18 de Enero de 2018
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Colección: INTERAMER
Número: 70
Año: 2001
Autor: Rhonda Dahl Buchanan, Editora
Título: El río de los sueños: Aproximaciones críticas a la obra de Ana María Shua

NOTAS

1. Este ensayo se publica en este volumen con el generoso permiso de los editores de la Revista Iberoamericana, quienes lo publicaron primero en el tomo 66.192 (2000): 545-555.
2. La muerte como efecto secundario recibió el Premio Sigfrido Radaelli, un premio otorgado todos los años a la mejor obra narrativa del año anterior por el Club de los XIII, un grupo de trece escritores y críticos argentinos. Algunos de los integrantes de ese jurado son Vlady Kociancich, María Ester de Miguel, Fernando Sánchez Sorondo, Antonio Requeni, Eduardo Gudiño Kieffer, Victoria Puerreydón, Jorge Cruz y Alina Diaconú.
3. En una entrevista que le hicieron en La Nación, Shua explica que el título de la novela se basa en dos vivencias personales suyas:
Hace muchos años le recetaron a mi hija un antibiótico. El prospecto que lo acompañaba advertía contra reacciones adversas y efectos secundarios, como hemorragias cerebrales y muerte, si no se respetaba la hora preestablecida para cada toma. Y esa frase, efecto secundario, referida a la muerte, me impresionó mucho.[ . . .] La segunda situación ocurrió hace cuatro o cinco años, cuando murió mi abuelo luego de una agonía larga y difícil. Pero los médicos insistían en que no se le podía dar medicación para calmar el dolor porque podía traer efectos secundarios: tenía noventa años y se estaba muriendo. (Vásquez 2)
4. Además de las limitaciones de perspectiva que informan una narración en primera persona, su primera novela Soy paciente se relaciona con La muerte como efecto secundario por la manera en que presenta al hospital como un mundo encerrado del cual no hay salida, una especie de microcosmos infernal que anticipa las Casas de Recuperación, o los geriátricos obligatorios, donde internarse es enterrarse.
5. El hombre tiránico que trata de ejercer control absoluto sobre la familia es un personaje que aparece a través de la obra de Shua, como por ejemplo, el Abuelo Gedalia en su novela El libro de los recuerdos. En un ensayo sobre los orígenes de La muerte como efecto secundario, Shua comenta sobre la presencia de esa figura persistente en la novela:
Podría contar, por ejemplo, que, a través de varios libros de ficción, me persigue un personaje. A veces pasa casi desapercibido, como una ráfaga, con un paso tan leve que el lector apenas lo nota. Pero yo sé que está allí. Otras veces forma parte de la escenografía. Su presencia constante, aunque nunca en primer plano, condiciona los movimientos de los actores. En algunos casos no está, pero puedo advinarlo a través de las acciones y los deseos de los demás personajes. Es un hombre terrible, malvado, atractivo, simpático, mujeriego, tiránico, feroz, divertido, seductor, sarcástico, despreciativo, mentiroso. La única manera de liberarme de él era darle un papel muy importante en mi próxima novela. (Clarín 6)
6. En “La Que No Está,” un cuento breve que pertenece a su antología Casa de geishas, Shua capta de una manera concisa la fascinación que ejerce la mujer ausente para él que la desea, en este caso, el cliente que espera saciar sus anhelos en el prostíbulo:
Ninguna tiene tanto éxito como La Que No Está. Aunque todavía es joven, muchos años de práctica consciente la han perfeccionado en el sutilísimo arte de la ausencia. Los que preguntan por ella terminan por conformarse con otra cualquiera, a la que toman distraídos, tratando de imaginar que tienen entre sus brazos a la mejor, a la única, a La Que No Está. (31)
7. Derrida sugiere que en el principio la carta existía como una declaración de amor, con un destino sin dirección. Sus comentarios acerca de la carta y su destinatario captan bien la dinámica que existe entre Ernesto y la ex-amante, quien está fuera del alcance del remitente: “The condition for it to arrive is that it ends up and even that it begins by not arriving. This is how it is read, and written, the carte of the adestination. . . . The condition for me to renounce nothing and that my love comes back to me, and from me be it understood, is that you are there, over there, quite alive outside of me. Out of reach” (29).
8. Shua hace un guiño a los lectores que conocen su obra con el detalle de que “el primer y último cuento” de Ernesto se sitúa en la Antártida ya que ella misma publicó un cuento infantil titulado “Mis aventuras en el Polo Sur,” que se encuentra en el libro Expedición al Amazonas.
9. En su libro Los demonios de la lengua, Alberto Ruy Sánchez habla del exorcismo de los de los demonios, explicando: “‘Nombrarlos es dominarlos’, dice una de las reglas fundamentales que aprende cualquier inquisidor exorcista y, por eso, lo primero que debe intentar frente a un poseído es ‘averiguar el nombre de los demonios que lo habitan y la jerarquía a la que pertenecen’” (24). En el caso del narrador de La muerte como efecto secundario, el nombre del demonio que le obsesiona es Gregorio Kollody. Al escribir las palabras “Quiero matarlo” (229), Ernesto expresa el deseo de liberarse de su padre de una vez por todas y para siempre.