20 de Enero de 2018
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Colección: INTERAMER
Número: 70
Año: 2001
Autor: Rhonda Dahl Buchanan, Editora
Título: El río de los sueños: Aproximaciones críticas a la obra de Ana María Shua

El fragmento como estrategia posmoderna

Las variantes de los juegos literarios propuestos en estos universos fragmentarios forman complejos laberintos caóticos, que sin embargo obedecen a una lógica propia. Las estrategias señaladas en este trabajo dan cuenta de los recursos que permiten la producción de un orden textual. En estos textos se pone en evidencia este orden, latente en el caos de la producción textual, en una dialéctica “donde el sueño y su imagen fragmentaria emerge del caos” (Stoicheff 90).
En la primera sección de estas notas se señaló la filiación de La sueñera con varias tradiciones de escritura serial. Pero tal vez la tradición a la que pertenece por derecho propio es la que consiste en proponer un género literario nuevo con sus propias reglas de juego. Ésta es la tradición de libros de minificción como Centuria. Cien breves novelas-río de Giorgio Manganelli y de los tres volúmenes de Memorias del fuego del uruguayo Eduardo Galeano, escritos casi al mismo tiempo que La sueñera. El impulso lúdico de estos proyectos es no solamente irónico sino además propositivo, pues en ellos la creencia de que sólo la novela puede dar cuenta de la totalidad de la Historia (y de cualquier historia particular) es sustituida por una fragmentación narrativa en la que hay lugar para múltiples miradas. En la minificción posmoderna, la estética del fragmento desplaza a la ideología de la totalidad, asumiendo los riesgos de que “globalización y fragmentación son parte del mismo proceso” (Currie 113).5
La lógica que atraviesa esta madeja es la idea de la unidad que subyace a universos sólo en apariencia alejados entre sí. Estos universos muestran sus conexiones subterráneas gracias a la mirada que los pone en evidencia. Resulta natural, entonces, concluir estas notas sobre la naturaleza fractal de La sueñera con una reflexión del químico Vicente Talanquer, quien comenta en estos términos su experiencia de estudiar el comportamiento de los fractales en fenómenos naturales de carácter caótico como las olas, los vientos o las nubes: “Era como aprender a concebir la realidad de otra forma; se multiplicaban los espejos, se generaban infinitos laberintos; era como la imaginación de Borges y Lewis Carroll; el Aleph y sus espejos. Era como soñar soñándose” (12).