20 de Septiembre de 2018
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Colección: INTERAMER
Número: 70
Año: 2001
Autor: Rhonda Dahl Buchanan, Editora
Título: El río de los sueños: Aproximaciones críticas a la obra de Ana María Shua

Consideraciones generales

Tal vez lo más impresionante de la obra de Ana María Shua es la atrevida manera en que utiliza recursos que encuentran su opuesto o su inversión en otro lado dentro de la misma obra. Entre esos movimientos antagónicos cabe citar: acumulación y disgregación, expansión y restricción, el objeto como prueba de verdad y el objeto desaparecido, reproducción y disminución, se desmaterializa lo material y se corporifica de lo intangible, el cuerpo como contracara de la escritura, el cuerpo como equivalente a la escritura, el desdoblamiento del yo y el otro como parte de sí mismo. En este universo todo lo que se considera una verdad dentro de una lógica se desmorona inexorablemente. El mito cae y con él las certezas. O al menos hay un intento de abolir ese espacio para crear otro nuevo con leyes menos apodícticas, el texto desmitologiza la realidad, se ponen en escenas sus trucos, su artificialidad y sus fracasos. Textos para vivir la incertidumbre que expresan la caída de un concepto positivista lógico del saber. Ya no hay un mundo ordenado que puede darle un férreo marco a los personajes; son los personajes los que levantan y hacen caer el escenario. La realidad es construida por una conciencia que se reconoce apenas como ejecutante del mundo circundante. Los personajes se encuentran sometidos a su propio poder, como si estuvieran en el interior de un caleidoscopio que no anticipa su forma. En este mismo sentido, cuando el personaje emprende una tarea descomunal, rompe con el precepto que afirma: el gran poder sólo es manipulado por los poderosos. Un mundo entra en otro, los límites están rotos y los personajes pagan el precio de semejante osadía de diferentes modos. Los cuerpos sufren los mismos percances. El universo se está moviendo y contiene muchos mundos y el lenguaje que no deja de asimilarse a ese doblez, a esa fluctuación, es concebido según las palabras de Borges: “como la luna, el lenguaje tiene su zona de sombra.”