10 de Diciembre de 2018
Portal Educativo de las Américas
  Idioma:
 Imprima esta Página  Envie esta Página por Correo  Califique esta Página  Agregar a mis Contenidos  Página Principal 
¿Nuevo Usuario? - ¿Olvidó su Clave? - Usuario Registrado:     

Búsqueda



Colección:
La Educación
Número: (114) I
Año: 1993

NOTAS

1. Véase, por ejemplo, Philippa Foot, Virtues and Vices (California: University of California Press, 1979).
2. Aristóteles, Nicomachean Ethics (Hackett, 1985).
3. Véase especialmente E. Kant, Grounding for the Metaphysics of Morals (Hackett, 1981); y Critique of Practical Reason (Chicago: Chicago U. P., 1949). En general, Kant describe al agente moral como esencialmente racional y libre (en el sentido de que tiene control completo de sus acciones a través de su voluntad). Si las emociones como simpatía, pena o benevolencia tienen valor moral es sólo indirectamente: o porque ayudan a la persona a hacer lo que se debe (lo cual reduce a las emociones a meros incentivos presentes sólo cuando la persona no es moralmente madura) o porque “adornan” el carácter (en el cual pasan a tener un valor más estético que moral).
4. Platón, en general, argumenta que las pasiones son fuente de acciones irracionales y por ello las repudia en favor de una autosuficiencia intelectual. Con respecto a esto véase especialmente el “Fedón”, The Collected Dialogues, eds. E. Hamilton y H. Cairns (Princeton: Princeton U. P., 1961).
5. Esta tendencia está hoy representada por Alan Gewirth, Reason and Morality (1978); Thomas Nagel, The Possibility of Altruism (1970); Marcia Baron, “The Alleged Moral Repugnance of Acting from Duty”, Journal of Philosophy 81, entre otros. Es común a esta perspectiva el referirse a las emociones como “pasiones”, lo cual ciertamente enfatiza la pasividad y la falta de control de los seres humanos frente a las emociones. Para una posición contraria, véase A. Jaggar, “Love and Knowledge: Emotions in Feminist Epistemology”, Gender, Body, Knowledge: Feminist Reconstruction of Being and Knowing (New Jersey: Rutgers U. P., 1989).
6. R. Solomon, The Passions: The Myth and Nature of Human Emotions (Doubleday, 1976) xix (traducción mía).
7. H. Frankfurt, “Identification and Externality”, The Identities of Persons, ed. A. Rorty (California: California U. P., 1976) 245.
8. Frankfurt 244.
9. En su Friendship, Altruism and Morality (Routledge and Kegan Paul, 1980), Lawrence Blum recientemente ha cuestionado el criterio que Frankfurt usa para hacer la distinción entre externalidad e internalidad. En parte estoy de acuerdo con Blum aunque, como se verá en la sección siguiente, no comparto uno de los presupuestos que utiliza para criticar a Frankfurt: que la pasividad en el carácter moral tiene valor.
10. Blum 185.
11. B. Williams, “Morality and the Emotions”, The Problems of the Self (Cambridge: Cambridge U. P., 1973) 227.
12. Blum 185.
13. Blum 182.
14. Es importante que se entienda la diferencia entre la propuesta de Frankfurt y la mía. Aunque indudablemente Frankfurt considera que las emociones son importantes en el carácter moral, su importancia moral depende del que hayan sido intelectualmente aceptadas por la persona. Esto sugiere un cuadro en el cual el desarrollo moral depende únicamente de la voluntad y la razón cuya actividad precede toda otra. Sólo cuando una emoción es aceptada racionalmente es incorporada al grupo de disposiciones que la persona valora. En contraste, estoy argumentando en favor de una posición más abarcadora del desarrollo del carácter moral, en que la actividad racional debe ser suplementada por una receptividad emocional (que es activa) en la formación del carácter. El que uno sea receptivo a ciertas emociones no depende directamente de la voluntad, sino de predisposiciones afectivas. Por eso pienso que la actividad moral no debe ser concebida como un proceso racional simple, sino como un proceso complejo en el cual todas las capacidades humanas se ven activamente envueltas.
15. Lo que X necesita es no sólo cambiar sus creencias con respecto a este grupo (cosa que ya hizo), sino alterar sus emociones negativas, lo cual muy probablemente pueda hacer cuando aparezcan emociones positivas. Ser abierto y receptivo puede transformar las emociones indeseables. Un cambio de actitud es no sólo un proceso de cambiar creencias, sino de descubrir nuevos sentimientos y la realidad detrás de ellos. A esto llamo receptividad, lo cual considero que es el punto de partida para cualquier cambio de carácter y reorientación emocional.
16. Blum 190.
17. Iris Murdoch, “Vision and Choice in Morality”, Aristotelian Society 30 (1957): 44. Véase también The Sovereignty of Good (Schoken Books, 1971).
18. Debe subrayarse que la mía no es una propuesta por la “sentimentalización” de la vida moral, ni un argumento para mostrar que toda emoción, por el hecho de serlo, tiene valor moral. Simplemente quiero llamar la atención sobre un aspecto importante de la vida moral que ha sido dejado de lado por mucho tiempo. Reconocer que, en adición a la voluntad y el entendimiento, las emociones son parte importante de la moralidad no simplifica la tarea moral. Pero si esa complejidad no fuera inherente a dicha tarea, mucho de lo que consideramos valioso en la vida humana no lo sería.