17 de Octubre de 2017
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INTERAMER
Número: 67
Año: 1999
Autor: Eloísa Trellez Solís y Gustavo Wilches Chaux
Título: Educación para un futuro sostenible en América Latina y el Caribe

Las bases para el cambio

La crisis ambiental, reconocida mundialmente desde hace casi 30 años, planteó las bases para un análisis crítico de los modelos de desarrollo actuales. El reconocimiento del hecho de que el crecimiento económico tiene límites marchó paralelo a la comprensión de las graves equivocaciones provenientes de la división del conocimiento en disciplinas aisladas. Académicos y ambientalistas han comenzado a llamar la atención sobre los problemas causados por la superespecialización y el aislamiento entre sí de las formas de conocimiento.

Como resultado están surgiendo enfoques interdisciplinarios basados en visiones integrales y holísticas: la teoría de sistemas, las teorías sobre la complejidad y el caos, la planificación prospectiva y la construcción de futuros alternativos innovadores, “de ruptura”, en vez de proyecciones de tendencias existentes.

Estas visiones hacen contribuciones importantes a la búsqueda de la autonomía y la democracia directa. Se subrayan los principios de soberanía, de participación y justicia con significados ecológicos y biológicos, al mismo tiempo que definen el concepto de derechos humanos en un contexto de evolución lógica. Así, los derechos humanos pueden ser expresados ahora en términos de tres “generaciones”, cada una surgiendo de la conceptualización anterior: la primera, referente al valor de la vida y de la libertad, con énfasis en los derechos civiles y políticos de los ciudadanos; la segunda, relacionada con el valor de la igualdad, en donde confluyen los derechos económicos, sociales y culturales; y la tercera, que agrupa los “nuevos derechos” o derechos construidos sobre el valor de la solidaridad, tales como el derecho al desarrollo, a la paz y a un ambiente sano.

Los puntos 1 y 3 de la “Declaración de Río sobre Ambiente y Desarrollo” fijan dos importantes principios en este sentido:
Principio 1: Los seres humanos constituyen el centro de las preocupaciones relacionadas con el desarrollo sostenible. Tienen derecho a una vida saludable y productiva, en armonía con la naturaleza.

Principio 3: El derecho al desarrollo debe ejercerse en forma tal que responda equitativamente a las necesidades de desarrollo y ambientales de las generaciones presentes y futuras.
A fin de promover la educación para el desarrollo sostenible, es necesario traducir efectivamente estos principios a nuestras realidades, tomando como eje la situación ambiental, es decir, la relación entre la naturaleza y la sociedad, e identificando las formas en que el modelo de desarrollo actual conduce tal relación hacia la insostenibilidad. Finalmente lo que se busca es llegar a propuestas de acción que conduzcan al cumplimiento efectivo de los derechos citados.

El pensamiento ambiental latinoamericano ha elaborado bases importantes para la comprensión de los agudos fenómenos de la insostenibilidad y sus repercusiones en términos de destrucción y de crisis. Por lo tanto es necesario fomentar una mayor profundización de este pensamiento y traducirlo a propuestas explícitas, que a su vez pueden servir como aportes centrales para el logro del desarrollo sostenible. El fomento al pensamiento regional para la acción ambiental debe provenir sin duda del campo educativo, el mejor de los escenarios para su formulación, en asociación con los demás sectores.

Abrir espacios reales y duraderos para el trabajo interdisciplinario e intersectorial, consolidar el proceso de construcción de nuevos saberes y avanzar en el desarrollo de los diálogos de saberes generará la evolución de condiciones óptimas para el análisis de nuestras propias realidades. Estas acciones son vías para traducir el creciente proceso de globalización en propuestas armoniosas de reconocimiento y fortalecimiento de lo local, en coordinación con los aspectos positivos de la integración global.

Es clara la convergencia de los principios y prácticas de la educación ambiental con aquellos propios de la educación para la paz, los derechos humanos y el desarrollo. La unión de estas dos aproximaciones abre un camino constructivo hacia la consolidación de procesos educativos diseñados para conducir a la sociedad hacia modelos de desarrollo sostenible, y reorienta el cambio socioeconómico para que éste no conduzca a la destrucción de los recursos naturales y a la miseria de la población.

Así pues, las bases de la acción para el cambio se encuentran en la resolución de la crisis ambiental suscitada por modelos irracionales de desarrollo, de las repercusiones de la crisis en nuestros países y en la calidad de la vida de nuestras poblaciones. Aún más importante, la acción para el cambio se logrará a través de la reorientación de la educación hacia la valoración y conocimiento de nuestras propias realidades, la apertura de espacios de verdadera participación y de reconocimiento e intercambio de saberes provenientes de las culturas ancestrales y de los procesos educativos tradicionales, de nuestra biodiversidad e identidad cultural.

Reto para el futuro
  • Fortalecer y ampliar el concepto y la práctica de la educación ambiental para el desarrollo sostenible a través de procesos participativos, de revalorización y reconocimiento de nuestras realidades y de un análisis del impacto de la crisis ambiental en la región.