17 de Octubre de 2018
Portal Educativo de las Américas
  Idioma:
 Imprima esta Página  Envie esta Página por Correo  Califique esta Página  Agregar a mis Contenidos  Página Principal 
¿Nuevo Usuario? - ¿Olvidó su Clave? - Usuario Registrado:     

Búsqueda



Colección:
La Educación
Número: (114) I
Año: 1993

Introducción

Los estudios culturales que en los últimos veinte años analizaron el vínculo entre educación y transformaciones históricas, señalan a la juventud como uno de los principales destinatarios de los procesos de modernización emprendidos después de la segunda guerra mundial. Así, por ejemplo, en el cuadro que despliega la vida urbana durante la industrialización suele asociarse a los jóvenes no sólo con el cambio en los modos de producción a partir del aumento del nivel educativo sino también con un mayor dinamismo en el consumo de la tecnología de los medios de comunicación. En este sentido, el acceso a las competencias necesarias para la comprensión y participación en la sociedad moderna vincula de manera indisociable la escuela con la cultura mediática. Sabemos hoy que la posibilidad de adquirir, a través de la educación, el capital cultural necesario para interactuar en cualquier ámbito, es complementada y muchas veces confrontada con los modos de socialización y de acceso al saber que los medios escritos o audiovisuales hacen posible en la vida cotidiana. Por eso la conceptualización de la juventud como un “sector” que permite leer las diferencias en los modos de distribución social entrelazadas con las diversidades de sexo, raza o religión, delimita, no un segmento dentro de la sociedad, sino un conjunto de lenguajes, modos de acción y reconocimiento que atraviesa todas las prácticas culturales a partir de sus propios tiempos y duraciones. Entonces puede analizarse la aceptación o crítica de lenguajes e imágenes pero, en especial, de las nociones complejas de orden, autoridad o bienestar general que los medios y la escuela pero también la familia contribuyen a elaborar. En América Latina esto es especialmente importante porque permite analizar la cultura joven como resignificación de la cultura audiovisual urbana y, fundamentalmente, como transformación de los modos en que se produce sentido en las prácticas de la vida cotidiana para crear instancias de participación y reconocimiento. Por eso la relevancia de la juventud como zona productiva de los estudios culturales en América Latina se relaciona, históricamente, con los esfuerzos por estudiar el funcionamiento institucional de la autoridad y la distribución de oportunidades sociales en los recientes procesos de democratización.