17 de Enero de 2018
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Colección:
La Educación
Número: (114) I
Año: 1993

3. Winfried BÖHM. Teoría y praxis. México: CREFAL/PREDE-OEA, 1991,140 p., notas, bibliografía, índice.

El primer punto fundamental, al que Winfried Böhm da gran importancia, es una distinción rigurosa entre educación y pedagogía. Él entiende por educación, el proceso activo de la ejecución o realización, que es el educar. Por pedagogía entiende exclusivamente la ciencia o el pensamiento sobre educación. Mientras la primera es una actuación ideológica, en tanto que realización de una acción parcial y no total, es además la actuación hacia una finalidad dada; la segunda debe ser reflexiva y crítica. Esta cuestión no tiene ningún relieve en lengua española; sin embargo se nota su importancia tan pronto como se pasa a la lengua alemana o inglesa, por ejemplo. El idioma inglés carece de palabra semántica y conceptualmente equivalente a “pedagogía”, la actuación y la reflexión la indican con el vocablo “education”. Este hecho es para nosotros motivo de perplejidad: un “professor of education”, ¿enseña reflexión y pensamiento crítico o acción y métodos practicables? ¿O significa esto una mezcla acrítica de las dos dimensiones, que se deja para que el pensamiento crítico las distinga? En el idioma alemán sucede todo lo contrario, los alemanes utilizan el sustantivo, “pedagogía” y el adjetivo “pedagógico” para indicar la acción y las instituciones, personas, contenidos envueltos en la praxis educativa, también la dimensión teórica, así como una tercera dimensión llamada “metateoría de la educación”, es decir, los principios epistemológicos de la ciencia pedagógica. Existe aquí, asimismo, una causa de perplejidad. ¿Es un individuo que reflexiona magistralmente sobre los problemas pedagógicos, automáticamente un buen educador? Una madre que educa a su hijo con todo amor y sabiduría, ¿debe elevarse a las altas esferas de la reflexión pedagógica? Otro aspecto que analiza Winfried Böhm es la existencia de modelos filosófico, psicológico y sociológico, y los tres parecen agotar toda la sabiduría pedagógica; pero ¿dónde se halla el auténtico modelo pedagógico para interpretar o explicar la relación educativa? ¿Se diluye la pedagogía entre las tres ciencias citadas o se presenta independiente y autónomamente como discurso auténtico? Con el fin de identificar esta autenticidad de la pedagogía, Böhm va más allá de los modelos que conciben la educación como proceso inter-personal, y la interpreta como un proceso intra-personal. Según Böhm, el discurso pedagógico no tiene que definir la relación educativa en términos de cumplir sus dictámenes, ni del educador sobre el alumno, ni del alumno sobre el educador, ni combinados. Lo importante para Böhm es que la educación, como proceso intra-personal, no sea sino la actuación de la persona misma, que no puede llevarse a cabo por otra persona desde el exterior; más allá de la provocación y la animación, ha de realizarse en el interior de la persona misma. Unicamente de esta forma la pedagogía puede dar una interpretación pedagógica a la relación educativa.

En lo expuesto está el “quid” de la pedagogía personalista de Winfried Böhm y de é1 parte para desarrollar su antropología, teleología y metodología personalista. Su antropología excluye radicalmente toda limitación del hombre en su naturaleza individual, es decir, sus deseos, intereses inclinaciones, impulsos, etc., como también en su naturaleza social. Su teleología excluye del mismo modo el reducir la educación a simple desarrollo normal, o simple socialización. Ni el modelo naturalístico, que considera al hombre como semilla-crecimiento natural-planta, ni el modelo socialista, que ve al hombre como “tabula rasa” —“invasión bárbara de la sociedad” o “pedazo de carne con ojos”— manejado hasta ser socialmente útil, ninguno de ellos da una visión total, sino parcial, del hombre y de su educación, siendo modelos determinísticos por sus limitaciones y, a menudo, negación de la libertad de la persona. También lo son en cuanto limitan y eliminan con frecuencia la dimensión ética, sin la cual no existe la libertad personal ni la educación de la persona. Para Winfried Böhm, la pedagogía debe ser pedagogía de la liberación o no existe. Consecuentemente, su metodología no se presenta como “didáctica” mecánica o tecnológica, sino, bajo forma de provocación liberadora y de actuación animadora. Los tres principios metodológicos fundamentales de Winfried Böhm son: (a) El educador como testimonio de valores. Winfried Böhm cita a menudo la célebre frase de Max Scheler, no hay más valores que los que lleva la persona sobre sus espaldas; (b) Ejemplos vividos tomados de la realidad histórica, religiosa o de la imaginación literario-teatral. W. Böhm se refiere aquí a la cultura renacentista, la cual daba relieve no sólo a los “buenos ejemplos” a imitar, sino también a las pasiones y bajos deseos, es decir a toda la gama que rige la vida humana; y, (c) El diálogo argumentativo entre educador y alumno. Para ilustrar estos principios, el autor define que es una situación educativa. Para Böhm, ésta se construye por el conflicto de dos proyectos de vida, el del educador y el del alumno. El problema educativo consiste en dar una solución a este conflicto, para ello —y siempre según Böhm— hay también diversas posibilidades.

De acuerdo con el modelo “filosófico”, en el que el educador es portador del saber y del orden, dominando por ello sobre el alumno, el docente dictará autoritariamente la solución y el educando la acatará o rechazará. (Sí-no, digitalmente). De acuerdo con el modelo “psicológico”, que da prioridad a la estructura psicológica individual, dominando por ello el alumno sobre el educador, este último deberá someterse a los deseos, intereses, inclinaciones e impulsos del alumno, siguiendo el principio pseudo-pedagógico del “laissezfaire”. De acuerdo con el modelo “sociológico”, la solución consistirá en una conveniencia o compromiso falso entre dos dominantes. De acuerdo con el modelo pedagógico, en el que no domina educador ni alumno, sino la verdad, el logos, la idea del Supremo Bien, la solución se halla en el auténtico consenso entre educador y alumno, el cual da preferencia a un proyecto sobre el otro. El consenso puede alcanzarse metodológicamente a través del testimonio del educador por la verdad, la razón y la bondad, por los ejemplos vividos y por el diálogo argumentativo. El riesgo aquí es doble; en el primer caso, el alumno puede comprender el testimonio, ejemplos y argumentos del educador, o no. En el segundo puede comprenderlos y seguirlos o comprenderlos y rechazarlos; aquí se halla la verdadera libertad, sin la cual no hay educación ni personalización del hombre. Éstos son dos límites innegables de la educación, la no comprensión y la decisión libre del alumno. Querer negar estos límites es negar la pedagogía misma. Queda una última cuestión. De acuerdo con el pensamiento de Winfried Böhm hay numerosas posibilidades para elegir. ¿Por qué hemos de elegir, pues, el modelo personalista? La única razón es que esta interpretación de la pedagogía resulta sumamente humana, porque da una visión más amplia del hombre y porque parece garantizar, superando aquí a los otros modelos, una sociedad que más que aglomeración de individuos o masa colectiva, sea una comunidad de personas libres y autónomas, que se comuniquen por consenso y vivan según éste. La lectura de éste libro no deja la menor duda de que Winfried Böhm llama a su pedagogía personalista, sin embargo sería un grave error el interpretar este adjetivo, personalista, en el sentido de un -ismo. Cuando habla de personalismo, lo entiende según ha sido utilizado por Jean Lacroix, es decir, como pensamiento anti-ideológico. La pedagogía personalista de Winfried Bóhm no es parcial ni ideológica, sino total e integral.

Luisa Margarita Schweizer