20 de Septiembre de 2018
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Colección:
La Educación
Número: (114) I
Año: 1993

Introducción

La noción de carácter moral y de los aspectos fundamentales que lo constituyen está rodeada de ambigüedad. Dos posiciones en filosofía moral contemporánea presentan cuadros diferentes de lo que es el carácter moral. Por un lado, los eticistas que enfatizan el logro de la virtud conciben al carácter moral como desarrollado por una persona que tiene los deseos y emociones apropiados y que actúa de acuerdo con ellos.1 En esta perspectiva se defiende la tesis de que las virtudes son esenciales para tener carácter moral, el cual abarca todos los aspectos de una persona, no sólo el intelecto, sino también los deseos y las emociones. Esta posición no es nueva. Aristóteles fue uno de los primeros filósofos en señalar la importancia de la posesión y educación de emociones y deseos en el logro de la virtud.2

Sin embargo, no es esta la perspectiva prominente en filosofía moral la cual se ha visto fuertemente influenciada por un concepto que reconoce inspiración kantiana. Teóricos racionalistas consideran sólo las nociones de deber y obligación de central importancia en moralidad, y sostienen que las virtudes tienen un valor derivativo. Esta posición implica una visión del carácter moral en la cual se enfatizan los aspectos intelectuales y racionales del individuo y se descartan como parte de la estructura de la moralidad factores psicológicos como los deseos y las emociones. En efecto, no pueden ser importantes desde el momento en que, según esta perspectiva, las emociones son idiosincráticas y variables, y la moralidad es el reconocimiento de que hay ciertas demandas que no dependen de aspectos variables. Aunque en este modelo la noción de carácter pierde importancia, el mérito del carácter moral no radica en la posesión de emociones apropiadas, sino en la capacidad de dejarlas de lado para que la voluntad pueda ser determinada por principios morales racionales.

En este trabajo defiendo una versión de la tesis de que las emociones desempeñan un papel importante en el carácter moral de una persona. Para ello examino brevemente no sólo el concepto racionalista de la relación entre emociones, pasividad y carácter, sino también conceptos alternativos basados en trabajo reciente sobre la experiencia emocional. Es mi objetivo mostrar, primero, que la posición racionalista, al debilitar típicamente el papel que las emociones desempeñan en el carácter moral de una persona no llega a capturar un aspecto importante de lo que es ser moral (lo cual implica no sólo actuar de determinada manera, sino también ser receptivo y abierto a ciertos valores y emociones). Pero así como creo que las propuestas racionalistas son incorrectas, también voy a afirmar que están equivocados quienes consideran que el carácter moral debe ser en cierta medida pasivo. Me interesa mostrar que la actividad moral es esencial en la formación del carácter, pero que esta actividad no debe ser concebida sólo como actividad de la voluntad, sino que abarca los diferentes aspectos de una persona.