25 de Abril de 2018
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Colección: INTERAMER
Número: 70
Año: 2001
Autor: Rhonda Dahl Buchanan, Editora
Título: El río de los sueños: Aproximaciones críticas a la obra de Ana María Shua

NOTAS

1. Con La muerte como efecto secundario, Ana María Shua, nacida en Buenos Aires en 1951, confirma su relevante lugar en el escenario de la narrativa latinoamericana de los años noventa. Posición que la autora ha conquistado a través de una sustancial y constante labor literaria en que también se destacan tres textos novelísticos anteriores: Soy paciente (1980), Los amores de Laurita (1984) y El libro de los recuerdos (1994). Las dos primeras novelas fueron llevadas al cine: Los amores de Laurita, dirigida por Antonio Ottone, y Soy paciente, realizada por Rodolfo Corral.

2. Esta afirmación nietzscheana la cita Brünner (19). Al respecto considérese también el comentario de Hopenhayn cuando entronca algunas ideas de Nietzsche con la condición postmoderna:

Este juicio negativo que la artillería nietzscheana permite formular sobre la plasticidad postmoderna, no viene dado de una teoría humanista sino desde una filosofía del devenir que se asume como postmoral. Quiere mostrar que el escenario actual de caída de los muros, el desfondamiento de los grandes sentidos no logra traducirse en una convicción en el pensamiento del devenir, sino en una huida respecto a la evidencia des-fondada del devenir. (117-18)

3. Una versión preliminar y, desde luego, abreviada de algunos lineamientos de este estudio, la presenté en una reseña sobre La muerte como efecto secundario publicada en Hispania.

4. Este recurso de la autorreflexión escritural es característico en la narrativa de Shua. Refiriéndose a la tercera novela de esta autora , Rhonda Dahl Buchanan señala al respecto: “El libro de los recuerdos reflects many of the characteristics of ‘historiographic metafiction,’ a self- reflexive narrative which thematically and formally challenges basic assumptions regarding historical discourse’” (85).

5. El recurso de la intertextualidad permea la novela que nos incumbe y aporta significativamente a su isotopía apocalíptica. Junto con el caso indicado referente a Poe, aparecen distintas alusiones a obras de otros escritores que han incursionado en el discurso de apocalipsis. Por ejemplo, se alude a Dante en una referencia a “ciertos círculos del infierno” (176); a Borges cuando se habla de un “jardín de los senderos que se bifurcan” (38) y a Onetti cuando se recuerda “un infierno poco temible” (68). Del mismo modo, la intertextualidad se extiende a discursos culturales más populares, pero también de ciertos rasgos apocalípticos, como es, por ejemplo, el engarce que se establece con la película El Mago de Oz (14).

6. En su ensayo “Reforma neoliberal e imaginación apocalíptica en la novela argentina del siglo XX,” Reati dedica un par de párrafos al texto narrativo que nos incumbe en el presente estudio. Sus observaciones son muy pertinentes y validan implícitamente nuestro enfoque y desarrollo analítico.

7. Esta mirada desacrilizadora del mundo acotado se distancia de la estética de la precariedad de las novelas latinoamericanas de algunas décadas atrás (las de José Donoso, por ejemplo), que se centraban en la decadencia de ciertos grupos de la alta burguesía aristocrática y, como metáfora de esto, ficcionalizaban el deterioro de vetustas casas patronales.