18 de Junio de 2018
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Colección: INTERAMER
Número: 70
Año: 2001
Autor: Rhonda Dahl Buchanan, Editora
Título: El río de los sueños: Aproximaciones críticas a la obra de Ana María Shua

“Fiestita de animación”

En el último cuento que analizaremos, “Fiestita con animación,” Shua nos da a conocer a la protagonista niña, llamada Silvita, quien en el día de su cumpleaños quiere mostrarles a los invitados,un truco de magia que aprendió en la televisión. Ante la mirada orgullosa de los padres de tener una hija tan lista, Silvita hace desaparecer a su hermanita Carolina. Cuando la animadora le pide que la haga regresar, la niña responde que no sabe cómo hacerlo, puesto que el truco lo aprendió en la televisión y en la parte de hacer aparecer, su papá le cambió el canal porque quería ver el partido. Todos los presentes se ríen, pero a pesar que buscan a Carolina por todos los rincones de la casa, nunca la encuentran. Los otros niños, incluyendo a Silvita, continúan divirtiéndose, mientras los padres siguen buscando desesperadamente a la niña.

En este relato tanto los lectores como los protagonistas dudan de los sucesos que ocurren en la historia por considerarlos fuera de lo común. La autora se vale de la técnica de lo fantástico, con la intención de presentar a la protagonista niña y su actuación en el espacio de la casa. Según Todorov, es necesario que exista la duda, tanto en el protagonista así como en el lector, y además es importante que dicha vacilación esté representada en la obra. Por medio de la técnica de lo fantástico, Shua presenta la situación de la protagonista niña en un espacio controlado por adultos. Silvita está atrapada bajo el dominio de los padres y siente que la domus es un espacio de control. En la oportunidad que tiene, ella transforma la casa en un escenario teatral donde puede actuar y dar rienda suelta a sus elucubraciones.

Los lectores penetramos en un ambiente de fiesta donde la alegría y el ruido invaden la casa de Silvita. Muy pronto la domus se transforma en un escenario donde los animadores están tratando de amenizar el cumpleaños con juegos y concursos de bailes. Los niños toman el papel central, mientras los adultos asumen el papel de público interior, y los lectores conforman el público exterior formando un mise en abyme. Dentro de la historia sucede un intercambio de papeles cuando Ratón y Conejito, que estaban haciendo el papel de animadoras, se transforman en un público observador, y Silvita toma el papel de animadora en la función:

Se encendieron las luces.

—Silvita quiere mostrarnos a todos un truco de magia—dijo Conejito—. ¡Va a hacer desaparecer a una persona!
—¿A quién querés hacer desaparecer? —preguntó Ratón.
—A mi hermanita— dijo Silvia, decidida, hablando por el micrófono. (120)

El cambio de luces representa las luces en el escenario donde Silvita toma el papel de actriz para hacer su representación ante un público. Los lectores penetramos en un espacio irreal donde Silvita y su hermana Carolina se convierten en el centro de la atención de todos los presentes que conforman el público interior textual. Silvita ha escogido el momento propicio para actuar y ser el centro de la atención de sus padres y amigos. Parece que estos niños no tienen mucha comunicación con sus padres y la televisión ocupa un lugar importante en sus vidas. El padre, a diferencia de la madre en “Octavio el invasor,” se muestra como el responsable del caos en el espacio de la casa. Si él no hubiera cambiado el canal, Silvita habría visto la solución del truco. Por otro lado, la niña aprendió el truco en la tele y ahora ella está proyectando a los demás ese ambiente ficcional que ha aprendido en la televisión.

Los lectores entran en un espacio donde se fusionan la realidad y la ficción. Ponemos en tela de juicio si lo que sucede es la realidad o un ardid de los niños. Muy pronto nos percatamos que lo que parecía ser un juego de niños forma parte de la realidad textual. Se rompe la ilusión de que se trata de trucos, puesto que se borra el límite entre lo real y lo ficticio: “El papá de las nenas había estado parado cerca de la escalera durante todo el truco y nadie podría haber bajado por allí sin que él lo viera. Sin embargo, siguieron la búsqueda en el piso de abajo. Pero Carolina no estaba” (121). Los lectores dudan de los acontecimientos que están suscitándose ante sus ojos. Pensamos que se trata de una broma y que en cualquier momento Carolina aparecerá. La duda de los lectores se mantiene presente hasta el desenlace en que tampoco encontramos una explicación lógica a lo sucedido. Según Todorov: “Hay un fenómeno extraño que puede ser explicado de dos maneras, por tipos de causas naturales y sobrenaturales. La posibilidad de vacilar entre ambas crea el efecto fantástico” (24). Luego Todorov, citando al autor francés Castex, agrega que “Lo fantástico [. . .] se caracteriza [. . .] por una intrusión brutal del misterio en el marco real de la vida real” (25). Al final del cuento nos encontramos con Silvia adulta, quien nos confirma que Carolina nunca más volvió a aparecer: “—Qué tonta fui esa noche—les decía, muchos años después, la señora Silvia, a un grupo de amigas que habían venido para acompañarla en el velorio de su marido—. ¡Con lo bien que me vendría tener una hermana en este trance!—y se echó a llorar otra vez” (121).

El final nos sorprende, puesto que no podemos concebir que un truco pueda hacer desaparecer a un ser humano. Por otro lado, Silvia adulta no llora por la pérdida de su hermana, sino por la soledad que experimenta por la perdida de su marido. A través de las palabras de Silvia, no sólo nos enteramos de la irreversibilidad del truco que hizo cuando era niña sino también de su egoísmo.

En los tres cuentos analizados, Ana María Shua presenta protagonistas niñas, adultas, y viejas que se desenvuelven y ocupan un lugar primordial en el espacio de la casa. La mujer toma el papel central dentro de este espacio y ella posee poderes sobrenaturales para dominar y controlar a otros. Por otro lado, el varón se muestra vencido, controlado y el causante del caos. La casa también se ve como un ámbito donde la mujer vence y controla al varón. Además, Shua nos envía un mensaje sobre la importancia y el valor de la mujer dentro de la domus. La escritora argentina se vale de la técnica de lo fantástico con el propósito de proyectar un espacio común y corriente como el ámbito doméstico y además recrear el interior de las protagonistas y la búsqueda de la identidad perdida. Mediante el humor y la ironía, Shua quiere reflejar problemas propios de nuestro tiempo como la soledad, la maternidad, la vejez y el abandono de la niñez.