19 de Enero de 2018
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Colección:
La Educación
Número: (115) II
Año: 1993

RESUMEN

Este artículo parte de la tesis de que ciertas formas de organización social generan una mayor intrusión en el mundo natural que otras y que los modelos prevalecientes de desarrollo económico han sido particularmente hostiles a la “naturaleza”.

El análisis procede a una consideración de la economía política y la crisis del medio ambiente e identifica patrones amplios de destrucción ambiental en América Latina.  La autora destaca una característica central de este proceso:  mientras que los beneficios económicos derivados de la explotación de los recursos naturales se aprovechan en forma privada, la destrucción ambiental resultante se absorbe en forma pública.  Por consiguiente, ciertos grupos sociales se benefician de la destrucción ambiental pero otros se perjudican.  Resolver la crisis ambiental requerirá por tanto transformar los modelos de desarrollo prevalecientes, y esa transformación deberá producirse en el medio político, donde se establecen las prioridades del desarrollo.

El artículo termina diciendo que la educación es un punto de partida básico para tratar la crisis ambiental y que esa crisis es más que nada una crisis social.  Para ayudar a resolverla, por tanto, la educación debe tener un objetivo particular, definido por la propia crisis.  La educación ecológica, para ser eficaz, debe dejar muy claro que los problemas del medio ambiente, o los desequilibrios en los procesos naturales, tienen sus raíces en los desequilibrios sociales, es decir la desigualdad, la marginalización y el poder centralizado.  En este sentido, la educación ambiental constituye un foro importante para tratar la degradación del medio ambiente, pero también representa un punto focal de conflicto social.