18 de Junio de 2018
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Colección: INTERAMER
Número: 70
Año: 2001
Autor: Rhonda Dahl Buchanan, Editora
Título: El río de los sueños: Aproximaciones críticas a la obra de Ana María Shua

Función referencial

Si partiendo del plano lingüístico nos adentramos en el plano literario, veremos que el estudio de la función referencial nos lleva, indefectiblemente, desde el discurso hacia el universo evocado por el discurso. Penetramos en el terreno de la llamada “crítica temática,” quizás la menos “literaria” de las orientaciones críticas. Según el teórico italiano Massimo Fusillo, especialista en literatura comparada, nos encontramos aquí ante una reacción que se opone por igual al formalismo exasperado y al deconstruccionismo que destruye el significado (1-7).

Pero este apartarse del texto en tanto forma, para centrarse en el texto en tanto significado, en mi caso puede ser la base de ciertas relaciones intertextuales entre las obras de Shua destinadas a los niños y las destinadas a los adultos. Los nexos temáticos son numerosos, pero creo que cinco de ellos se reiteran en forma significativa en ambos grupos de textos: la maternidad como una relación personal fundamental pero también ambigua; la casa como centro de la intimidad, pero también como causa de la esclavitud femenina; la comida como elemento para generar y retener afecto; el dinero como motor de las grandes y las pequeñas empresas; y el tiempo, en su doble faceta de elemento destructor y evocador del pasado.

La maternidad
En los textos para niños y para adultos la maternidad aparece como la más intensa de las relaciones personales. Su emblema es el amamantamiento, que en realidad es síntesis de dos temas: la madre y la comida. En general, la madre es una figura positiva, pero tiene diversos grados de ambigüedad: mínima en los textos para niños y notable en los destinados a los adultos.

En los cuentos infantiles, la madre es sobre todo un personaje que ama violentamente, que brinda protección y que establece normas. En La batalla entre los elefantes y los cocodrilos se enfatiza la fuerza del amor materno, tan potente que puede llegar a desatar una guerra en el caso de un ataque a las crías (16). La capacidad de ayuda de la madre—y de la abuela en tanto variante de la madre—se extiende incluso a los objetos que les pertenecen, y así en “Mis aventuras en el centro de la tierra,” la heroína usa el diamante del anillo de su abuela para perforar una capa de roca subterránea (43). Esta imagen benévola tiene, sin embargo, algunos atisbos de ambigüedad, y así en “Ani salva a la perra Laika,” se habla de furias maternas y de las dificultades de la protagonista para conseguir ciertos permisos (28, 34).

En los textos para adultos, en cambio, la madre es una figura francamente ambigua con facetas contradictorias. En Los amores de Laurita, la protagonista (una embarazada que espera una hija) experimenta sensaciones que convencionalmente se excluyen entre sí, como el embarazo y el placer erótico. Además, en el pasado ha experimentado el aborto, y ahora está próxima a experimentar el parto y el amamantamiento. “Como una buena madre” de Viajando se conoce gente presenta a una madre a la vez amorosa y vengativa, responsable y víctima de sus hijos. El cuento construye un personaje extremo, cómico en sus ansias por encarnar el arquetipo ideal de la maternidad burguesa, y al que sus hijos agreden de manera feroz, cada uno en la medida de sus posibilidades.

En otros textos para adultos hay variantes interesantes del tema de la maternidad. En “Octavio el invasor,” de Viajando se conoce gente, la relación madre-hijo, que en el cuento abarca el período que va desde el parto a la primera palabra, está planteada desde el punto de vista del niño (99-109). En El libro de los recuerdos hay un largo capítulo, “Clarita y su primer bebé,” sobre las reacciones maternas y familiares ante el que “[t]odos fingen que es un bebé normal” (82). Y en “Bebé voraz,” el brevísimo cuento de Casa de geishas, el personaje del recién nacido vacila entre la figura humana y la del animal nocturno, con lo que el acto del amamantamiento entra en el terreno de lo fantástico (115).

La casa
La casa como espacio del acontecimiento y como metáfora de la intimidad es otro de los elementos unificadores de las obras de Shua. Según afirma Bachelard en La poética del espacio, una primera aproximación al tema nos remite a un plano casi geométrico, con dos términos contrarios y excluyentes que serían el aquí y el allí, el dentro y el fuera, lo limitado y lo ilimitado, lo cerrado como opuesto a lo abierto, o lo finito como opuesto a lo infinito; mientras que una segunda aproximación nos lleva al plano de los valores, al del espacio sentido como feliz y el sentido como hostil (268-270, 29-30). Siempre según Bachelard, la casa es un ser privilegiado desde el punto de vista de sus valores de intimidad; no se trata de describir casas, sino de llegar a sus virtudes primeras, las que tienen que ver con la función de habitar, con el germen de felicidad central que reside en toda vivienda, desde el nido a la choza o al castillo (34).

En la obra de Shua, la sensación de intimidad es inherente a la noción de casa, y en ese sentido la unidad entre sus textos infantiles y sus textos para adultos es absoluta. La diferencia reside, nuevamente, en la ambigüedad, o más precisamente en los grados de la ambigüedad. En los textos para niños esa ambigüedad es mínima, está apenas insinuada en la concepción del regreso a casa como el fin de una hermosa aventura. Los textos para adultos, en cambio, son mucho más audaces y matizados, pues no sólo evitan cuidadosamente la identificación automática entre la casa y la felicidad, sino que lo hacen a través de una gama variada de emociones y reflexiones.

Soy paciente está estructurado en gran medida en función de dos espacios domésticos: la casa, que el protagonista está abandonando con gran esfuerzo, porque le permite “mantener la ilusión de estar sano” (16-17); y el hospital, ámbito del absurdo, que se convertirá en su casa definitiva.

En El libro de los recuerdos aparecen varias casas: la de la novia del abuelo Gedalia en Polonia, que una foto muestra como una casa sin paredes situada en medio de la nieve; la casa familiar en Buenos Aires, a la que llaman “la Casa Vieja;” el departamento de Clarita “nuevo, lindo pero alquilado” (77); y el departamento de un ambiente en que muere Selva/Liliana, la hija de la tía Judith. Quizás la más íntima sea la primera, la casa del recuerdo. En esta novela las casas están vivas, no son estáticas, y en el capítulo titulado “Sobre la Casa Vieja y sus múltiples destinos,” se describe la casa de los abuelos y se narra su historia a través de un recorrido humanizado que va desde su nacimiento a su sucesiva transformación en una escuela para la infancia, luego en dos negocios casi adolescentes como el local para fiestas y la casa de fotografías, más tarde en una madura y erótica casa de masajes, y finalmente en un edificio reservado a los ancianos o “Club de la Tercera Edad.” La última casa del libro es la tumba de la “babuela,” desde la que la anciana ya muerta se dirige a la familia para contar su vida.

En El marido argentino promedio y en “Como una buena madre,” la casa aparece vista en clave humorística. En La muerte como efecto secundario, hay una anti-casa, una especie de local para moribundos que irónicamente se llama “Casa de Recuperación”. También en Casa de geishas hay otro tipo de anti-casa; ya que el libro ofrece en clave nueva, lingüística y metafórica, esa constante de la narrativa latinoamericana que es el burdel.

Finalmente, en este matizado tema del espacio doméstico, Shua se inclina algunas veces por la visión lírica, en especial cuando elabora el subtema de la casa perdida a causa del transcurrir del tiempo o a causa del alejamiento provocado por el viaje o el exilio. Este subtema ha sido particularmente bien desarrollado en el sector “Pertenencias,” de El marido argentino promedio (195-215).

La comida
El tema de la comida recorre toda la historia literaria, cargándose de valoraciones sociales y psicológicas. Se encuentra ya en relatos míticos muy antiguos, como el Génesis que habla de la caída de Adán y Eva después que mordieron la manzana del paraíso. En todos los casos tiene múltiples valencias metafóricas que van desde el placer sensual a evocaciones como la muerte o la rebelión (Cappellozza 12-17, 103-157). Pero lo primero que debo señalar al tratar el tema de la comida en las obras de Shua, es algo mucho más elemental: la frecuencia con que el tema aparece. Tanto en los cuentos para niños como en los cuentos para adultos se habla continuamente de personajes humanos y animales que comen o maman; así como de lo contrario, de las sensaciones de hambre y sed, que deben ser evitadas con inteligencia a través de la preparación de ciertos platos, y sobre todo a través del “aprovisionamiento,” clásico leit-motiv de las novelas de aventuras.

En todos los casos, la comida es un elemento esencial para generar y retener afecto. Por ejemplo, en Soy paciente la camaradería entre los enfermos se expresa gracias al mate que circula por la “Sala de Hombres;” y la monja, las enfermeras y los visitantes transmiten su simpatía a través de los caramelos o de ciertas comidas y bebidas más o menos clandestinas que brindan a los pacientes. Pero la comida no sólo genera afecto, sino sobre todo amor erótico: los cafecitos acompañan los “levantes;” el vodka acompaña las “festicholas” amatorias (Los amores de Laurita 141-146, 43-63); y al marido se lo retiene dándole de comer (El marido argentino promedio 24). En realidad, la presencia de la comida en Shua podría ilustrar perfectamente lo que Bachtin llama “inversión carnavalesca,” la desacralización que provoca la comida, su poder para transformar lo ideal en material; puesto que la comida, como el sexo, corresponde a lo “bajo,” al “vientre” (26). A pesar de que estos dos temas—sexo y comida—ya han comenzado a formar parte de la cultura oficial y de la literatura “seria;” todavía tienen dificultades para incorporarse a ella, por lo que tienden a refugiarse en géneros marginales como la literatura popular, el humor, la literatura erótica, o la literatura para niños.

El dinero
El dinero como motor de las grandes y las pequeñas empresas es otro de los temas que unifican los textos para niños y adultos de Shua. En las obras de la escritora, como en las de muchos humoristas, hay algún lugar para la nostalgia, pero muy poco para la utopía. Sus personajes, que se mueven en el ámbito de la burguesía y de la clase media, poseen la capacidad de observar el mundo y de constatar lúcidamente sus defectos; pero en cambio no poseen ni la resignación del santo ni la vocación del reformador, sino que encarnan una moral de la supervivencia.

Personalmente, considero que la literatura de Shua, especialmente la de las niñas-aventureras, la de Los amores de Laurita, y la de El marido argentino promedio, se inscribe en una neo-picaresca que conserva elementos importantes de la picaresca al estilo del Lazarillo de Tormes, pero que incluye algunas variantes. Como en la picaresca clásica, en las obras de Shua hay un (o más bien una) protagonista carente de dimensión heroica, pero dotada de inteligencia, de astucia y de una relativa elasticidad ética; rasgos que le permiten desenvolverse en el mundo ilógico o incomprensible en que le ha tocado vivir. Hay una concepción de la existencia como lucha en la que alternativamente al personaje le corresponde agredir o ser agredido. Y hay, sobre todo, una intensa noción del provecho personal. Pero mientras en la picaresca clásica la finalidad era derrotar el hambre, en esta picaresca postmoderna ya no se discute acerca de una supervivencia elemental, sino que se parte de una plataforma de lanzamiento mucho más alta, con lo cual el problema cambia de grado y se transforma en aspiración al bienestar económico. Desde esta perspectiva no resulta extraña la importancia del “negocio” y del dinero en los textos de Shua. Sin embargo, como sus personajes se mueven en el mundo despojado de ideales de la picaresca, su objetivo no es la riqueza sino sólo el bienestar, la “mantenencia”, como lo señala con humor la misma Shua, citando al Arcipreste de Hita (El marido argentino promedio 202).

El tiempo
En las obras de Shua, este gran tema literario clásico se presenta bajo una doble faceta: la del tiempo que genera cambio y destrucción, y la del recuerdo y el sueño que permiten recuperar el pasado. En las obras para niños el transcurrir del tiempo se evidencia porque algunos personajes son vistos a lo largo de la propia historia personal, como la protagonista de “Ani en la cordillera de los Andes” que escribe un relato sobre su infancia cuando ya es adulta y tiene tres hijas; o como la perra Laika que, al final de “Ani salva a la perra Laika,” reaparece “viejísima y un poco sorda,” y además “sin olfato.” (34). El siguiente subtema, el de la recuperación del pasado mediante el recuerdo y el sueño, es omnipresente, ya que todos los cuentos infantiles narrados en primera persona fingen ser recuerdos del tiempo en que la narradora era pequeña, tanto que comienzan con la fórmula “Cuando yo era chica . . .”
También en las obras para adultos, se presentan los cambios provocados por el tiempo, en particular el acceso a una nueva etapa vital, pero además la enfermedad y la muerte. Ya señalé que Soy paciente plantea la enfermedad como condición existencial. A su vez, Los amores de Laurita está estructurado sobre la alternancia de dos tiempos y dos edades de un único personaje: un día del presente de la “señora Laura,” embarazada y a punto de tener una hija; y varios años del pasado adolescente de “Laurita.” El libro Viajando se conoce gente es una colección de cuentos en los que domina el tema del tiempo. En El marido argentino promedio hay un capítulo, “El deterioro acecha,” que plantea en tono humorísticamente resignado el tema del tiempo que comienza a minar al sujeto desde la juventud. El tema del tiempo destructor se reitera en muchos cuentos de Casa de geishas, como por ejemplo “El viejo y la muerte” y “Vida o muerte”. A su vez, El libro de los recuerdos y La muerte como efecto secundario son novelas temporales, ya que la primera relata la historia de una familia a través de varias generaciones, y la segunda, la aventura de un hijo que conducirá al padre hacia la muerte. En todos los textos citados, de una u otra manera, se hace referencia al recuerdo que permite recuperar el pasado, pero donde mayor importancia tiene este tema es en El libro de los recuerdos, que unifica las tareas de recordar y reconstruir el pasado mediante los testimonios, las fotos y sobre todo la escritura.