25 de Abril de 2018
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Colección:
La Educación
Número: (115) II
Año: 1993

2. Veo que son múltiples los aspectos que ustedes han abordado junto con la tarea de investigación. Particularmente, me llama la atención la importancia que ustedes le asignaron al problema de la formación y la capacitación de maestros. El hecho de haber capacitado a más 20.000 maestros me parece que es una experiencia especialmente relevante. ¿Qué es lo que usted considera esencial, o importante, en la capacitación de los maestros?
El problema realmente serio es que, en general, hasta hace muy poco tiempo, en prácticamente todos los países, la idea de que enseñar a leer y a escribir es lo más fácil del mundo era aceptada sin duda alguna. Entonces, en las escuelas normales, o en otras instituciones dónde se formaban los maestros, o se forman todavía, no se preocupaban mucho por prepararlos para enseñar a leer y a escribir. El razonamiento empleado era simple: si es tan fácil, si todo el mundo lo puede hacer, ¿para qué gastar tiempo en la enseñanza de la lectura y la escritura, cuando, a los futuros maestros, podemos enseñarles cómo enseñar matemáticas, geometría, ciencias, etc., sobre todo en los últimos años, en los que se necesitan más conocimientos?

Entonces, no se daba realmente ninguna formación específica a los maestros para enseñar la lectura, la escritura y las matemáticas elementales en los primeros años de la educación básica general. En el caso de México, identificamos que, efectivamente, en las escuelas normales normal no se había hecho incapié en eso. Había, por tanto, que invitar a las escuelas normales a que lo hicieran. Pero, después, era preciso procurar que todo el ejército de maestros que estaban enseñando en los primeros años asumieran el mejoramiento de sus capacidades de enseñanza, apartir de las condiciones en que estaban.

Encontramos situaciones dramáticas. La mayor parte de los maestros de primer año acababan de salir de la escuela normal. No tenían ninguna experiencia. Al ir al trabajo docente, los directores de las escuelas solía decirles: “vamos a darles lo más fácil. Vamos a darles primero y segundo grado.” Desafortunadamente, es justamente esta tarea la más difícil que hay en la práctica educadora.
La segunda cosa que encontramos es que había, en los primeros años de la escuela primaria, muchos maestros castigados. Fíjese qué cosa más interesante: se consideraba, por alguna razón, que no habían sido buenos maestros en los últimos años, o que habían tenido problemas con la autoridad, etcétera, y se los ubicaba justamente en primero y segundo grado. Maestros con verdadera vocación o interés de enseñar en los primeros años, casi no encontramos. Todos los maestros decían: “en cuanto yo pueda, me voy de primer año”, o, “voy a pedir que me manden a tercero, o a cuarto”; y así. Claro está, el maestro que se consideraba más capaz, o al que se hacían mayores reconocimientos, era, por lo general, el que estaba a cargo del sexto año, cuando,justamente, debiera ser al revés.

Encontramos que era muy difícil hallar maestros con vocación para ayudar y apoyar estos primeros pasos de los niños, que son los más importantes para la iniciación en la educación. Nos dimos cuenta que, como resultado de esta situación, en lengua escrita y en matemáticas muchos niños habría de experimentar, posteriormente, toda clase de problemas. Hicimos una serie de estudios e investigaciones, todas ellas apoyadas por la OEA, y vimos que el problema de la lengua escrita tendría repercusiones hasta la universidad. Encontramos personas en la universidad que no saben leer. Saben descifrar los símbolos escritos, pero a la hora que usted les pone a estudiar un texto, o les pide que lo critiquen, que lo interpreten, estos estudiantes universitarios no saben hacer un resumen, no entendían las ideas principales. No pueden generalizar hacia otras situaciones. En una palabra, no tienen comprensión lectora.