21 de Octubre de 2017
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INTERAMER
Número: 67
Año: 1999
Autor: Eloísa Trellez Solís y Gustavo Wilches Chaux
Título: Educación para un futuro sostenible en América Latina y el Caribe

Otras formas de conocimiento, otras sensibilidades, otras racionalidades

La razón humana es, con seguridad, uno de los mayores logros conocidos de la evolución. El pensamiento “racional” y su principal instrumento, el método científico, le han otorgado a la humanidad no solamente una enorme cantidad de conocimientos, sino la capacidad para transformar el mundo de una manera sin antecedentes. Sin embargo, han sido tan deslumbrantes los alcances de esa forma de concebir la razón (y al mismo tiempo se ha estrechado tanto el ámbito de lo que aceptamos como “racional”), que hemos relegado y olvidado otras formas de conocimiento, otras capacidades y sensibilidades que ni son menos válidas ni menos humanas.

Una gran parte de la biodiversidad de nuestro continente está ligada a procesos milenarios de interacción y convivencia entre los grupos humanos y su entorno inmediato, como resultado de los cuales no solamente han surgido conocimientos puntuales y técnicas de adaptación a la dinámica del ambiente, sino que se han construido cosmovisiones holísticas, en cuyo contexto esos conocimientos y técnicas adquieren su significado e importancia. Estos “cuerpos de conocimiento” se han ido relegando y olvidando, no porque hayan perdido vigencia, sino por la dominación y la represión a las que han sido sometidos sus constructores. La lógica de estas visiones alternativas escapa a lo que convencionalmente se acepta, por parte de los que dominan, como “racional”, más concretamente “racionalidad de mercado”, y a los estrictos paradigmas que enmarcan el método científico “oficial”.

El documento sobre educación del PNUD20 afirma que:
antes que un conjunto de conclusiones, la ciencia es un método, una manera de aproximarse al mundo. Esta actitud necesita de cuidadosa y prolongada formación, a partir ya de las primeras letras. Entender que la naturaleza y el universo humano no están regidos por la magia ni tampoco por la fatalidad. Entender que, en principio al menos, todas las cosas son susceptibles de explicación racional. Entender que, a partir de esas leyes, los seres humanos podemos incidir, individual o colectivamente, sobre la naturaleza y sobre la historia. Una actitud científica que es a la vez profundamente humilde y profundamente liberadora se forma desde el hogar y desde la escuela básica.21
Aunque la cita anterior provee una amplia perspectiva de lo que es la ciencia, creemos que se debe ir más allá. No podremos entender la complejidad de los procesos que conforman a América Latina y el Caribe, ni los significados que el desarrollo sostenible tiene en esta región del planeta, si no somos capaces de integrar otras dimensiones del conocimiento, que han aportado durante cientos de años las claves para una existencia sostenible, a los modos de conocimiento predominante. No se trata de negar el valor de la razón ni tampoco la importancia del método científico, sino de reconocer y validar la existencia de otras racionalidades y de permitir que el método científico incorpore otros saberes, otras formas de aproximación a la realidad y de interacción creativa con ella, en lugar de calificar estas otras racionalidades automática y peyorativamente como míticas.

Las culturas que se han desarrollado en estrecho contacto con su entorno, hasta el punto de identificarse a sí mismas con la naturaleza que las rodea, nos enseñan que el diálogo de saberes no debe darse exclusivamente entre seres humanos. Este diálogo también debe darse entre nosotros y otras formas de vida que comparten con nosotros la existencia en el planeta. Este ejercicio, que ya se practica en diferentes lugares del mundo, enriquece, antes que debilita, los métodos científicos.

Retos para el futuro
  • Aprovechar al máximo las capacidades que poseemos los seres humanos para comunicarnos entre nosotros mismos y con el entorno.
  • Desarrollar esas sensibilidades que yacen en nosotros y que por razones culturales o económicas hemos dejado de lado y olvidado.
  • Adoptar una aproximación de género al conocimiento, revalorando así formas de conocimiento y de relación —como la intuición y la empatía —, las cuales, como resultado de una predominante visión machista y discriminatoria del mundo, se han considerado despectivamente como atributos femeninos y, consecuentemente, despreciables.