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Para tener en cuenta

 

         
 
 

1.- Ciudades Digitales: experiencias pioneras

Es usual señalar que la primera experiencia de “ciudad digital” habría surgido en Cleveland (EE UU.) en 1986 -Cleveland Free Net (1)- como un espacio para proveer servicios de telemedicina y tele-asistencia, interconectando al personal sanitario y habilitando el acceso de todos los habitantes a información y servicios de salud. En Europa, la primera Ciudad Digital -De Digitale Stad (2)- habría surgido en Ámsterdam (Holanda) en 1994, con manifiesto compromiso de la administración local en la promoción, puesta en marcha y mantenimiento de un foro ciudadano. En Iberoamérica, se crea en 2001 la Red Iberoamericana de Ciudades Digitales (3) con el objetivo de promover el desarrollo de la Sociedad de la Información a través de la cooperación entre ciudades, articulando al conjunto de actores claves: gobiernos nacionales y locales, sector privado, organizaciones, federaciones municipales y agentes locales. En Asia, el primer proyecto de Ciudad Digital se habría constituido en Singapur (capital de la República de Singapur) en 1992, el cual fue secundado por diversas iniciativas en Corea y Malasia (4).

Referencias:
(1) Cleveland Freenet- History of the pioneering community network which ran from 1986 to 1999:
http://www.geocities.com/Heartland/Plains/6271/freenet.html
(2) De Digitale Stad: http://www.dse.nl/  
(3) Red Iberoamericana de Ciudades Digitales: http://www.iberomunicipios.org/ (4) Elementos Básicos para una Ciudad Digital, Documento elaborado por el Grupo de Trabajo de Ciudades Digitales, Asociación Española de Usuarios de Telecomunicaciones y de la Sociedad de la Información (AUTELSI) http://www.autelsi.es/pag/pdf/ElementosBasicosparaunaCiudadDigital.pdf  



2.- Ciudades del Conocimiento

Se denomina “ciudad del conocimiento” a una comunidad en la cual, conforme a una estrategia general y un plan comprometido conjuntamente por la sociedad y el gobierno, los actores tienen el propósito común de construir una economía basada en el conocimiento, fomentando la continua creación, socialización, utilización, evaluación y actualización del capital intelectual comunitario.

Desde una perspectiva integradora, suele señalarse que las ciudades del conocimiento deben reunir las siguientes características:
a) Desarrollo de productos y servicios basados en el conocimiento.
b) Acceso universal, sistemático, efectivo y eficiente al conocimiento.
c) Capacidad para generar, atraer y retener trabajadores calificados en las áreas productivas seleccionadas.
d) Disponibilidad de centros cívicos abiertos a la diversidad y a la interacción personal directa.
e) Acceso a las TIC para todos los habitantes.

Si bien no existe aún una metodología consensuada para implantar Ciudades del Conocimiento, pueden apuntarse los siguientes "factores de éxito": a) entorno ético y cívico que induzca credibilidad y compromiso, b) voluntad política, c) visión estratégica, d) alto nivel educativo, e) entorno económico propicio, y f) infraestructura tecnológica.

3.- Relaciones entre Ciudad Digital y Ciudad del Conocimiento

En general, toda iniciativa de “ciudad digital” (CD) se enmarca –con mayor o menor nitidez- en una visión o una estrategia de “ciudad del cocimiento” (CC). Ambas nociones se sustentan en una concepción del desarrollo integral fundado en que cada individuo: a) participa en la dinámica comunitaria, procurando satisfacer sus propios intereses y contribuyendo a la consecución de intereses comunes, b) gestiona el conocimiento necesario para actuar efectivamente en las distintas esferas de su vida, c) dispone de recursos y de motivación para innovar y crear, y d) participa en un entramado de redes e interconexiones hacia adentro y hacia fuera de la comunidad.

Tal como podrá apreciarse, las cuestiones claves involucradas en la CD y la CC no son "tecnológicas", sino eminentemente axiológicas, cívicas, éticas, sociopolíticas, organizativas y económicas, debiendo ser tratadas con apropiados enfoques multi e interdisciplinarios.

La faz tecnológica no debe constituirse -en ningún caso- en el eje de la estrategia, del análisis ni del diseño, dado que su relevancia queda acotada a la de un mero insumo catalizador o disparador de un proceso que lo trasciende de manera plena y multidimensional.