22 de Abril de 2018
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Colección: INTERAMER
Número: 70
Año: 2001
Autor: Rhonda Dahl Buchanan, Editora
Título: El río de los sueños: Aproximaciones críticas a la obra de Ana María Shua

El concepto de lenguaje dentro de la ficción

El tono de los textos de Shua es también un tono dual, en el interior del lenguaje se trabaja con contrastes permanentemente, es el tono de una tragicomedia. El recurso del humor está dosificado pero no deja de ser patético. Ahora bien, si consideramos al lenguaje como medio de conexión entre los seres dentro de la ficción, observamos que es un instrumento sumamente poco confiable. De allí que la animalidad aparezca con enorme asiduidad, esos personajes que carecen del lenguaje hablado (aunque en algunos casos dentro de la verosimilitud del texto sean dueños de ese don, por tener un protagonismo humano) desplazan a los humanos cuya característica distintiva es el uso del lenguaje. Las dos formas de acceder al conocimiento, ya sea mediante la experiencia del cuerpo o a través del pensamiento y el lenguaje, están sometidas a pruebas y poseen relativas garantías de eficacia. El lenguaje por sí solo, sin que el cuerpo se entrometa en la realidad, se sumerja en el mar de la vida y padezca las contradicciones de su materialidad, carece muchas veces de valor absoluto. Quien entra en la zona del lenguaje entra también en un sitio que le hace perder el otro, el del dominio del cuerpo. Y esta opción no tiene resolución alguna, como sucede en el cuento “Octavio, el invasor” del libro Viajando se conoce gente. El ser permanece dividido y el lenguaje no logra suturar la herida de semejante división.

Son muchas las ocasiones en las que el lenguaje irrumpe en el relato como un extraño, como si invadiera la realidad. La relación entre el significado y su representación se ha quebrado, por ejemplo, en el Texto 117 de La sueñera, no sólo porque el lenguaje se constituye hasta tal punto en un universo con leyes propias haciendo que quien ingrese a él pierda su pertenencia en alguna clase de mundo, ya que el lenguaje y los cuerpos están en pugna y construyen otra polaridad, sino porque la ruptura del lenguaje con su referente es muy poderosa. El lenguaje es escenario de la pura convención y la pregunta que subyace en los relatos es más o menos la siguiente: ¿qué es lo que tiene de natural esta de por sí artificiosa construcción? El lenguaje y los cuerpos se someten de modo continuo a pruebas de constatación para dilucidar la vinculación o la ruptura entre ambos. Los personajes y el narrador se violentan o quedan perplejos frente a la convención del lenguaje. A veces, sin embargo, como en el Texto 171 de La sueñera, ocurre que entre las palabras y los cuerpos se produce un enlace: la niña llama a los pies, a los pájaros y a los ombligos de la misma forma y la realidad no desdice ese bautismo. Aquí el efecto del lenguaje es de condensación. Hay también procedimientos de multiplicación y de inversión. Un ejemplo de este último se encuentran en los Textos 120 y 123 de La sueñera: el territorio se fuga y deja a los habitantes y, en cambio, el suicida se tira hacia un abismo que empieza a llenarse. Muchos de los procedimientos narrativos que son empleados para la construcción de estos relatos se corresponden con los mecanismos del sueño descriptos por el psicoanálisis: inversión, multiplicación, condensación. Por otra parte la relación entre lenguaje y sueño es estrechísima y plantea un conflicto básico: ¿Cómo trasladar la simultaneidad de la imagen a la diacronía de la escritura? El mismo conflicto que se le plantea al soñante para comunicar a otros y a sí mismo su sueño, es el que tiene el narrador-escritor con respecto a la realidad. Tal vez sea la gran polaridad que se desarrolla en La sueñera, la de poner sobre el tapete las limitaciones del lenguaje, la de experimentar por medio de la escritura sus alcances y limitaciones con respecto al escenario del cuerpo real.

Resulta interesante observar que cuando se hace referencia al lenguaje, por lo general es para afirmar que el lenguaje crea un espacio de exclusión y no de comunicación, porque instaura una realidad paralela, un nuevo espacio. El lenguaje es en sí mismo una realidad. En “Guanaco Blanco en la mitad de Francia” la palabra “Montmartre,” de la que se especifica su significado previamente, es decir monte de Marte, se transforma en un espacio físico gracias al cual las manadas de guanacos y vicuñas pueden apoyarse en un sitio material. De entre las muchas imágenes que dan una idea del sentido y valor del lenguaje, ésta funciona como una metáfora muy firme. El significado literal de la palabra tiene el peso, la fuerza y la consistencia de la materia. La palabra es creadora, originadora de mundos.