19 de Septiembre de 2018
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Colección: INTERAMER
Número: 70
Año: 2001
Autor: Rhonda Dahl Buchanan, Editora
Título: El río de los sueños: Aproximaciones críticas a la obra de Ana María Shua

Función conativa

En los textos de Shua para niños y adultos, la función conativa, y por lo tanto la segunda persona, tiene una importancia poco usual en la literatura narrativa, generalmente dominada por la función referencial y por la tercera persona. La función se da en primer lugar a nivel de superficie, ya que en textos tan intensamente dialogados como los de Shua, es posible encontrar numerosos ejemplos de función conativa en los parlamentos de los personajes. Pero se da también a nivel profundo, puesto que en varios de sus textos el yo del relato se dirige a lo largo de la narración a un , que puede ser el lector o un personaje. La consecuencia inmediata de esta omnipresencia del destinatario es la transformación de la obra en un extenso y único mensaje conativo. Es necesario aclarar, sin embargo, que la función conativa puede tener dos orientaciones fundamentales: la apelación a un destinatario, o bien la voluntad de acción sobre un destinatario.

Veamos algunos ejemplos de función conativa-apelativa. En casi todos los cuentos para niños y en algunos textos para adultos de la escritora encontramos un cierto tipo de apelaciones implícitas. Se trata de interrupciones brevísimas del relato, de enunciados dirigidos al lector en los que casi puede adivinarse un tácito vocativo, un término silencioso que si se hiciera explícito equivaldría al “querido lector o lectora” de la literatura del siglo diecinueve. Veamos algunos ejemplos: “Un día descubriste que los magos de los cumpleaños hacen trucos” (La puerta para salir del mundo 11); “Y aceptemos que pensaba, Silvestre, no hablarle, por ejemplo del abuelo Gedalia” (El libro de los recuerdos 192). La explicitación de la apelación, el vocativo propiamente dicho, abunda en El marido argentino promedio: “hermanas” (34), “hermana” (106), “hermanita” (117), “Gorditas del mundo” (61), “compañeras” (107), “negrita” (118), “calvos del mundo” (119), “piba” (120), “señor” (130), “Hijas mías” (151).

En cuanto al segundo tipo de función conativa, la conativa-activa, entendida como voluntad de hacer reaccionar al destinatario a través de sugerencias, pedidos y órdenes, considero que unifica profundamente las obras de Shua, las cuales tienen una mayor cuota didáctica de la que a primera vista podría sospecharse. Su lección es básicamente una: la aceptación de un mundo imperfecto. En “La puerta para salir del mundo” Andrés debe aceptar la imposibilidad de decir siempre la verdad; en “Una pluma de paloma” Gabriel debe aceptar su edad; en “Las mujeres son un asco” la máxima es explícita: “en la vida no es posible tenerlo todo, porque siempre es necesario hacer transacciones” (13); en “La señora Luisa contra el tiempo” se trata de aceptar la muerte del hijo; Soy paciente es la aceptación de la condición patológica a nivel literal y metafórico; y “El libro del MAP,” en El marido argentino promedio, es la aceptación lúdica, por parte de la mujer, de las imperfecciones del hombre que le toca en suerte.