23 de Enero de 2018
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Colección: INTERAMER
Número: 70
Año: 2001
Autor: Rhonda Dahl Buchanan, Editora
Título: El río de los sueños: Aproximaciones críticas a la obra de Ana María Shua

“Octavio el invasor”

Efectivamente, los lectores penetran en un espacio donde suceden acontecimientos que por su naturaleza son inconcebibles ante sus ojos. Los receptores dudan que los hechos que suceden formen parte de la vida real de los protagonistas. Esta vacilación se mantiene muchas veces hasta el final, sin encontrar una explicación lógica a lo que sucede. En “Octavio el invasor” Shua introduce a sus lectores en un espacio mágico para presentarnos a Octavio, procedente de otro planeta que acaba de nacer en el seno de una familia terrestre. El bebé, al igual que los otros niños que llegan a la tierra, tiene la misión de conquistar el planeta. A medida que transcurre el tiempo, el niño se va adaptando a la vida de los humanos. Muy pronto el amor y los cuidados de la madre logran que el pequeño se identifique con ella y se vuelva su aliado: “Ya había decidido que cuando se completaran los planes de invasión esa mujer, que tanto y tan estrechamente había colaborado con el invasor, merecía gozar de algún tipo de privilegio especial” (107). A la larga el niño empieza a apreciar a su hermano Alejandro, que según Octavio, también era uno de los invasores. Más adelante el niño se acostumbra a los brazos del padre, a quien antes había rechazado. Llega el momento cuando el niño aprende a pronunciar la palabra “mamá” y cuando esto sucede, ya es completamente humano y la infinita invasión había vuelto a fracasar gracias a la mujer.

Shua recrea un escenario común y corriente como es el ámbito del hogar. Este espacio está invadido por la presencia de dos extraños, Alejandro (Ale) y su hermano menor Octavio. Ambos llegan a la tierra con el fin de conquistarla. Como lectores dudamos que los niños sean extraterrestres. Por otro lado, las descripciones del narrador nos hacen penetrar en un ambiente ilusorio:

Comenzó a sentirse inexplicablemente seguro, en paz. Allí estaba, por fin, formando parte de las avanzadas, en este nuevo intento de invasión que, esta vez, no fracasaría. Tenía el deber de sentirse orgulloso, pero el cansancio luchó contra el orgullo hasta vencerlo: sobre el pecho de la hembra terrestre que creía ser su madre, se quedó, por primera vez en este mundo, profundamente dormido. (100)

La madre asume un papel central dentro del cuento. Ella es la única persona que desde el principio enfrenta a los invasores y los domina. En el primer encuentro que ocurre en el hospital entre la madre y Octavio (el nuevo invasor), la mujer—sin saberlo—vence al supuesto enemigo. La actitud de Octavio nos indica que se queda rendido al sólo contacto con la madre, es decir, al acercamiento con el enemigo. El pequeño traía instrucciones previas de no mantener mucho contacto con la mujer que decía ser su madre: “De acuerdo con sus instrucciones, Octavio debía conseguir que se lo alimentara artificialmente: era preferible reducir a su mínima expresión el contacto físico con el enemigo” (102).

Hay que destacar el papel femenino dentro de la historia. La madre asume un papel primordial puesto que ella es la que consigue vencer al opositor. En el ámbito de la casa, la protagonista se presenta con mucho talento y poder. El lugar representa metafóricamente el espacio donde la mujer ejerce su control. El niño tiene la intención de destruir la tierra, sin embargo, el amor y los cuidados que le brinda la madre logran que éste se subyugue a la mujer. Por otro lado, nos enteramos que no es la primera vez que esto sucede ya que Ale, el hermano mayor, también tuvo la misma actitud que Octavio al principio. Por un comentario que hace la abuela nos enteramos de lo sucedido: “Acordate que con Ale al principio pasó lo mismo, hay que tener paciencia” (102).

Shua se vale de una experiencia muy femenina como la maternidad y la crianza de los hijos para convertirlo en un evento fantástico. Octavio empieza a contar, desde el vientre de la madre, sus experiencias antes de llegar a la tierra hasta su salida al exterior. Lo fantástico del cuento radica en que sucede un acontecimiento sobrenatural, es decir la llegada de un invasor, quien toma el cuerpo de un varoncito y se apresta a la conquista de la tierra; sin embargo, es vencido por la mujer. La madre llega a ser la salvadora de la humanidad. Ella posee poderes superiores a los del hombre y a los poderes de los extraterrestres. Es importante notar la transformación que sufre Octavio con su nueva familia. Al principio se le describe como un ser deshumanizado. El niño emite aullidos, los cuales más adelante se reemplazan por el llanto, para culminar su transformación cuando dice claramente la palabra mamá. Hay que destacar que la primera palabra que pronunció Octavio fue para llamar a la madre. A pesar que la mamá tenía que trabajar y no estaba todo el tiempo con el niño, Octavio reclama la presencia materna en la primera palabra humana que emite.

Shua desarrolla un relato fantástico, valiéndose de una situación muy femenina como es el cuidado de los hijos dentro del hogar. La autora, con una mezcla de humor e ironía, transmite a sus lectores un mensaje sobre el valor de ser madre y mujer en el espacio de la casa. La madre se vuelve irremplazable en cuanto al cuidado de los niños. Por otro lado, Shua presenta la soledad que experimentan los niños cuando no están junto a la madre: “Ale y Octavio se sentían extrañamente solidarios en su pena. Octavio llegó al extremo de aceptar con placer que el hombre lo tuviera en sus brazos, pronunciando extraños sonidos que no pertenecían a ningún idioma terrestre, como si buscara algún lenguaje que pudiera aproximarlos” (109). Entre el padre y el niño los códigos del lenguaje se presentan incomprensibles, dificultando la comunicación. La procreación y el nacimiento de un niño se muestra como un hecho fantástico. Estos sucesos con mucha frecuencia nos sorprenden y nos parecen acontecimientos increíbles. Nos encontramos en un ambiente común y corriente, sin embargo, allí se suscitan hechos que nos hacen dudar. No podemos creer que Octavio sea un invasor; pensamos que el narrador está jugando con los receptores, pero al final de la historia, Shua nos deja pensando y nos quedamos con la duda, puesto que el acto del nacimiento y el desarrollo de un niño es algo increíble, mágico y maravilloso que nos sorprende. A través de su historia fantástica, Shua logra que el lector se involucre en la lectura y disfrute de ésta hasta culminar el final.