20 de Julio de 2018
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Colección: INTERAMER
Número: 69
Año: 2000
Autor: Ramón López y Juan Carlos Jordán, Editores
Título: Desarrollo Sostenible en América Latina: La Sinergía entre el Financiamento y las Políticas

Conclusiones y recomendaciones para las instituciones financieras internacionales

Debe asignarse un caudal mayor de financiamiento a la conservación de la biodiversidad por las siguientes razones:
  • La biodiversidad existente en América Latina y el Caribe figura entre las más importantes del mundo.
  • El financiamiento de la biodiversidad es complementario del proceso y las acciones estipuladas en el Plan de Acción para el Desarrollo Sostenible de las Américas adoptado por los Jefes de Estado y de Gobierno en la  Reunión Cumbre de Bolivia en 1996.
  • Prácticamente todos los países de la región son signatarios de la Convención sobre Biodiversidad.
Los siguientes cuatro puntos resumen nuestras conclusiones y recomendaciones para mejorar el financiamiento de la conservación de la biodiversidad:

CUADRO 2

a)
Financiamiento concesionario

Los beneficios primarios de la conservación de la biodiversidad tienen, por su naturaleza, alcance mundial. Desde el punto de vista de la equidad, esto significa que no sólo los habitantes de América Latina deben pagar por la conservación. Es por ello que se requiere que la comunidad internacional ponga a disposición  recursos concesionarios por la vía de fondos no reembolsables o créditos especiales. Las donaciones revisten una importancia vital, especialmente durante las etapas de diseño y puesta en marcha de los proyectos de conservación de la biodiversidad.

Si bien la mayor parte de los fondos internacionales no reembolsables proviene del FMAM, de la Unión Europea, de los programas de asistencia bilaterales y de ONGs, también se recurre a los préstamos, especialmente para financiar medidas de conservación y mitigación en el marco de programas de desarrollo más amplios financiados por bancos multilaterales.  Una posibilidad para facilitar el flujo de fondos no reembolsables sería programar el financiamiento del FMAM junto con los bancos regionales y subregionales de desarrollo de América Latina y el Caribe.

El uso más generalizado de mecanismos de garantía que atiendan específicamente las necesidades de las empresas basadas en la biodiversidad y se ofrezcan mediante programas apoyados por los gobiernos e instituciones multilaterales, puede mejorar el acceso al crédito y facilitar la formación de fondos de capital de riesgo para inversiones privadas en la región.

b) Fuentes diversas para financiamiento de la biodiversidad

A fin de reducir el riesgo, debe considerarse el uso de diversas fuentes para financiar la conservación de la biodiversidad. Las instituciones financieras internacionales podrían tratar de cumplir una función más activa como catalizadoras o facilitadoras. Por ejemplo, el BID ha emprendido un estudio para analizar cuál debe ser su acción futura en el ámbito de los fondos ambientales (BID, 1998). Por otra parte el Anexo 4 indica las fuentes potenciales de financiamiento público para el programa de medio ambiente de Colombia para el periodo 1998-2007.

En la región están en proceso de formación varios mecanismos, pero pueden ser ineficaces desde el punto de vista financiero (debido al costo elevado de la obtención de fondos y a otras razones) e insuficientes.  Por esta razón, deben mantenerse las fuentes tradicionales, por ejemplo la financiación mediante el presupuesto del gobierno, a fin de asegurar recursos con fines de conservación. Es posible obtener algunos fondos del gobierno mediante mecanismos de autofinanciación, como los cobros de entradas a las áreas protegidas, cargos a los usuarios, regalías, impuestos sobre los derechos de propiedad, diversos tipos de arriendo, licencias y fianzas. La securitización  es un mecanismo prometedor para hacer paquetes de inversiones benévolas para el medio ambiente y atraer financiamiento en el mercado internacional de capitales. 

En América Latina y el Caribe es cada vez más frecuente el uso de instrumentos basados en el mercado, como incentivos crediticios y tributarios, mecanismos de depósitos reembolsables y pago por permisos negociables. Los recursos generados a través de dichos instrumentos deberán ser considerados como fuentes potenciales de financiación autónoma, o de fondos de contrapartida para proyectos de biodiversidad que cuenten con respaldo externo.

c) El “verdeo” de las prácticas bancarias

Los organismos internacionales de financiamiento deben promover el “verdeo” de sus operaciones con los sectores público y privado mediante la adopción de una versión regional del Protocolo Verde del Brasil, a fin de incorporar firmemente las consideraciones relacionadas con la biodiversidad a sus operaciones regulares (BID, 1997; NC-IUCN y TransGlobal, 1998). Deben adoptar condiciones más favorables y garantías para préstamos que promoverán la sostenibilidad y el cumplimiento de los objetivos del CDB.

Posteriormente, se podría incorporar la conservación de la biodiversidad como un criterio importante de selección de proyectos por las instituciones bancarias públicas y privadas en toda la región. Las condiciones para los préstamos sectoriales financieros otorgados por los bancos internacionales pueden ser un vehículo apropiado en este sentido. Sin embargo, los bancos internacionales no deben imponer normas ambientales a sus intermediarios en forma indebida. Deben aplicarse esas normas de manera cuidadosa, a fin de que los bancos locales no se perjudiquen a sí mismos o a sus clientes con requisitos que acaso no puedan cumplir, provocando así que se disponga de menos y no de más financiamiento para la conservación de la biodiversidad.

Se requiere entrenamiento para los banqueros. Las instituciones financieras de América Latina deberían ser fortalecidas en áreas tales como: la preparación de manuales sobre inversiones de contenido “verde” para banqueros,  entrenamiento del personal de los bancos, y conferencias sobre negocios relacionados con la ecología dirigidas a empresarios  (Salazar 1998).

d) Formación de alianzas

Deben reforzarse las alianzas y asociaciones estratégicas entre diferentes interesados, como las ONG, las comunidades indígenas, el sector privado y la sociedad civil. Seminarios como el que organizó la OEA sobre “El desarrollo sostenible en América Latina y el Caribe: Políticas, programas y financiación” en octubre de 1998, en el cual se presentó este trabajo, pueden prestar ayuda en el proceso de cooperación para beneficio de los países de América Latina y el Caribe. El mejoramiento de la coordinación entre los organismos financieros en el ámbito de cada país, encabezado por los países beneficiarios, evitará la redundancia y facilitará la difusión de información y, si se realiza efectivamente, fomentará la complementariedad. Las alianzas son necesarias, asimismo, para ajustar los instrumentos existentes y elaborar otros nuevos, a tono con la dinámica de la región y las circunstancias concretas de cada país.