21 de Julio de 2018
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Colección:
La Educación
Número: (114) I
Año: 1993

Las emociones como acciones

En su afán de validar a las emociones, Robert Solomon las caracteriza como “juicios con los cuales estructuramos al mundo de acuerdo con nuestros propósitos, esculpimos al universo en nuestros términos, medimos los hechos de la realidad y, en última instancia, constituimos no sólo al mundo sino a nosotros mismos”.6 De esta manera pretende cuestionar no sólo la división tajante entre emociones y racionalidad, sino también la noción de que somos pasivos con respecto a las emociones. Por ello, en vez de aceptar la idea de que las emociones están más allá de nuestro control inmediato, Solomon las concibe como una clase de acción. De acuerdo con esta teoría, es incorrecto decir que las emociones actúan sobre nosotros; en cambio se afirma que más bien son el producto de nuestra voluntad y, como tales, componentes importantes del carácter moral.

Resulta claro que esta posición es una reacción contra la perspectiva que mantiene que como las emociones son fenómenos que experimentamos, somos pasivos con respecto a ellas. En contraste, Solomon prefiere argüir que nosotros las elegimos. La ventaja de su propuesta es clara: exhibe al agente moral como un ser con emociones y sentimientos y al mismo tiempo racional y libre. Puede alterar sus emociones cuando quiere. Sin embargo, el problema es que la perspectiva de Solomon sigue abrazando un concepto de moralidad que se concentra en la primacía de la voluntad, y por eso despierta la impresión de que si las emociones son valiosas es porque se las concibe como actos de la voluntad.

Esta interpretación, sin embargo, parece contraintuitiva. Para empezar, ¿por qué insistir en que elegimos a las emociones en el sentido convencional? ¿Acaso no es una vivencia familiar el sentir miedo, por ejemplo, aun cuando uno preferiría no sentirlo? Cuando experimentamos algunas emociones en cierto sentido se puede decir que no las elegimos, sino que “nos vienen”. La pregunta es: ¿es posible rechazar la posición que mantiene que somos impotentes con respecto a nuestras emociones sin tener que coincidir por eso con Solomon que las emociones son directamente controladas por la voluntad?