21 de Enero de 2018
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Colección: INTERAMER
Número: 70
Año: 2001
Autor: Rhonda Dahl Buchanan, Editora
Título: El río de los sueños: Aproximaciones críticas a la obra de Ana María Shua

¿Quién es yo?

La reflexión sobre uno mismo, la búsqueda de lo que esconde el primero de los pronombres personales, la clave para la comprensión del mundo de los otros: ¿quién es yo? La única respuesta posible para esta pregunta es la construcción de una identidad propia: yo soy... Antes que cualquier rasgo físico, de personalidad, de procedencia, de ocupación, de creencia, de convicción, la identidad tiene estatuto discursivo. Yo soy... En el instante de la respuesta, cada sujeto inventa el predicado que sigue al verbo copulativo. La identidad es siempre, necesariamente, un invento, una compleja operación constructiva, incluso cuando se acepta (críticamente o no) la identidad heredada. En este sentido, me propongo analizar el proceso de construcción de una identidad judía particular en el interior de algunos textos de Ana María Shua.

Lo primero que se desprende de una rápida recorrida por la lista de libros publicados por Shua es que la suya es una obra descentrada; o mejor, una obra con muchos centros temáticos y genéricos. Quiero decir, de ninguna manera se puede afirmar que la construcción de una cierta concepción de judaísmo sea un elemento programático en esta textualidad; sin embargo, me parece que el peso que tiene allí lo judío (por llamar de alguna manera a este núcleo de sentidos, que no es solamente un objeto representado) es innegable. En este sentido, este trabajo no pretende recortar una definición para la literatura judía o desarrollar la lista de cualidades que determinan el carácter judío de un texto o de una literatura. Sobre este punto existe una extensísima bibliografía que no logra ponerse de acuerdo sobre si lo que define el estatuto judío de un cuento o novela es la identidad judía del autor, los temas judíos tratados o una mirada específicamente judía sobre el mundo.1 Tengo la certeza, en cambio, de que la obra de Ana María Shua, como pocas otras configuraciones textuales en la literatura argentina contemporánea,2 construye, a través de una serie de complejas operaciones, una identidad judía particular, un modo alternativo e interesante de apropiarse de un rasgo heredado. No se trata de analizar el proceso de constitución de la identidad judía de Ana María Shua, sino el proceso de construcción de una identidad judía en los textos de Ana María Shua.

En la historia de la literatura argentina, lo judío ingresa como objeto de representación, en términos de capital étnico-cultural capaz de integrarse al espacio criollo local (Alberto Gerchunoff y César Tiempo), como núcleo de tensión generacional y respecto del medio (Germán Ronzemacher) o, en el extremo opuesto desde una perspectiva antisemita, como la otredad indeseable (Julián Martel, Manuel Gálvez y Hugo Wast). Sólo a partir de la década del 70, a través de los caminos insinuados por los poemas de César Tiempo y los cuentos y obras de teatro de Germán Rozenmacher, comenzaron a publicarse libros en los que lo judío hace su aparición de manera más compleja y elaborada, en el nivel de la enunciación, como intentos de reelaboración de materiales propios de la cultura judía, desde una experiencia literaria y vital eminentemente argentina. En este sentido me interesa leer en la obra de Shua la construcción de una identidad judía particular operada a partir del concepto de reescritura. En efecto, en los textos de Ana María Shua lo judío—diferentes niveles y articulaciones de la tradición judía— solamente irrumpe de manera mediatizada, es decir como una construcción de segundo grado. El resultado es una identidad que se inscribe en el interior de lo judío apropiándose, reescribiendo tres espacios tradicionales seleccionados como significativos para la definición de esta construcción: el nombre propio, la cotidianeidad textualizada de dos momentos históricos diferentes de la vida judía y, por último, ciertas reelaboraciones literarias de la tradición cabalística.

No me interesa el uso habitual del concepto de reescritura. Convencionalmente, la rescritura—a diferencia de la reescritura—supone volver a escribir aquello que ya está escrito (suponga o no una corrección o desviación respecto del original o no). Es decir que la rescritura supondría siempre una segunda instancia, subsidiaria de esa escritura primera, sin peso propio, a partir de esto dos reflexiones. En primer lugar, la estilización, la densidad y el espesor de la reescritura en la textualidad Shua, le otorgan autonomía respecto del texto fuente, la convierten en un artefacto que, en su originalidad, en sus desviaciones, al mismo tiempo rompe y acentúa los lazos que la vinculan con la primera escritura. Por otro lado, la idea de reescritura acentúa el carácter de constructo de la identidad, ya que ésta es solamente el resultado de una operación particular de selección, recorte y reelaboración, respecto del corpus monolítico de la Tradición Judía. La identidad es en Shua la modalidad y articulación específica de la reescritura de esa materia tradicional seleccionada.

Por último, muchos críticos como Darrell B. Lockhart, leen la aparición de lo judío en estos y otros textos de la literatura latinoamericana contemporánea como una reacción defensiva, ante la perspectiva de una pérdida de identidad y como una intervención política tendiente a poder incorporarse al canon cotinental desde su doble condición de judíos-latinoamericanos:

With the realization that as Jews they are granted at best second-class citizenship within Luso- and Hispano-Catholic societies, these writers [second-generation immigrant writers] no longer are concerned with not offending those in power. Instead, they boldly assert their alterity and they challenge hegemonic versions of Latin American cultural identity. Third—and fourth— generation writers, almost exclusively secular and completely assimilated, often seek a return to and recovery of Jewish identity by salvaging the remnants of their ethnoreligious heritage through literature. Many write texts based on family genealogy and history in an attempt to preserve and/or restore cultural memory. (xxi-xxii)

Aunque acertado en la descripción de la relación de estos escritores con la religión y la cultura judía, la idea de una escritura cuya función social sea meramente la de “preservar” y “restaurar” la identidad, y “salvar los restos de su herencia étnico-religiosa” del olvido resulta insuficiente para abordar este tema. En todo caso, creo que sería más productivo leer el trabajo sobre núcleos culturales judíos y laicos de escritores como Shua, en términos de un posicionamiento más agresivo, digo, una actitud menos defensiva y conservadora de la que les atribuye Lockhart. Creo que, justamente, el concepto de reescritura permite leer las operaciones interiores a estos textos como agresivos intentos por construir una identidad propia, es decir, un abordaje crítico a esa “herencia étnico-religiosa,” con el objetivo de responder la omnipresente pregunta ¿quién es yo?