21 de Junio de 2018
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Colección: INTERAMER
Número: 70
Año: 2001
Autor: Rhonda Dahl Buchanan, Editora
Título: El río de los sueños: Aproximaciones críticas a la obra de Ana María Shua

NOTAS

1. La propia Ana María Shua tomó posición en relación con este debate: “Es necesario hacer pletzalej para ser panadero judio? Yo pienso que el judaísmo no se elige. No se puede salir ni se puede entrar. Está ahí desde que uno nace y uno trata de llevarlo de la mejor manera que puede. Y entonces, si uno es judío y panadero, va a ser un panadero judío haga o no haga pletzalej” (“Debate abierto” 224).

2. Si bien son muchos los escritores judíos y la temática judía en la literatura argentina producida desde la década del 70, podría decirse que además de Ana María Shua, hay muchos escritores en cuyos textos puede leerse la preocupación por la constitución de una identidad judía particular. Algunos de ellos son Santiago Kovadloff, Eliahu Toker, Mario Szichman, Manuela Fingueret y Marcelo Birmajer, entre muchos otros.

3. Dos textos que trabajan de manera muy productiva la relación entre nombre, continuidad familiar e identidad judía son: “Reflexiones acerca de la identidad judía” de Moisés Kijac, y “Starting with the Self: Jewish Identity and its Representation” de Linda Nochlin.

4. Hasta la publicación de Soy paciente en 1980, Ana María Shua fue Ana Maria Schoua, nombre con el que a los 16 años había firmado su primer libro El sol y yo, un poemario publicado en 1967. La reescritura del apellido supone el nacimiento de la narradora y el punto final de la poeta. Podría pensarse que a través del cuento brevísimo, de La sueñera (1984) particularmente, Shua, la narradora, reescribe a Schoua, la poeta. Más alla del acontecimiento biográfico, que carece como tal de todo interés para este análisis, la transición nominal Schoua-Shua refuerza el principio ordenador de El libro de los recuerdos: la saga familiar, la narración, tiene su punto de partida en la afirmación identitaria que supone la reescritura del nombre propio.

5. El prólogo de Cuentos judíos con fantasmas y demonios (1994) subraya la sinonimia entre escritura y reescritura: “buscando en bibliotecas y leyendo mucho (sobre todo en inglés, porque en castellano es poco lo que hay publicado y lamentablemente no sé hebreo) conseguí escribir (o reescribir) finalmente estos ocho cuentos que son como yo los quería” (30).

6. Sería necesario agregar a esta lista de libros que recopilan diferentes zonas del folklore judío el libro de cocina y humor, Risas y emociones de la cocina judía (1993), pero creo que la gran importancia de la comida en la cultura y la identidad judías, así como el particular estatuto de este libro, merecen un análisis específico que excede las pretensiones de este artículo.

7. En El pueblo de los tontos. Humor tradicional judío (1995), la reescritura es muy diferente—los cuentos sobre los habitantes de Jélem son originalmente narrativos y menores—porque lo que se subraya en ellos, lo que se elige focalizar es la vida cotidiana de un shetl de Europa Oriental detenido en su temporalidad pre-moderna. La decisión de narrar la vida cotidiana, la tonta felicidad de los tontos de Jélem, cobra particular interés cuando se toma nota un dato escalofriante: el prólogo nos informa que quince mil judíos de Jélem fueron deportados y muertos en las cámaras de gas del campo de exterminio nazi de Sobibor. Sólo sobrevivieron quince personas.

Resulta difícil leer el libro al margen de esta información con la que culmina inteligentemente el prólogo, y más difícil es considerarlo un libro de humor. En todo caso, me parece que El pueblo de los tontos se inserta en la serie de nuevas perspectivas sobre el Holocausto de libros como Maus de Art Spiegelman, y películas como “La vita e bella” de Roberto Begnini, y de manera mucho más lograda, “La train de la vie” de Radu Mihaileanu. Justamente en relación a esta última, mientras leía los cuentos de los tontos de Jélem, no pude evitar preguntarme si estos cuentos no pudieron haber sido las historias, las ficciones que los judíos de Jélem alcanzaron a contarse para darse ánimo entre sí en Sobibor, inmediatamente antes de ser gaseados.

8. Es David William Foster quien utiliza de manera muy productiva el concepto de “representación metonímica de diferentes aspectos de la vida judía en Argentina” en su ensayo “Recent Argentine Women Writers of Jewish Descent” (43).

9. El subtítulo de esta sección corresponde al primer verso del poema “El Golem” de Borges: “Si (como dice el griego en el cratilo)/el nombre es arquetipo de la cosa,/en las letras de rosa está la rosa/y todo el Nilo en la palabra Nilo” (885-886).

10. En el artículo, “‘A Little Child Shall Lead Them’: The Jewish Family Romance,” Marshall Berman desarrolla la hipótesis de que buena parte de la identidad judía reside en la narración de historias y relatos:

One of the ways Jews stay together is by telling stories. The Bible is the world’s most spectacular treasury of stories. Our seasonal rituals are pegged to the activities of telling, hearing, and interpreting stories. Our Talmudic tradition is a body of metastories, stories about stories. Our great modern intellectuals—Spinoza, Marx, Durkheim, Simmel, Freud, Einstein, Kafka, Proust, Wittgenstein, and more—have blessed and cursed the world with more grand stories and metastories. (253)

Marcelo Birmajer formula de manera un poco más imprecisa la misma hipótesis en “Estado civil: Escritor. Entrevista con Marcelo Birmajer.”

11. La construcción de un Golem tiene un sentido muy claro en la historia de la Cábala: se llevaba adelante como conclusión del proceso de estudio del Sefer Yetzirah (Libro de Creación):

In none of the early sources is there any mention of any practical benefit to be derived from a Golem. In the opinion of the Mystics, the creation of the Golem had not a real, but symbolic meaning. Those who took part in the act of creation of the Golem took earth from virgin soil and made the Golem out of it and walked around the Golem as in a dance, combining the alphabetical letters and the secret name of God in accordance with detailed sets of instructions. As a result of this act combination, the Golem arose and lived, and when they walked in the opposite direction and said the same combination of letters backwards, the vitality of the Golem was nullified. (Scholem, “Golem” 754-755)

Evidentemente, la finalización de la formación cabalística era coronada con la creación de un “hombre” (un “homúnculo,” tal como es definido en las traducciones de la literatura rabínica), que acercara aún más al místico a Dios, ya que el Golem establecía una relación metonímica respeto de la creación del primer hombre, Adán, y del universo. La analogía entre la creación del Golem y la creación divina era muy rigurosa y precisa; por ejemplo, según otras corrientes cabalísticas de las que Scholem da cuenta en otro texto (La cábala y su simbolismo), el Golem cobraba vida cuando se escribía en su frente la palabra emet (verdad) “como el nombre que El pronunció sobre lo creado al concluir su obra” (Cábala 195).

12. La del Golem no es la única ni la más importante metáfora del proceso de construcción textual en Casa de geishas. Como lo destaca Rhonda Dahl Buchanan, el burdel sirve como metáfora del proceso creativo, como se puede ver en “El reclutamiento,” el texto que abre la primera sección del libro, “Casa de geishas” (Buchanan 182).

13. “Golem y Rabino I” también tematiza el tópico del doble, que en su articulación de doble sinestro resulta central en el cuento “Otro otro” de Los días de pesca (1981).