18 de Junio de 2018
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Colección: INTERAMER
Número: 70
Año: 2001
Autor: Rhonda Dahl Buchanan, Editora
Título: El río de los sueños: Aproximaciones críticas a la obra de Ana María Shua

13. RB: ¿Cómo concebiste los textos breves de La sueñera (Buenos Aires: Minotauro, 1984)? ¿Cuáles consideras que son tus influencias en este campo?

AMS
: Durante varios años, en el esfuerzo por pasar de la poesía a la narración, produje una cantidad de textos breves que no llegaban a ser cuentos: eran prosas poéticas. Si hubieran sido deliberadas, habría podido apreciar la buena calidad de su escritura, pero para mí eran solamente cuentos fracasados, y esos textos los odiaba por breves y por poéticos. Cuando finalmente pude terminar mi primer libro de cuentos y me sentí encaminada en mi primera novela, entonces sentí que había llegado el momento de desarrollar esa otra posibilidad, que ahora ya no era la única y por eso me la podía permitir. Para esa época un compañero de trabajo (otro escritor, como tantos que conocí, encadenado a los remos en una agencia de publicidad) me prestó su colección de El Cuento, la revista mexicana de Valadés. Allí encontré un espacio dedicado al cuento brevísimo de muchos autores que no conocía, y de pronto me encontré escribiendo yo misma un par de cuentos brevísimos para mandar a la revista. Así empezó La sueñera: escribí aproximadamente la mitad del libro al mismo tiempo que la novela Soy paciente. En cuanto a las influencias, destacó en primer lugar la importancia que el género tiene en la literatura argentina (es curioso, pero la mayoría de la gente lo olvida o lo ignora). Todos nuestros maestros han incursionado con felicidad en el género: Borges, Bioy Cásares, Cortázar, Denevi escribieron brevísimos. Y he leído con pasión brevísimos de autores tan dispares como Frederic Brown, con sus super-short-stories, y Henri Michaux, cuya obra conjuga como ninguna el género narrativo con el poético.