17 de Julio de 2018
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Colección:
La Educación
Número: (115) II
Año: 1993

Construcción del conocimiento y educación ambiental


En el transcurso de la historia el ser humano ha enfrentado su problemática asumiendo posiciones desde diversas perspectivas, todas ellas sustentadas en procesos en los cuales la experiencia ha sido fundamental. La experiencia es entendida como el contacto que el hombre ha establecido con los hechos o fenómenos que le interesan y que forman parte de su universo de preocupaciones. Así ha sido construido los conocimientos; desarrollando la ciencia, la técnica y la tecnología como elementos importantes en la evolución social. Esta dinámica no debe ser ajena a los procesos educativos formales, pues ella garantiza, de alguna manera, al individuo la aprehensión de su realidad y, desde luego, en la actualidad puede ser vista como una opción conceptual y metodológica viable para los propósitos de la educación ambiental.

Esta opción contempla tres momentos:

1. Inicialmente el individuo construye su representación de la realidad con base en explicaciones previas que él tiene sobre una problemática específica y que provienen del universo educativo en el cual él está inmerso: saberes escolares y saberes naturales (relación con el medio) que son factibles de evolucionar cuando él las contrasta con nuevas situaciones.

2. En el segundo momento el individuo sale de la confrontación con su propio modelo, es decir con sus propias explicaciones, con sus propias teorías, con sus propios supuestos para entrar en confrontación con otros, reafirmando algunos elementos y desechando otros, dando lugar a explicaciones más sólidas que son producto del debate en la búsqueda del consenso. (interacción comunicativa).

3. En el tercer momento el individuo confronta sus nuevas explicaciones con el medio (nuevas hipótesis), buscando evidencias para sus argumentos, enriqueciéndolos. Esta actividad invita al compromiso, pues en todo el proceso está presente la interrelación con otros para transformar algo y obligando un compromiso colectivo y no individual.

Alrededor de todo este proceso, no solamente se desarrollan sus conocimientos, sino, a la vez, se desarrollan valores y actitudes (solidaridad, tolerancia, respeto, etc.) que redundan en beneficio de la formación de un individuo autónomo, seguro de su razonamiento, participativo, y ¿por qué no? autogestionario capaz de participar activa y concientemente en el desarrollo comunitario.

Lo anterior presupone además, como dice Giordan (1991), una nueva educación para la ciudadanía, no se trata de una educación cívica que, como hasta ahora, se ha encargado de describir las estructuras de organización de la sociedad con el objeto implícito de aceptarlas y “respetarlas”, sino, al contrario, se trata de una educación en la responsabilidad; lo que presupone una prioridad para el análisis de caso, para las reflexiones críticas, para los debates y para la adquisición de competencias. No sería entonces “aprender para admitir”, sino “comprender para actuar”.

Estos planteamientos dejan ver una concepción distinta de lo que es “el aprender” y “el enseñar”; aquí “el aprender” no es memorizar una forma explicativa del otro (el maestro y/o el texto escolar) con respecto a un fenómeno particular; es seleccionar los elementos requeridos para la construcción de una propia explicación, que le permita al individuo tener ojos propios frente a la realidad (la mirada de un individuo debe problematizar la mirada del otro). “El enseñar” no es transmitir sino transformar; es poner sobre la mesa un modelo explicativo que corresponde a una manera muy particular de ver la realidad; y que como todo modelo, pueda aportar elementos enriquecedores a otro para transformarlo o argumentarlo, en la medida en que permita el intercambio. Este intercambio debe contener como parte fundamental tanto las variables internas como externas de la explicación, para una real comprensión de los modelos resultados de la generalización y el avance de los mismos en la interpretación de los fenómenos.

Si “enseñar” y “aprender” se puede llamar a los procesos mediante los cuales se hace una puesta en común de las formas de ver el mundo (en torno a una problemática particular), buscando puntos de vista generales, sin perder los propios, éstos son procesos formativos verdaderos que obligan a la inclusión de la dimensión ambiental, como posibilidad de un conocimiento real de las dinámicas culturales, sociales y naturales.

Esta concepción, generalmente esbozada, puede permitir encontrar algunas alternativas metodológicas de tipo curricular para la educación ambiental que posibiliten vincular la escuela con la comunidad; como es el caso de los proyectos escolares, correspondientes a proyectos más amplios a nivel local, regional y nacional.