El impacto de los problemas de alimentación
sobre los procesos de aprendizaje
(Carlos Gonzalez D´Alessandro, Argentina)
Después de respirar, no hay acción más imprescindible que comer. Lo que comemos condiciona nuestra salud física, el estado de ánimo y, muchas veces, nuestra expectativa de vida.
Una nutrición adecuada es fundamental para el aprendizaje diario, durante todo el año. De la misma manera en que el aprendizaje no finaliza cuando termina el año escolar, tampoco termina la necesidad de recibir una nutrición apropiada. Los niños que no pasan hambre aprenden mejor, se comportan mejor y se sienten mejor.
Las consecuencias de la mala alimentación se traducen en problemas de aprendizaje, falta de atención y trastornos de conducta. Estas secuelas quedan registradas en los indicadores de desarrollo humano como déficits sociales.
Tantas carencias afectan directamente el comportamiento escolar ya que se trata de chicos desganados, lentos, con poco entusiasmo o curiosidad para aprender. La desnutrición es una enfermedad caracterizada en la mayoría de los casos por carencias alimenticias acompañadas por ausencia de estimulación psicoafectiva. El grupo más expuesto es el de los lactantes y el de los niños en edad preescolar, ya que este período de la vida se caracteriza por un rápido crecimiento que exige un consumo mayor de calorías y de nutrientes.
Además de la baja estatura, problemas en la piel y una mayor propensión a contraer enfermedades, la mala nutrición dificulta el aprendizaje en los primeros años de vida. Esos problemas terminan por ahuyentar a los chicos de la escuela. Por lo general, se trata de niños que en la clase están ausentes porque no entienden, les cuesta razonar, pensar por sí mismos y así terminan repitiendo y al final abandonan. De este modo, inician de manera temprana una cadena de problemas que afecta de manera irreversible sus capacidades y potencialidades.
Existen investigaciones que demuestran que la falta de yodo y la anemia por
deficiencia de hierro están específicamente relacionados con el daño cerebral
en el desarrollo. Cuanto más tiempo los retrasos del desarrollo permanezcan
sin corregirse, mayor es la posibilidad que los efectos sean permanentes. ◄

