21 de Enero de 2018
Portal Educativo de las Américas
  Idioma:
 Imprima esta Página  Envie esta Página por Correo  Califique esta Página  Agregar a mis Contenidos  Página Principal 
¿Nuevo Usuario? - ¿Olvidó su Clave? - Usuario Registrado:     

Búsqueda



Colección: La Educación
Número: (115) II
Año: 1993

8. Franco FERRAROTTI. La historia y lo cotidiano. Buenos Aires: Centro Editor de América Latina, 1990, 172 p., notas, bibliografía, índice.

Sociología y filosofía, dos disciplinas que suelen aparecer divorciadas, encuentran en el discurso de Ferrarotti una inesperada armonía. La curiosidad por lo humano, por el dato cotidiano, por lo obvio, lo rutinario, no se produce nunca en el cómodo aislamiento académico, sino que se presenta constantemente confundida con su época, mezclada en la historia, como singular expresión de un universo que la constituye y es a su vez constituido por ella. La cotidianidad realiza la historia mientras el hombre trata de comprender su lugar en el mundo. Aquí es donde hay que buscar a la historia, en la asunción crítica que un proyecto realiza sobre su pasado, como la superación que conserva al superado en una síntesis comprendiente que lo niega sin excluirlo. Pero si se destaca que la cotidianidad constituye la historia es porque se es consciente de que ésta se encuentra limitada por un proceso histórico determinado. La cotidianidad no es una abstracción, es aquí y ahora, tiene su temporalidad, vive ensimismada en su siglo inevitable, con su cultura o contra ella.

Franco Ferrarotti ganó en 1960 el primer concurso que instituyó la cátedra de Sociología en Italia, cargo que mantiene desde entonces. Su nombre durante muchos años ha sido sinónimo de sociología, aunque su voluminosa producción expresa dos líneas convergentes que destacan, una, las grandes construcciones teóricas, el análisis en toda su profundidad, la filosofía; la otra, preocupada por el dato, la praxis, la verificabilidad, el regreso crítico sobre cada aserción, más cercana a la sociología. La historia y lo cotidiano es, en esta óptica, un trabajo central. Refleja fielmente sus inquietudes mientras propone al lector un método. La interrelación entre sociología y filosofía se desenvuelve a lo largo de sus páginas. Tal vez sea un nuevo modo de hacer sociología, tal vez sea el primer modo, la olvidada crítica social que ha quedado sepultada bajo una ordenada mole de números, debajo del mito de la precisión cuantitativa, el fetichismo de la exactitud que reduce el ámbito del conocimiento para hacerlo coincidir con el de la medición (p. 10). Es fácil sentir el eco de la crítica de Husserl al cientificismo y a la pretendida objetividad del número. La sociología, queriendo emular a las ciencias exactas, termina destruyendo su objeto de análisis. El ser humano pierde en ella su voz y su libertad. Las estructuras de análisis se transforman en cárceles sofocantes. Afortunadamente el hombre es libre y el acontecimiento inesperado pone al descubierto la precariedad del reduccionismo mecanicista. El proyecto científico fracasa, justamente porque ignora —como por otro lado todos ignoramos— lo imprevisto. Daniel Bertaux señala, en un trabajo colectivo presentado para homenajear a Franco Ferrarotti con motivo de sus 30 años de enseñanza universitaria, que las ciencias humanas, si quieren ser exactas, sólo se podrán construir sobre el cadáver del ser humano. Eppur si muove, la frase murmurada en voz baja por Galileo Galilei, parece adquirir en esta circunstancia renovada actualidad.

Pero el carácter central de este trabajo está también dado por el hecho de ser el segundo volumen de La trilogía de la temporalidad. Precedido por Storia e storie di vita (1981) y recientemente completado por Il ricordo e la temporalità (1987). Mientras la primera es una obra preferentemente metodológica, la última analiza el ritmo de la historia, el tiempo y su contexto, la duración y la vivencia que tenemos de ella. La historia y lo cotidiano se inserta perfectamente entre estas dos temáticas, brindando una visión representativa del conjunto de la trilogía.