir que se puedan encajonar nítidamente dichos enfoques en ciertos paradigmas y orientaciones. Al contrario, las realidades de los investigadores pueden ser meta en sí. Por lo tanto, el propósito de este trabajo ha sido demostrar como dichas corrientes influyen y son influidas de tal manera que se pueda crear colaboración entre los enfoques de Norteamérica, Gran Bretaña y Latinoamérica de acuerdo a intereses y motivación.

Los aportes que son reconocibles y que sirven a futuros investigadores latinoamericanos son:

1. Reconocer el contexto propio de la investigación, el hacer investigación cualitativa en Honduras o Brasil no quiere decir por ende que se traduce o traslada a otro contexto sin ajuste. Las presiones sociales, económicas, políticas e ideológicas definen que tanto puede haber una intervención de otros contextos.

2. Analizar nuestros contextos a través de cuestionamientos críticos, De hecho, tenemos que ver las contradicciones que vivimos. Queremos consagrar a nuestros antepasados indígenas y paradójicamente los discriminamos en la forma que los tratamos. Queremos brindarle el acceso a la mujer a través de la educación, y a la vez creamos obstáculos.

La democracia existe cuando los mismos derechos humanos se difunden a todos los participantes en una sociedad. ¿Puede haber equidad para aquéllos que hablan otras lenguas, tienen otro color de piel, son de zonas rurales o de otro sexo? La investigación cualitativa necesita concentrarse sobre las desigualdades que existen en la sociedad y documentarlas para comprenderlas y transformarlas.

3. Difundir la investigación cualitativa más allá de las universidades a aquéllos que más la necesitan como herramienta de aprendizaje —y enseñanza— los maestros, directores, padres de familia, estudiantes, etc. Es decir, la investigación cualitativa debería de servir como el enlace entre las instituciones de educación superior y las comunidades sin ser propiedad de uno u el otro.

4. Sin tener que recaer en la adaptación de modelos educativos que estén descontextualizados a la realidad latinoamericana, será importante crear redes de comunicación colaborativas en las cuales los proyectos templados por la investigación, puedan ser “reinventados” en nuestros contextos. Es decir, readecuar proyectos del extranjero tiene que llevarse a cabo, habiéndose estudiado su necesidad y si la infraestructura existe que permita su introducción. Antes de asumir que existen estas necesidades, hay que llevar a cabo estudios de profundidad para su aceptación. Imitar por imitar es una gran pérdida de dinero y de recursos humanos.

5. Hay que buscar modelos relacionados a la realidad de los países latinoamericanos, como el proyecto de la Universidad de Nuevo México y el programa del Centro de Investigación y Servicios Educativos de la Universidad Nacional Autónoma de México, el Departamento de Investigaciones Educativas del Instituto Politécnico Nacional de México, los seminarios del Instituto de la Investigación para el Mejoramiento de la Educación Costarricense de la Universidad de Costa Rica, entre muchos otros. A través de talleres se estudian aulas a nivel de educación superior, el estudio del rol de la mujer, el currículum oculto, etc.

Colaboraciones de este tipo de intercambio son fructíferos para investigadores con varios niveles de conocimiento. En los Estados Unidos, el Foro Etnográfico de la Universidad de Pensilvania atrae a diversos investigadores para exponer sus ideas una vez al año. Se necesitan seminarios como éstos, en que el maestro mismo se convierta en un profesional capaz de hablar críticamente sobre su aula.

6. Hay que crear una cultura de colaboración en la investigación, no sólo entre investigador y participantes, sino también entre los mismos participantes. Al trabajar con maestros dentro del aula, es imprescindible poder observar a dichos maestros, ser observado por ellos, y a su vez que dichos maestros se observen entre sí. Será importante modelar para los participantes los mismos comportamientos que la investigación pretende describir. En algunos casos, la preguntas claves de la investigación brotarán de la misma participación e interacción que se ha creado.

7. Retomar procesos que vienen de tradiciones olvidadas como un proceso de apropiación, como son los métodos de a) historias de casos, orales de la vida diaria, b) narrativas orales de significados cotidianos, como las de mujeres agredidas que tienen su propio discurso, etc. El folclore de grupos que van desapareciendo como memoria del pasado hacia el presente.

8. Recobrar el sentido de sensibilidad, falibilidad y humanidad que existe en la investigación cualitativa, tanto para el investigador como para los participantes, sabiendo que el compartir esa humanidad crea la apertura para este tipo de investigación.