19 de Diciembre de 2018
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Colección: INTERAMER
Número: 70
Año: 2001
Autor: Rhonda Dahl Buchanan, Editora
Título: El río de los sueños: Aproximaciones críticas a la obra de Ana María Shua

El viaje como salto de nivel

En forma coherente con la lógica del universo de Shua, el viaje responde a esa estructura en la que los mundos se contraponen, guardan hacia adentro sus leyes y las mantienen. Los viajes que, por lo general, implican una transformación, un cambio de estado, la unión de dos puntos geográficos distantes, el pasaje de un antes a un después, no se realizan aquí durante el desarrollo de un proceso, mediante una transformación paulatina, sino a través de un salto, como si se pasara, por cierto, a otra dimensión. Y, de hecho, se trata justamente de eso. Dado que los universos se encuentran en diferentes niveles, es forzoso el salto. La línea que une los dos puntos geográficos se convierte en un lazo que apenas disuelve la dualidad. En este caso, La sueñera se presenta como paradigmática. Gran parte de la obra de Shua podría pensarse bajo la metáfora del viaje, del pasaje de lo conocido a lo desconocido. El salto, más que geográfico, es un cambio de paradigma; lo que cambia son los parámetros de la lógica en la que se mueven los personajes. Para llegar a otro país que se encuentra en la misma superficie (en el mismo nivel) la protagonista de “Mis aventuras en el centro de la tierra” se introduce en la profundidad de la tierra, desciende y pasa al otro lado. Desea llegar a la China cavando un foso desde su país, y en la trayectoria de ese pasaje se encuentra con un brontosaurio que sobrevivió gracias al calor que hay en el centro de la tierra. Así el pasaje es también temporal y no únicamente geográfico, el salto es temporal-espacial, se produce en dos niveles. Obviamente esto, igual que gran parte de las obras literarias existentes, funciona como una alegoría del trabajo del escritor, es decir que expresa el acto de salir de los parámetros de lo conocido para introducirse en otra realidad. En “Mis aventuras en el Polo Sur”, el cambio de nivel se realiza cuando el personaje se introduce en la boca de una ballena que funciona como otra dimensión en el relato.

En un reportaje de la revista Contratapa le preguntan a la autora qué cuento de los que integran El valiente y la bella le gusta más y Shua contesta: “Ajmed, el cargador” (13). Ajmed es un antihéroe que obtiene sus logros por casualidad, ya que su torpeza y su miedo deberían haberlo conducido a otro resultado. Supera las tres consabidas pruebas, siempre se sube al árbol y desde ese lugar desnivelado realiza su “hazaña”; el salto se produce en una misma geografía pero más arriba. En “El caballo de madera” la conexión entre los mundos se realiza a través del vuelo. El viejo caballero Arnulfo lleva a cabo su proeza final del otro lado de un puente levadizo. De pronto, en una simple expresión, se cuela esta frase: “subir el río.” Existe una predilección por bajar a las grandes profundidades o subir a alturas descomunales. Si bien es cierto que esta característica es propia de los cuentos maravillosos que abarcan todos los espacios de la tierra, la insistencia en el recurso en Shua es notable. De los viajes posibles, escoge el que franquea los límites del nivel cotidiano. “Ani salva a la perra Laika” y “Ani en la cordillera de los Andes” fueron publicados en un mismo libro y ambos presentan el viaje de la misma manera. Todos los cuentos brevísimos de La sueñera constituyen un salto de nivel, y el efecto está generalmente producido por el pasaje inmediato, brusco, el contraste producido por ese pasaje constituye el elemento de sorpresa.

“Guanaco blanco en la mitad de Francia” un cuento que fue escrito a pedido para formar parte de una antología que reunía cuentos bajo el tema del viaje, finalmente aparece publicado en El tigre gente. Lo notable es que al pensar en un viaje, Shua escoge el salto en el aire, un pasaje de un extremo al otro del planeta que se da en un instante el rebaño de vicuñas y guanacos que irrumpe en la escena haciéndose presente en un auditorio en un teatro. Además de mezclar las dimensiones de lo real y lo mítico, el relato une dos culturas o dos espacios desnivelados culturalmente.